DERECHO AL “SIN ESFUERZO”.

“Somos de la misma materia que los sueños y el sueño envuelve nuestra breve vida” Shakespeare.

Según cuenta Plutarco, Alejandro Magno, el gran conquistador, buscó emocionado al gran filósofo Diógenes y, al encontrarlo, le preguntó si podía hacer algo por él. En vez de pedirle cualquier suntuoso regalo de este mundo o favor, Diógenes solo le dijo a Alejandro que se moviera de donde estaba porque le tapaba el sol.

Practiquemos el derecho a NO FORZAR, que como dice Any: “no es quedarse parado, sino fluir con la vida como fluyen las olas”.

Yo, hasta hace unos años, hacía todo lo contrario; siempre hacía lo máximo que podía.

La conclusión a la que hemos llegado a día de hoy es que cuanto más aprendemos, más crecemos y más caminamos, nos acercamos más a la CALMA, a los OBJETIVOS y a disfrutar de la VIDA. Las prisas no son buenas compañeras.

Como Mamá Especial, me he dado cuenta de que VIVIR ya es un trabajo lo suficientemente duro para Any, y que forzar en la vida diaria para “normalizar”y en su Rehabilitación para obtener rápido resultados , le hace sufrir, en vez de crecer.

La “No Acción” nos ayuda a acercarnos a la forma más adecuada de enfrentarnos a una situación, que es: no actuar, no forzar.

Pero no es lo mismo no actuar que no hacer nada.

Wu Wei significa “sin esfuerzo” y “crecimiento”; las plantas crecen por Wu Wei, es decir, no hacen esfuerzos para crecer, simplemente lo hacen.

Pues Any mejora por Wu Wei, sin esfuerzos, naturalmente, aunque con nuestra ayuda por supuesto. Cada vez que hemos intentado ir más allá en nuestras ansias por conseguir cosas rápidamente, nos hemos visto envueltos en un círculo vicioso de desgaste, retraso y daño físico inconsciente.

Hoy entendemos que los mejores resultados han venido siempre desde una forma natural de hacer las cosas, sin forzarlas, despacito y desde el rigor científico más actualizado.

Exigirnos como madres o exigirles como hijos más de lo que pueden dar, por seguir el ritmo de unos cánones sociales o unas ideas preestablecidas, nos lleva a nosotras y a ellos al agotamiento, lo que supone no lograr nuestros objetivos.

Cuando nos exigimos por encima de nuestras posibilidades, dedicamos a un asunto más energía de la que podemos entregarle en realidad y así nos vemos obligadas a quitársela a otras áreas de la vida.

A las Mamás Especiales parar nos genera frustración, sentimiento de culpa, juicio… Y nos coloca en el papel de víctima. Pensamos que la única forma de sentirnos bien con nosotras mismas es dándoles todo mientras sean pequeños nuestros hijos, sin pensar entonces en el futuro, ansiosas bajo el pensamiento tradicional de que un niño con problemas solo puede evolucionar en los primeros años de su vida. Groso error.

Mientras nosotras nos agotamos, ellos se agotan también. Paremos y reflexionemos sobre si nosotras podemos dar sin sobre-hacer y ellos recibir sin querer.

Calma, constancia e inteligencia podrían parecer un oxímoron si nos anclamos en la necesidad de ver resultados cuanto antes mejor, pero la sencillez es la clave de la elevación de la conciencia y el método para conseguir realmente los mejores resultados.

El no hacer todo, el no actuar en exceso, es el mejor acto; por eso, parar también puede llevarnos hacia la felicidad, hacia el bienestar, siempre que hablemos del “no hacer” como inacción, relajación, quietud, no-reacción, liviandad, recibir ayuda… Parar no es no hacer nada, sino hacerlo de una forma consciente, sin prisas, naturalmente.

Ante las virtudes de la pasividad hoy en día se opone el hábito social de estar haciendo muchas cosas diferentes todas las horas de todos los días, sin darnos cuenta de que más no significa siempre mejor. El éxito no consiste en hacer y hacer, sino en la inteligencia de ir progresando, alcanzando metas, superando barreras al ritmo adecuado mientras disfrutamos de la vida.

