EL NUEVO PARADIGMA: LA BIOMECÁNICA APLICADA.

 

Desde la perspectiva de las distintas lesiones, la diferencia más importante entre los sistemas neuromuscular y miofascial a nivel mecánico es la forma en que se re-equilibran.

Nuestro cuerpo interactúa con el entorno externo a través de impactos mecánicos que tienen una variabilidad significativa en términos de intensidad, direcciones, velocidades angulares y aceleraciones. Esto crea cargas mecánicas desiguales y desequilibradas en los diversos elementos de nuestro sistema músculo-esquelético.

La homeostasis biomecánica caracteriza la capacidad de nuestros cuerpos para distribuir las perturbaciones mecánicas irregulares y variables en una remodelación equilibrada de nuestro sistema músculo-esquelético a través del tiempo.

Aquí es donde encontramos la mayor diferencia entre los sistemas neuromuscular y miofascial.

Nuestro sistema neuromuscular es intrínsecamente inestable y tiene una tendencia mecánicamente incorporada a la aparición, persistencia y agravación de los desequilibrios. Esto se deriva de su naturaleza mecánicamente competitiva de los músculos opuestos tirando sobre articulaciones pivotantes. Por lo tanto, este sistema es críticamente dependiente de la coordinación neuromuscular proporcionada por el controlador externo, el sistema nervioso central. Si tal coordinación neurológica es interrumpida por una lesión, el sistema neuromuscular inevitablemente se pone en modo acumulación de desequilibrios deteriorados.

Por otro lado, nuestra red cooperativa de tensiones miofasciales tiene una arquitectura continua y radialmente colocada sobre sí misma y, por lo tanto, tiene una tendencia incorporada a redistribuir e integrar cualquier desequilibrio y perturbación local dentro del contexto global. Cuenta con un controlador interno incorporado de “pequeñas redes mundiales” unidas mecánicamente, donde este sistema tensado se ajusta automáticamente a un estado globalmente equilibrado.

 

La ciencia de la “fascia”

Los hallazgos recientes sobre la arquitectura, la composición y la remodelación del tejido conectivo -que surgió en los últimos 10-15 años y se conocieron colectivamente como la “ciencia de la fascia “- proporcionan una perspectiva mucho más amplia de cómo funciona el sistema musculo-esquelético humano y se desarrolla en comparación con la visión neuromuscular restringida que dominó la fisiología de los movimientos durante todo el siglo XX.

Estos resultados más amplios de “fascia” abren una ventana para una nueva comprensión de qué diferencias existen en la forma en que las funciones posturales y de movimiento se desarrollan. Esto, a su vez, configura nuevas oportunidades, mostrando nuevas vías potenciales para la rehabilitación efectiva que va más allá de la mera adaptación.

La “ciencia de la fascia” moderna señala que nuestro tejido conectivo se manifiesta en muchas formas diferentes, creando la arquitectura básica de todos los elementos clave de nuestro sistema músculo-esquelético: huesos, músculos, grasa, tendones, ligamentos, cápsulas articulares, etc.

Aún más importante es la novedad de que las unidades de tejido conectivo no son entidades separadas, sino que todas se integran en una red continua y tensada en todo el cuerpo a todas las escalas -desde celular a orgánico- que tiene un modo directo de comunicación mecánica llamada las “pequeñas redes mundiales”.

Esta red también es capaz dar su propia respuesta directa “en línea” a los estímulos mecánicos a través de su propia remodelación que llega hasta el nivel de expresión genética modificada.