EL CABELLO, MI PERSPECTIVA por Any Pascual

Si vamos a hablar de “pelos”, me veo obligada a intervenir.

Mi cabello es una parte de mí, y también más que eso. Para mí, el cabello transmite cosas que mucha gente no es capaz de comprender. Si el mundo entero supiera la importancia real que tiene nuestro cabello, y cuánto refleja de lo que somos nosotros mismos (y de cómo nos comportamos, intrapersonal e interpersonalmente hablando), nuestra conciencia a este respecto cambiaría.

La forma en la que llevamos el cabello importa. No solo para dar una imagen en concreto al mundo exterior (que en nuestra cultura occidental tiene unas implicaciones muy distintas a las que se recogen en las tradiciones y el folklore de otras, como la de los indios americanos), sino como una herramienta para potenciar ciertas cualidades en nuestro interior.

Por ejemplo: la raya al medio de la cabeza se vinculaba con un pensamiento alineado; el cabello suelto se asociaba con la seguridad; el cabello recogido, en cambio, simbolizaba la convicción; el peinado en forma de trenza la unidad del pensamiento con el corazón…

Yo, personalmente, considero que la trenza expresa un entrelazamiento de tres fuerzas diferentes para formar una unidad. Significa, para mí, la unión, relación, convivencia y proporción de energías, como pueden ser el instinto, el sentimiento y el pensamiento, los tres Gunas (Tamas, Rajas y Sattva), el inconsciente, el consciente y la conciencia, o las tres diosas griegas que para mí más significan: Atenea, la sabia, estratega y artesana; Afrodita, la diosa del amor en todas sus formas, de la belleza, del estilo y la elegancia, de la capacidad para fascinar y el poder que tienen las manifestaciones artísticas y las palabras, y, también, de la alquimia; y Hécate (que en realidad es una titánide, pero se le da el mismo tratamiento que a una diosa), la que rige la magia, las encrucijadas (mentales, físicas, emocionales, energéticas, álmicas y espirituales) y todo lo relacionado con ellas y los cambios que traen asociadas, el mundo de los espíritus en general, la capacidad de ver más allá de los espejismos y los artificios (no necesariamente creados con esa intención ya que el ego es mecanismo que nos ayuda a sobrevivir, es un espejismo y un artificio, y mayormente no somos conscientes de ello), la fase nueva de la luna y muchas más cosas. Esas tres diosas, para mí, están vinculadas en una trenza, una vez te haces consciente de su existencia. Desde luego, lo están en la mía. En la religión cristiana serían el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Aunque como ser, yo soy Amor.Eso, con respecto a mi trenza principal.

Tengo también dos trenzas finas, que empezaron a crecer mucho antes de que sintiese que el cabello largo en toda la cabeza era algo importante (y, por ende, liberase mi fuerza como mujer y le permitiese alcanzar el largo, la forma, el peinado, la abundancia y el espesor que deseaba con toda mi alma), las cuales nombré como Nicole y Colette en un momento del cual me acuerdo perfectamente (a pesar de que han pasado ya más de siete años, tal vez ocho), y un flequillo.Nicole es bastante parecida a aquel mechón que a los hombres con el cabello largo en las culturas con esa tradición ancestral se les dejaba crecer en la sien derecha si eran capaces de capturar a un enemigo en la adolescencia. Colette se encuentra en el centro exacto de mi Sahasrara personal, mi chakra corona. Esto tiene un significado que hasta hace tres años más o menos no llegó a mi mente consciente: como yo desde siempre he tenido más energía en Sahasrara que en mis tres primeros chakras (aunque ahora tenga más energía en Anja, el chakra del entrecejo o tercer ojo), y mis chakras cuarto y quinto necesitaban esa energía para funcionar bien, Colette era necesaria como una vía para bajar esa energía a esos planos más densos, por medio de una trenza debido a su significado de unidad. Y sigue haciendo esa función, tras tantos años.

Para mí llevar un flequillo equivale a bajar la energía de Sahasrara a Anja, concretándola lo suficiente como para poder ver e imaginar el pensamiento, y a tener siempre contigo un atrapa-sueños al contrario, que impide que entren en tu sexto chakra (al menos, directamente) energías negativas, puesto que se quedan bloqueadas en el flequillo, al igual que ocurre con las energías negativas de poca intensidad en el resto del cabello, y si te lo lavas bien, por completo, conscientemente, con amor y cuidándolo, se van por el desagüe o se transforman en amor.

Cortar el pelo, en la cultura nativa americana se asociaba a frenar la corriente de la vida, dificultar la recepción y asimilación de la información que llegaba a través de él. A impedir la fusión con la Madre Naturaleza y a perder las habilidades que ella les brindaba. Un indio americano con el cabello cortado veía tremendamente deteriorada su conexión con el mundo sutil, perdía su fundamento, su brújula vital y su honra. Por ello, cuando una tribu perdía una batalla, inevitablemente sus miembros eran sometidos a un corte de cabello. Y lo mismo ocurría cuando un nativo americano era capturado por otra tribu. Así, los captores se aseguraban la superioridad, y eran recompensados con adornos para su cabellera. Llevar el cabello cortado en la batalla era una muestra que indicaba claramente que te habían desvinculado de la fuente de tu fuerza, que habías sido separado de la Madre Naturaleza y de sus dones. Con el cabello cortado, un indio americano era rechazado por su tribu al no contar ya con un lazo con los espíritus que eran venerados. Un nativo con el cabello corto se sentía (lógicamente, debido a sus creencias) perdido, solo, sin recuerdos ni alma ni corazón, pues esas eran virtudes y posibilidades dadas por la Madre Tierra y presentes en ella, de modo que cuando se rompía la conexión la sensación era la de tener un cofre lleno de riquezas del cual no posees ya la llave que lo abre a ti.

En este punto es momento de detenernos, cerrar los ojos, respirar profunda y conscientemente y pensar en lo que significa ahora mismo, sinceramente, nuestro cabello para nosotros. Hagamos de estas enseñanzas algo propio, y valoremos, respetemos y cuidemos, no solo nuestro cabello, sino también todo nuestro cuerpo. Es una bendición, y hay que tratarlo como tal.

Cómo cuidemos nuestro cuerpo es cómo nos cuidamos a nosotros mismos, cómo definamos nuestro cabello es cómo nos definimos a nosotros mismos. Cómo sea nuestro cabello es cómo somos. El cabello es magia y, por lo tanto, todos los seres humanos somos, en realidad, mágicos.

Any Pascual.

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