CRECEN TAN RÁPIDO

Any ya hace un par de años que ha alcanzado la adolescencia. Ha sido un periodo que hemos vivido con total naturalidad a pesar de su condición.

A todos los padres nos preocupa esta etapa por temas relacionados con el despertar de la sexualidad,

la acción que las hormonas ejercen sobre el cuerpo, la conducta, etc.

Pero, como Mamá Especial, no me había dado cuenta del hándicap que este periodo podría suponer para mi hija.

Durante la adolescencia, sabemos que el cerebro y el cuerpo experimentan importantísimos cambios en su estructura y organización que hacen que tanto las funciones motrices como la conducta y las emociones varíen en un grado significativo.

La hormona de crecimiento provoca el famoso “estirón” y las hormonas sexuales los cambios físicos que convierten a los niños en adultos.

Estos cambios tienen particularidades específicas cuando existen de fondo problemas en el desarrollo.

Cuando era pequeña, Any tenía controles médicos frecuentes por la Enfermedad “Rara” que le diagnosticaron a los trece meses, y además por su PC. Cuando son pequeños el Sistema parece ocuparse más de sus necesidades. En una de estas revisiones, sobre los ocho años de edad, nos comunicaron que estaba empezando a desarrollar botón mamario, a tener bello púbico y otros síntomas que anunciaban una precocidad en su pubertad. Eran cosas que habíamos observado en casa, pero a las cuales no dábamos especial importancia por desconocimiento. Realmente sí es muy importante, como aprendimos más tarde, pero el Sistema Médico Alopático, como muchas veces, no tenía ninguna solución, solo nombres.

Esta fue una de las causas que nos llevó en ese momento a la Alimentación Ecológica.

La ciencia sí tenía alternativas para cambiar de camino. Fuera disruptores endocrinos, fuera agrotóxicos, etc. Teníamos que intentar regular varios temas: prediabetes, pubertad con ocho años, degeneraciones asociadas a los diagnósticos, etc.

Tomamos las riendas de nuestra Salud y trabajamos muy duro durante el resto de la infancia de Any consiguiendo mejorar entre otras muchas cosas: el control postural, las digestiones, el sueño, la espasticidad muscular… gracias a ABR y a retirar la mayor parte de los tóxicos que nos rodeaban, desde una conciencia ecológica.

A día de hoy podemos decir que todo ese trabajo dio sus frutos. Any entró en la adolescencia a una edad adecuada y sin ningún problema debido al estirón o a los cambios hormonales. Realmente estábamos tan centrados en trabajar por la Salud que no tuvimos tiempo para preocuparnos más por la enfermedad o por la opinión de los “expertos” que no nos podían ayudar.

Fue Leonid Blyum el que, en su evaluación ABR, tras el desarrollo de Any y su menarquía, nos regaló un WOW de los suyos acentuando su felicidad por ver como, ese momento tan delicado para otros niños con sus mismos diagnósticos y características, Any lo había afrontado no solo no cediendo en sus debilidades, sino aprovechando ese crecimiento para fortalecer sus estructuras.

¡WOW! fue lo que dije yo en ese momento en el que me di cuenta del valor de todo el trabajo acumulado durante años ya no solo por el avance funcional diario, que es lo que nos parecía más importante en aquel momento, sino por el posible sufrimiento de Any que habíamos evitado. Y no pude más que emocionarme.

Todas las horas de ABR, todo el esfuerzo familiar y personal que habíamos dirigido a conseguir una mejor movilidad y autonomía, a evitar complicaciones como contracturas y posturas dolorosas, había dado sus frutos en forma y fondo, lo cual pudimos comprobar una vez más en ese momento tan crítico.

Y Any se desarrollo de una forma totalmente natural.

Pensándolo ahora, ese crecimiento rápido que aparece también en la adolescencia de nuestros niños “especiales”, y que altera de pronto el equilibrio logrado con tanto esfuerzo, que normalmente trae asociadas complicaciones osteo-articulares que pueden llevar a muchos jóvenes a la intervención quirúrgica, nos habría complicado mucho las cosas.

Por eso, ahora sabemos ciertamente que, mientras los niños con problemas motrices estén en crecimiento, necesitan toda la ayuda que les podamos dar, no solo para adquirir funcionalidad, sino para preparar su cuerpo para el cambio brutal de la adolescencia.

De ahí viene esta entrada en nuestro Blog. Para contaros que al final ni nos enteramos. Hemos pasado esta etapa de una forma totalmente natural, de lo cual no hemos sido conscientes realmente hasta ahora.

Para mí, como madre, pero sobre todo para Any, es importante compartir esta parte de nuestra vida con las familias que tengan niños pequeños con problemas que les afecten al desarrollo.

El mensaje es claro: hay que anticiparse en la medida de lo posible a la aparición de estas complicaciones para minimizar su impacto negativo.

Si estos cambios de la adolescencia causan a menudo confusión en los niños sin dificultades, en aquellos con capacidades diferentes es aún más fácil que puedan aparecer problemas físicos, emocionales, comportamentales…

Busquemos el máximo desarrollo, no solo funcional, sino a nivel interno, trabajando desde pequeños de una forma constante y seria, para así alcanzar la vida adulta en unas condiciones óptimas dentro de las características de cada uno.

Para nosotras, ABR y la Alimentación Consciente han sido los dos pilares que nos han llevado, tras 10 años de trabajo, a que Any tenga una vida feliz a pesar de las circunstancias.

Y por supuesto que seguimos con nuestro estilo salutogénico de vida que incluye el trabajo físico diario. Porque con ABR los logros se consiguen independientemente de la edad, y nos encanta poder ayudar a Any a diario desde la comodidad de nuestro hogar, para que tenga calidad de vida y mejoras continuas.

Any y yo hemos decidido compartir esta experiencia, quizás más íntima, para intentar ayudar a que muchas Familias Especiales levanten la cabeza y reflexionen sobre la larga esperanza de vida que tienen nuestros hijos.

A día de hoy, los padres tenemos que ser conscientes de que la mayor parte de nuestros niños “especiales” llegan a la vida adulta, y de la importancia que tiene el trabajo que realizamos durante la infancia. Como mi hija, aumentarán en tamaño y en peso, y serán menos manejables simplemente por ser adultos, así que ganémosles tiempo a los problemas asociados a la pubertad, trabajando adecuada y constantemente la condición interna de nuestros hijos, y sean bienvenidas, por supuesto, todas las mejoras visibles y funcionales.

Una buena base creada durante años hará que la “casa” aguante las fuertes tormentas del camino.

Esta es nuestra experiencia y la compartimos desde nuestro amor infinito para todas las Familias Especiales.

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