Parar no es fácil. El miedo al silencio, al espacio vacío. La idea de que aún no hemos hecho suficiente y el ideal de lo que tenemos que llegar a lograr…
Hacer infinitamente no nos deja vivir en paz. Dejamos de ser felices, de disfrutar del día a día, para simplemente hacer.

Vivimos en la ilusión de que tenemos que hallar algo que no tenemos, que lo que deseamos está en buscar incansablemente y hacer sin más. Que a través de algo externo, de algo que conseguiremos en el futuro gracias a los demás, nos podremos sentir bien. Y si no hacemos eso, si no probamos aquello, nos sentimos mal.

Tenemos que aprender a ser lo que somos, sin hacer lo que hacemos para demostrar a los demás nada. Ser libres en conocimientos para dejar que lo que deseamos nos lleve más lejos aún de la lógica.

Existen numerosos caminos para crecer y paradójicamente el más rápido consiste en NO HACER. Así, sin fuerza ni resistencia, dejaremos de hacer “lo mismo de siempre”, y disfrutaremos de la vida, del camino y sobre todo de aprender y poner en práctica una vida sencilla.

Any combina sus tareas con la relajación, la meditación y varios ejercicios terapéuticos pasivos, música relajante y mindfulness. Ese es su espacio de trabajo. Y los resultados son maravillosos. Desde fuera podría parecer que muchas veces no está haciendo nada, pero su cuerpo tiene una gran actividad continuamente. Está cultivando el ARTE DE VIVIR. En su caso y debido a sus patologías: EL ARTE DE VIVIR PARA SER FELIZ A PESAR DE LAS CIRCUNSTANCIAS DESDE LA RECUPERACIÓN SERENA A TRAVÉS DEL NO FORZAR.

Ella me ha enseñado que caminar es lo importante, aunque despacio, para que los positivos triunfen frente a los negativos y su cuerpo no colapse por el ritmo trepidante de simplemente hacer.

Any me ha parado, pero como Maestra que es, no solo buscando que esté a su lado en el camino correcto, sino para enseñarme que correr, tampoco me hace ningún bien a mi.

Cuidando de los que cuidan.

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CON AMOR DESDE LA SENCILLEZ

“Enséñame el arte de los pequeños pasos” El Principito.

Mantengamos el alma simple y la mirada humilde para disfrutar de la vida desde la felicidad con sencillez. 

Las cosas grandes ocurren cuando se hacen bien las pequeñas. Confiemos en lo sencillo y admiremos lo simple.

Pero es tan sencillo ser feliz como difícil ser simple para alcanzar esa felicidad… La felicidad simplemente nos hace apreciar esas pequeñas cosas de la vida. 

Nosotras hemos comprobado cientos de veces que solo las personas extraordinarias cuentan genuinamente con esta cualidad. Las reconocemos porque, lo que hacen, lo hacen con un comportamiento transparente y puro, siendo fieles a su esencia y sin esforzarse por mostrar algo diferente. 

SER sencillo va acompañado de un montón de virtudes: ser amable, cultivando la dignidad y reflejando su cualidad de gran persona en los demás; ser humilde y justo, comprendiendo cuáles son sus límites y tomando conciencia de lo que les queda por aprender; ser adaptables, aceptarse a ellos mismos y aceptarse a los demás, y así todo fluye; ser espontáneos, otra virtud que solamente tiene lugar en las personas equilibradas y saludables…

Aprendamos a disfrutar de las pequeñas cosas, agradeciéndolas y sin tener puestas expectativas o ambiciones en algo demasiado elevado, simplemente en mantener la felicidad. Expresémonos con naturalidad sin pensar en demostrar nada ni en crear falsas apariencias. Hablemos claro y elocuentemente, vivamos sin adornos innecesarios, sin pretensiones elitistas o marcas de clase social intencionadas. Seamos sencillos.

