Los Chakras

A lo largo de nuestro cuerpo tenemos centros de energía, que están conectados con órganos importantes o glándulas que controlan otras partes del cuerpo. Cada uno de estos centros principales de energía son conocidos como “Chakra”.

Los chakras son centros de energía inmensurable (no medible de ninguna manera) situados en el cuerpo humano. Equilibran cuerpo y mente son los siete centros de energía que rigen todos nuestros órganos y trabajan juntos como un sistema independiente.

La palabra sánscrita chakra se traduce literalmente como la rueda o el disco. Hace referencia a las ruedas de la energía en todo el cuerpo.

Hay siete chakras principales, se alinean en la columna vertebral, a partir de la base de la columna vertebral hasta la corona de la cabeza.

Para visualizar un chacra en el cuerpo, imaginemos una rueda de remolino de energía donde la materia y la conciencia se encuentran. Esta energía invisible, llamada Prana, es la fuerza vital de la vida, que nos mantiene vibrantes, saludables y con vida.

Una persona puede obtener energía de muchos niveles diferentes de vibraciones que son utilizados en distintas partes del cuerpo.

Un chakra es como una rueda vórtice espiral que gira en un movimiento circular formando un vacío en el centro que ayuda en lo que encuentra en su nivel vibratorio particular.

Se dice que nuestro cuerpo contiene cientos de chakras que son la llave de la operación de nuestro ser. Estas “ruedas giratorias” codifican información de nuestros ambientes circundantes. La información codificada puede ser cualquier cosa desde la vibración del rayo ultra violeta al aura de otra persona.

En esencia nuestros chakras reciben la salud de nuestro ambiente, incluyendo las personas con las que tenemos contacto y nuestros chakras también irradian una energía de vibración. Por eso vibramos con personas que nos dan buen rollo.

Tenemos siete centros chakras principales y que cada uno está conectado a nuestro ser en muchos niveles diferentes: físico, emocional, mental y espiritual.

En el nivel físico cada chakra gobierna un órgano principal o glándula, los cuales están conectados a otras partes del cuerpo que resuenan en la misma frecuencia. Cada órgano, glándula y sistema del cuerpo está conectado con un chakra, y cada chakra es conectado a una frecuencia vibratoria de color. Por ejemplo, el chakra corazón gobierna la glándula timo y también está encargado del funcionamiento del corazón, pulmones, sistema bronquial, glándulas linfáticas, sistema circulatorio secundario, sistema inmunológico así como los brazos y las manos; el chakra corazón resuena al color verde.

Los siete centros chakras principales están alineados a lo largo de la columna vertebral. Si hay alguna perturbación en algún nivel, esto se refleja en el nivel de vitalidad del chakra. También cada uno de los siete principales chakras es su propio centro de inteligencia. Esto significa que cada chakra no solo está asociado con nuestra salud física, sino que también controlan aspectos conectados a nuestro sistema emocional, mental y espiritual.

Los nombres de los siete chakras principales y el órgano dominante que cada uno gobierna son los siguientes:

ChakraColorGlándula
CoronillaVioletaPineal
CejaÍndigoPituitaria
GargantaAzulTiroides
CorazónVerdeTimo
Plexo solarAmarilloPáncreas
BazoNaranjaGónadas
RaízRojoAdrenal

Cuando una parte de un centro chakra esta fuera de sintonía eventualmente puede afectar sus otras partes y posiblemente los chakras cercanos. Cuando un centro chakra esta fuera de equilibrio significa que esta sobre-activado o desactivado, o posiblemente congestionado o bloqueado. Si esto pasa lo sentimos en un nivel mental, emocional o físico.

¿Que es energía y porque esto afecta nuestros chakras?

La luz del sol es nuestra mayor fuente de luz, calor y energía. La luz del sol no solo sustenta la vida en la Tierra, sino también que sustancia a la Tierra en sí misma. Provee a las plantas de la energía de la fotosíntesis, que se convierten en sustancias de vida para los animales y humanos. La luz del sol consiste en energía en forma de ondas electromagnéticas y aparte de esta energía incluye rayos cósmicos, rayos gama, rayos x, rayos de luz visibles, rayos infrarrojos, microondas y ondas largas y cortas (ondas de radio).

Nosotros utilizamos muchas de estas energías en nuestra vida diaria. Sosteniendo un prisma bajo el sol, podemos dividir el espectro visible de los rayos de luz en siete diferentes energías con tonalidades de color: rojo, naranja, amarillo, verde, azul, índigo y violeta. Podemos ver estos siete colores en un arcoíris, gota de lluvia o roció e incluso en un copo de nieve.

Las luces y el color son inseparables. Cada color de los rayos de luz visibles tiene diferentes longitudes de ondas y frecuencias de vibración de onda que nos afecta de formas diferentes. El rojo tiene la longitud mayor de onda y la más lenta frecuencia de vibración, que reconocemos de forma innata como cálida y estimulante. Por otro lado, violeta tiene la onda más corta y la frecuencia de vibración más rápida, que reconocemos como una fresca y calmante energía.

La ciencia ha probado que ciertos colores pueden calmar la mente mientras que otros estimulan la actividad mental. Nosotros necesitamos energía de luz para alimentar nuestro cerebro, nuestras emociones y nuestro cuerpo físico así como nuestros cuerpos de luz y especialmente nuestros chakras.

La luz puede también entrar por nuestra piel y nuestra respiración. De esta forma, podemos recibir energía de luz adicional por medio del equilibrio del consumo de alimentos de varios colores, hierbas, vitaminas, aromaterapia, sonidos, minerales, ropa, etc.

