LLUEVE

El agua es un símbolo y vehículo de renovación.

Como símbolo podemos ver que a veces sentimos que nuestra vida es monótona o que estamos atrapados en unos patrones rígidos y poco creativos, y tenemos que esforzarnos para que las cosas fluyan y que los buenos sentimientos lleguen tan rápido como habitualmente. En esos momentos el agua, puede ser una gran aliada para expresar lo que nos pasa.

Sentimos paz al ver o pensar en agua tranquila y estática y nos ayuda a mantener nuestro equilibrio.

Pero a veces eso no es lo que necesitamos experimentar en nuestra vida para evolucionar.A veces el agua tiene que comportarse como un río sin pausa, en el que cada instante mueve el agua a un lugar distinto, pero siempre con un fin claro y unos límites bien marcados.

Otros días, lo que necesitamos se manifiesta como una cascada cayendo en armonía y gran veracidad hasta un lugar en el que todo vuelve a estar en calma.

Lo más habitual, porque tiene una mayor resonancia e implica un cambio de mayores proporciones, es que lo que nos encontremos sea la lluvia. Puede que solo nos fijemos en el sonido, tal vez en una meditación o como parte de la naturaleza. Otras veces puede ser que lo más evocador sea una imagen de las gotas de lluvia cayendo y deslizándose.

Lo más significativo resulta de combinar estas dos cosas y experimentar un tiempo en el que el cielo parece caernos encima. Eso implica que en nuestra vida había algo a lo que no le estábamos dando la suficiente proporción de agua con todas sus cualidades: transparencia, fluidez, emoción…o por el contrario que hay áreas de nuestra vida en las que estas particularidades se manifiestan de un modo excesivo alterando el equilibrio.

Por eso la lluvia puede ser un símbolo de la emotividad, que cae para hacer que nuestra tierra interior sea fértil en lugar de convertirse con el paso del tiempo en un lugar yermo donde nadie querría habitar.

O también como una exteriorización de sentimientos reprimidos o fluidez acorralada que se expresa al fin en nuestro mundo exterior.

Bendigamos la lluvia como uno de los símbolos naturales más significativos y como la expresión del segundo elemento : el agua. Flexible, continua y persistente, así como nuestras vidas.

Gracias por lo que refleja en nosotras toda esta lluvia.

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