La sencillez en el pensamiento es lo que llamamos actuar desde el “sentido común” y ver la realidad sin tratar de ponerle muchos adornos ni complicarla innecesariamente. Mostrar lo que somos y hacer el camino de la vida solo con el equipaje necesario, en calma y haciendo uso de la intuición.

Expresemos lo que pensamos de forma directa y simple. La sencillez mental facilita la comprensión de otros puntos de vista. Reduce o termina con esa necesidad de poseer la verdad, de imponérsela a los demás o de lograr que todos piensen de la misma manera. Las mentes sencillas aceptan que hay muchos puntos de vista y aprenden a trasformar el problema en crecimiento personal, lo cual no quiere decir conformismo.

La sencillez también está presente en la forma en la cual nos relacionamos con los demás. Empecemos por ser respetuosos con nosotros mismos. Aceptémonos y aceptemos a los demás. Quien actúa con sencillez no cambia su personalidad, ni su forma de tratar a los demás dependiendo de quién tenga de frente, le da el mismo valor a los poderosos y a las personas humildes.

La sencillez es una virtud maravillosa, mágica. Es sinónimo de verdad y naturalidad y va asociado a la humildad, la nobleza y la madurez. Nos lleva a valorar los triunfos propios y de los demás. A sentirnos felices con los logros y compartir de corazón las tristezas. Los demás son iguales, aunque diferentes y por eso hay un sentimiento de solidaridad. Todos estamos unidos por un lazo común: la humanidad.

SER sencillo no se trata solo de mostrarnos sin adornos, sino de vivir sin mentiras y actuar sin más complicaciones de las necesarias. La gente auténtica se une entre sí y descubre más allá de la realidad un mundo de cariño y honestidad con el que solventar cualquier situación que parezca complicada.

El poder de lo simple se siente mirando al otro a los ojos, en un abrazo, un agradecimiento, un perdón; en las emociones, en las palabras y en la inteligencia; en la belleza de la sencillez de los actos…

Para encontrar sencillez hay que cerrar los ojos y abrir el corazón.

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LA EXPERIENCIA DEL SER CUIDADO

Lo que yo quiero expresar en este escrito es la importancia que tiene salir de la coraza, quitarse la máscara y aceptar que los otros nos vean tal y como somos: seres humanos imperfectamente perfectos.

Hay personas que, por endurecimiento de su carácter o por experiencias de la vida, no se dejan cuidar. Estas personas consideran que pueden hacerlo todo solas, que no necesitan a nadie y que son su propio hombro sobre el que llorar, si es que necesitan alguno, lo cual no quieren admitir.

A esas personas, en caso de que no hayan hecho un gran trabajo de autoconocimiento y crecimiento personal, les cuesta permitirse ser cuidadas. Por eso nunca serán cuidadoras conscientes, porque creen que nos tienen que cuidar a los demás sin cuidarse ellas. Y todos somos a diario cuidados y cuidadores.

La relación que hay entre la persona cuidada y su cuidador debe ser una relación consciente, desde la fragilidad de una de las partes, dependiendo del día. Fragilidad física, pero también, en algunos casos, psicológica, emocional y a veces espiritual.

Pero el término frágil ha acabado teniendo unas connotaciones muy negativas, que le han dado esas personas que no se quieren dejar cuidar.

La fragilidad simplemente es una situación positiva. Para mi significa apertura, mostrar en verdad quién eres, sin tener que protegerte con falsas identidades para que no te hagan daño. Significa abrir el corazón. De la fragilidad nacen siempre siempre las mejores creaciones y una de ellas, maravillosa, es la relación entre un cuidador y la persona cuidada.

Cuando el ser cuidado abre su corazón con fragilidad, es posible que el cuidador, por reflejo y por espejo, abra su corazón también para responder al amor, que emana de la sencillez que resulta cuando nos salimos del personaje. Por eso sé que existe también el sentido contrario en el viaje.

Si ambos lados de la moneda, el cuidado y el cuidador, abren su corazón al mismo tiempo y se muestran tal y como son, también con momentos frágiles, ahí es donde sucede la auténtica magia.

En los momentos difíciles es cuando se puede ver si ambos nos permitimos ser quienes somos, nosotros mismos.

La sinceridad también es importante en una relación de cuidador y cuidado. La persona cuidada, cuando comunica de una forma u otra cuántas atenciones necesita y de qué clase, en qué tiempos y con qué estado de ánimo, está siendo sincera. La persona que cuida, cuando ama al ser cuidado y expresa con caricias, con abrazos, con atenciones o con palabras cuanto tiene para darle, está siendo sincera.

En caso de que uno de los dos no lo logre comprender desde el corazón y solo lo haga desde la mente, algo no está siendo sincero.

Una persona, cuando es cuidada de un modo positivo, pleno y desde el absoluto amor, siente ese amor y esas atenciones muy hondo dentro de su alma; y las multiplica, enviándole al cuidador muchísimo más amor en respuesta.

Los seres humanos nunca olvidamos a las personas que nos cuidaron sinceramente, no porque necesitasen demostrar que eran buenas personas o que sintiesen lástima de nosotros, sino porque nos respetaban y admiraban como otra persona tan válida como lo son ellos. Nunca las olvidamos porque eso ha marcado nuestras vidas, quienes somos.

Sentirse cuidado desde el absoluto amor es una experiencia transformadora porque se vuelve algo muy personal.

Para mí la experiencia de ser cuidada se basa en ser comprendida y en ser aceptada. Se basa en que el cuidador comprenda en un nivel profundo aquello que estamos pasando, lo que estamos sintiendo, pensando y lo que necesitamos. Y en la aceptación de entender que nuestras circunstancias son nuestras, pero no somos así por ellas, y que somos un ser humano lleno de amor que también tiene defectos, aparte de la naturaleza de su condición, y virtudes debido a ello.

Ser cuidado es ser amado y es amar, es ser comprendido y es comprender, es ser aceptado y es aceptar.

Cuidar y ser cuidado es vivir.

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SER CUIDADORA CUIDADA

Los cuidados son mutuos entre los seres humanos.

Todos necesitamos cuidar y que nos cuiden. Por eso tenemos que ser conscientes de que cuando elegimos SER para cuidar, al mismo tiempo tenemos que SER para recibir cuidados: cuidarnos a nosotras mismas y dejar que nos cuiden. Seamos conscientes de que todos nacemos con necesidades de cuidado y todos somos capaces de cuidar.

Un buen día nuestras vidas tomaron un rumbo totalmente diferente cuando, de repente, nos hemos convertido sin esperarlo en cuidadoras a jornada completa: 24 horas, 365 días al año. Nuestras circunstancias vitales han dado un giro inesperado de un día para otro, sin manual de instrucciones y en compañía de nuestro SER amado. Reflexionemos. Ninguno de nosotros estamos libres de estar en uno u otro lado. Por eso TODOS debemos apoyar las necesidades vitales de las CUIDADORAS.

Cuidamos desde el amor infinito, aunque muchas veces, cuando se dan circunstancias especiales, nos alejamos, sin querer, de ese cuidado consciente y natural, y nos vemos sumergidas en el sufrimiento, al compartir con quien cuidamos situaciones difíciles. Por eso debemos a ser cuidadas al mismo tiempo que los cuidamos.

Las cuidadoras ayudamos y colaboramos más allá de lo físico. Damos el apoyo necesario para que el ser cuidado sea sí mismo, en su propia especificidad y singularidad, manteniendo su integridad independiente de su condición. De ahí la importancia de cuidar desde la esencia. Pero no nos olvidemos nunca de nosotras mismas.

No dejarnos cuidar y poner las necesidades de los demás siempre por delante de las nuestras es uno de los mayores problemas en estas circunstancias.

Cuando amamos, cuidamos, y cuando cuidamos, amamos. El cuidado forma parte del ethos, el modo de SER esencial del ser humano. Por eso el ethos que ama se completa con el ethos que cuida.

El proceso de cuidado no solo es el estar con, sino también el SER con, desde el respeto, la consideración, la gentileza, la atención, el amor, la solidaridad, la compasión… entre dos personas y mutuamente.

SER cuidada y SER cuidadora supone una relación íntima, amorosa y generosa entre dos seres.

Queremos unirnos durante toda esta semana a la celebración dedicada al cuidado y a las cuidadoras.

Any me cuida y yo la cuido a ella, y caminamos juntas. Y si necesitamos que nos ayuden lo pedimos y si nos quieren ayudar desde el amor, bienvenida sea la ayuda.

Gracias Papá por SER y ESTAR para cuidarnos a las dos.

Y gracias infinitas a todos los que nos ayudáis día a día.

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HACER CRECER LA SEMILLA

“Si quieres ir rápido, ve solo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado”. Proverbio africano.

Si trabajamos en ello, a través de varias técnicas, podemos llegar a sentir una gran paz interior.

Pero normalmente las personas vamos por la vida tapando agujeros por nuestra insatisfacción vital.

Llegar a experimentar la paz interior es una tarea íntima diaria. Muchos rezamos o meditamos o escuchamos música o hacemos yoga o deporte…Cada cual busca su forma de conectar con la tranquilidad, el amor y la felicidad que vive dentro de nosotros.

Pero lo más complicado no es llegar a esa calma interior en un momento concreto con una técnica concreta, lo difícil es extrapolar esa plenitud a la vida diaria. Expandirla, vivirla y no limitarla a ciertos momentos.

Unirse es uno de los truco para crecer y sacar esa paz al exterior. De ahí la importancia de la pertenencia al grupo.

Busquemos la paz; el sosiego, la quietud interior están en nuestro interior y podemos acercarnos a ellas, pero si no sabemos cómo sacarlas al exterior, apoyémonos en los demás. Nunca estamos solos. Hay grandes Maestros que han pasado por lo mismo que nosotros los cuales, de forma generosa, han compartido sus experiencias y recursos para que todos nos beneficiemos de su maestría.

Todos tenemos una esencia maravillosa, todos somos Maestros, aunque a veces la vida, con sus circunstancias, nos hace alejarnos de la quietud interna. Abrazar, contemplar un amanecer, meditar, escuchar música nos ayuda a acercarnos a la paz.

Pero llevarlo al exterior no es tan fácil.

Cuando dejamos de meditar, rezar… lo que sea que utilicemos de herramienta para estar en paz, si no sabemos gestionarla y continuar en ese estado, volvemos a la profunda insatisfacción, al sufrimiento, el exceso de responsabilidad, etc., de la vida exterior.

Pensemos. Si sabemos que existe la paz interior, porque la hemos experimentado con estas herramientas, tenemos que hacerla crecer, no solamente dentro de nosotras mismas, sino cuando vivimos, en el exterior. No todos podemos ser yoguis. Tenemos una vida, unas relaciones, unas actividades donde no podemos permanecer ajenos y encerrados en la comodidad de nuestro silencio, en el interior. Hay que vivir con todo el entorno, afrontar lo que nos rodea.

Sufrimos porque, entre otras cosas, los humanos somos los únicos seres vivos que vivimos conscientes de nuestra muerte, y los únicos que pensamos de una forma incontrolada, y que convivimos con el ego, etc. Sufrimos porque está en la naturaleza social del ser humano y aún no hemos cambiado en conjunto para que nuestra realidad colectiva sea la paz y la falta de miedo.

Observemos la Naturaleza. Ella es la gran Maestra.

Para poder ampliar nuestro estado positivo, primero tenemos que hacer el viaje hacia dentro, personalmente, para auto-conocernos, y después hacia fuera. Una vez estemos bien con nosotros mismos, en nuestros pequeños momentos de paz, debemos sacarlo a nuestra vida en común, a nuestra convivencia, no desde el ego de quien da lecciones a los demás, sino desde la generosidad de compartir nuestros miedos, nuestras intimidades, nuestras experiencias… para que los demás sepan que no están solos, que todos somos uno y pasamos por lo mismo.

Desde la paz interior, compartamos y saquemos al exterior nuestra alma. Dejemos ese legado.

Todos tenemos experiencias individuales que pueden hacer reflexionar a los demás, forma parte de nuestro crecimiento compartir los errores al igual que las alegrías, para que podamos ayudarnos todos mutuamente en el viaje.

Estemos solos por decisión propia. Pero no es fácil llegar al autocontrol por uno mismo y a tener una vida interior plena en esta sociedad occidental. Así que en el camino, que es nuestro gran objetivo, caminar, ayudémonos entre todos.

Primero perteneceremos a un desordenado grupo de individuos y observaremos en silencio. Después a una unidad organizada pequeña y aplaudiremos a los demás. Luego a un grupo grande donde ya nos sentimos cómodos para intervenir. Y en cada momento aprenderemos y enseñaremos cosas nuevas. Y si somos capaces de hacerlo por nosotros mismos, todos nos ayudarán a caminar desde un primer momento, cuando amamos y nos aman en respuesta.

De acuerdo con nuestra realidad, perteneceremos a uno, a otro o a muchos grupos; pero la mejor ayuda es darnos cuenta de que ayudar es pertenecer, desde la generosidad, para después dejar de pertenecer y seguir nuestro camino.

Ese es el gran secreto: la pertenencia. A partir de ahí, seremos capaces de caminar por nosotros mismos, convirtiéndonos en nuestros propios maestros, nuestros propios aprendices, nuestros propios terapeutas, nuestros propios… siempre desde nuestra paz interior y nuestro puro amor.

Hagámonos responsables de pedir la ayuda que necesitamos.

Nosotras siempre pedimos ayuda, no a cualquiera, sino al que realmente da desde el corazón, porque es nuestro maestro, no por la dádiva, sino porque nos está enseñando a dar sin pedir nada a cambio, solo por el placer de dar sabiendo que el otro está preparado para recibir, sabiendo que está dando a quien va a compartir, sabiendo que todos somos uno. Necesitamos muchas cosas, y a veces las cosas materiales son las que menos necesitamos. Pensemos en todo lo que nos han dado nuestros grandes Maestros: nuestros hijos, nuestros padres, nuestras parejas…

Creemos sinergias y descubramos juntos nuestro dharma común.

Gracias a todas las Mamás Especiales y a todos los que de alguna manera nos ayudan en el camino. Abrazo de OSO AMOROSO EN GRUPO💗💗💗

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#pertenencia

TRABAJEMOS CONSCIENTES DE QUE TODOS TENEMOS UN SUPERCEREBRO.

“Nuestras limitaciones no sólo posibilitan los primeros aprendizajes vitales, sino que también permiten ocasionales rupturas creativas” H. Gardner.

Ya Howard Gardner, para explicarnos su incuestionable Teoría de las Inteligencias Múltiples, nos habla de la supercapacidad que tiene el cerebro de cualquier ser humano.

Nuestros hijos con parálisis cerebral también.

Cuando se produce una lesión cerebral todo el cuerpo se ve afectado. Y aunque exista una lesión específica minúscula en el cerebro (hay gente que vive en plenas facultades con la mitad de su masa cerebral), el colapso general es tal que la repercusión a todos los niveles es enorme.

Simplemente tenemos que ser conscientes de que ha habido problemas generalizados en un momento concreto del desarrollo (por falta de oxígeno, por un virus, etc.) y que el cuerpo ha tenido que situarse en modo supervivencia para poder mantener la vida (función cerebral, oxigenación, etc). El resto no importaba en ese momento. Nuestros hijos están vivos gracias al modo supervivencia de su “supercerebro”.

Cuando ha pasado el peligro, ya nada es como antes, algunas partes han desaparecido del mapa corporal debido al colapso general. Las conexiones entre las partes fallan y la información no puede llegar de la misma forma a los mismos sitios. Así que ahora, para realizar tareas simples, en ocasiones entran en acción partes que han sido menos afectadas aunque esa no sea su función, ya que hay otras que están totalmente desconectadas hasta que mecánicamente las reintegremos de nuevo en el mapa corporal.

Para nosotras el diagnóstico no ha sido nunca una barrera, por eso trabajamos duro día a día. Porque sabemos que aunque la lesión sea permanente, los efectos secundarios pueden minimizarse para ser felices a pesar de las circunstancias.

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CENTRADAS EN NOSOTRAS MISMAS

Siempre nos entregamos a lo que hacemos.

Aunque a veces nos damos cuenta de que estamos empezando a estar pendientes de demasiadas cosas secundarias. Así que cuando nos dispersamos, reflexionamos y volvemos hacia nuestro interior.

Es necesario para nosotras volver a las rutinas silenciosas, pacíficas y pausadas. Y la mejor manera es entregándonos totalmente para no perder el foco. Esto nos facilita la concentración y nos da mejores resultados.

Estar haciendo varias cosas a la vez confunde a nuestra mente.

Así que entramos en modo foco.

Con ello logramos ahorrar un tiempo muy valioso para nosotras mismas y conseguimos resultados mejores.

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EL AMOR VENCE A TODO

El amor es siempre la respuesta.

Todas las preguntas que nos hacemos, tienen su raíz en la base de todo: el AMOR.

Cualquier duda que tengamos puede ser respondida si la enfocamos desde el amor.

Cuando no sabemos que hacer, lo que nos aclara las dudas de un modo más eficaz es la respuesta a la cuestión “¿Qué haría desde el amor en esta situación?

Esa es la pregunta que todo el Mundo debería hacerse en cada cruce de caminos de sus vidas.

Cuando nos relajamos, dejamos la mente en blanco y nos trasladamos a ese lugar en el centro de nosotros mismos, donde no existe el temor, donde el espacio que hay es seguro, donde algo más grande que nosotros mismos nos guía, y soltamos la necesidad de controlarlo todo, suceden los milagros y la sincronicidad puede darse.

Michelle Nielsen, en su libro “Creando a Matisse”, cuenta que, cuando necesita una señal de que el Universo está gestionando su petición y de que algo con más fuerza basado en el amor está operando a través de ella, le pide a la vida que le envíe de algún modo una barra de labios. Esto funciona para ella como un recordatorio poderoso.

A veces cuando tengamos temor, fustigándonos dentro de nuestros corazones, esta puede ser una herramienta muy eficaz para entender que todo ocurre como debe ser y que vamos por el camino correcto (aunque en ocasiones no lo parezca).

Cada uno, si quiere, puede variar el símbolo. Puede ser desde un mensaje en una red social de una persona determinada hasta que entre un rayo espléndido de sol por la ventana en un día nublado.

Hoy un pájaro entró en nuestra terraza.

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DÍA DE MUERTOS

4 Abuelos, 8 Bisabuelos, 16 Tatarabuelos, 32 , 64 , 128 , 256 , 512 , 1,024 , 2,048 Tatarabuelos de distintas generaciones y para las 11 últimas generaciones fueron necesarios 4,094 Ancestros.

Todo esto en aproximadamente 300 años antes de que naciéramos.

Detengámonos un momento y pensemos…

Cuánto de su fuerza para sobrevivir tenemos dentro de nosotros para que hoy estemos aquí, vivos.

Solo existimos gracias a todo lo que cada uno de ellos pasó.

Es nuestro deber honrar a nuestros antepasados.

GRATITUD Y AMOR a todos nuestros ancestros, porque sin ellos cada uno de nosotros no tendríamos la felicidad de conocer este Mundo y la oportunidad de vivir el propósito con el que hemos venido a esta vida. GRACIAS FAMILIA.

Nuestra primera ofrenda para vosotros, nuestros antepasados, porque aunque estemos lejos de vuestra tierra, os recordamos.

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