La ciencia médica ha probado que las toxinas y otras impurezas, que incluyen pensamientos negativos, modificaciones químicas en nuestra comida u otros factores de pobreza ambiental influencian nuestro cuerpo. Formas constantes de contaminación pueden causar que se manifiesten desequilibrios en los chakras, que pueden eventualmente afectar en un nivel físico.

Ya que los sistemas tradicionales del cuidado de la salud están imposibilitados para aliviar completamente los síntomas de forma natural o curar los problemas, cada individuo somos responsables de mejorar nuestras condiciones de salud. También debemos de considerar que nosotros podemos ser nuestro mejor doctor. Así que si entendemos el sistema de como funcionan los chakras nos damos cuenta de que tiene más que ver con como podemos ayudarnos a mejorar nuestro propio estado de salud en todos los niveles de nuestro ser, que con un tema de creencias.

El beneficio de aprender sobre nuestro propio sistema chakra es para que entendamos que somos un todo (todo= cuerpo, mente y espíritu en armonía) y que cuando todas nuestras partes (todos los siete centros chakras) se están comunicando conjuntamente y trabajando en alianza, tendremos pequeños o ningún desorden energético.

Por ejemplo, si nuestra parte mental es poderosa y nuestra partes física no lo es, entonces no lograremos sentirnos en un optimo nivel de bienestar.

En estos días, vivimos en un mundo acelerado y frecuentemente nos olvidamos de nuestro “todo”. Ponemos demasiado énfasis en la independencia y muy poco en nuestra interdependencia.

Nuestros chakras son interdependientes cada uno depende de los otros para lograr armonía y equilibrio. Tomemos el control de nuestra vida y convirtámonos en lo mejor posible en nuestra vida. Nadie mas es totalmente responsable de uno mismo… excepto uno mismo!

Nuestra mente por si sola no puede nutrir todo nuestro ser, tampoco una dieta alimenticia puede resolver nuestros problemas.

Si hay alguna agitación o desorden en algún nivel, esto se refleja en un nivel de vitalidad del chakra. Y cada uno de los siete chakras principales tiene su propia inteligencia innata y función. Muy similar a como las funciones del cuerpo trabajan automáticamente, los centros chakras también operan automáticamente.

FORMAS DE ENERGIZAR NUESTROS CHAKRAS.

Cada día nosotras estimulamos nuestros chakras de una forma u otra, por ejemplo, por medio de los pensamientos que tenemos, o físicamente por medio de nuestros sentidos (olores, colores, texturas…)

A diario energizamos nuestros centros, consciente o inconscientemente, de muchas formas complementarias.

Por nuestros pensamientos. Son una forma de energía. Los pensamientos positivos permiten que nuestra energía fluya libremente y sin restricciones, mientras que los pensamientos negativos disminuyen la energía en nuestro cuerpo. Cada pensamiento (ya sea mental o emocional) está conectado a un chakra. Por ejemplo, un pensamiento apasionado es una energía roja estimulante, pero un pensamiento de enojo disminuye el flujo del pensamiento rojo positivo. Esto significa que un continuo pensamiento de enojo disminuirá la raíz de la energía chakra. Somos los responsables de nuestros pensamientos. Cuidémoslos.

Con la visualización, meditación y respiración. Con el pensamiento, con esa forma de energía, también podemos estimular nuestros centros por medio de ejercicios prácticos como la meditación, visualización o respiración, llevando la energía muy adentro. Son acciones conscientes que alinean nuestros chakras y dejan que la energía fluya libre por nuestro cuerpo.

Por el sol. Es una de nuestras fuentes de energía más importantes. Por medio de la luz, las siete energías de colores fluyen de los rayos del Sol a la Tierra. Las personas, animales, plantas, minerales, agua y nuestros chakras reciben la energía de la Luz del Sol. Saludemos al Sol cada mañana, abramos las ventanas de par en par y expongámonos directamente a los rayos solares con las precauciones ya conocidas, pero sin filtros de ningún tipo: ni cremas, ni gafas, ni cristales que hacen de lupa.

Por la comida. Los rayos del sol dan vida y energía a los seres vivos. La planta absorbe energía que es la misma que brota cuando la ingerimos. Es la energía que contiene esa fruta, vegetal, flor…la que obtenemos a través de la alimentación. Sin esa energía nuestro cuerpo no podría asimilar el valor nutricional de la comida. Balanceemos nuestros chakras diariamente comiendo alimentos con vida, ecológicos, de cercanía para poder asimilarlos y con distintos colores, texturas, sabores, etc.

Con gemas/minerales. Las piedras y minerales también son formas de energía. Los cristales contienen una estructura cristalina que amplifica la energía. Colocar piedras y minerales en nuestro ambiente es una manera simple de absorber las vibraciones curadoras de las piedras y minerales.

A través del agua. Es un gran conductor de energía. Mientras nos sumergimos en agua de mar nuestro cuerpo absorbe su frecuencia y vibración. Mientras nos duchamos podemos balancear los chakra pensando en lo que nos gustaría conseguir de esa específica energía y mejor aún si añadimos aceites esenciales que se relacionen. Y no somos solo lo que comemos, sino también lo que bebemos. Consumir agua saludable hace vibrar a nuestro cuerpo. Invertir en agua saludable es invertir en vida.

Con la aromaterapia. Los aceites esenciales son la pura esencia de las plantas o de las flores. Cada aceite tiene una vibración. Los aceites tienen las propiedades curativas de las hierbas, las flores y las plantas. Usemos solo aceites esenciales ecológicos de calidad.

La música también nos afecta. Ciertos sonidos pueden estimular una respuesta emocional, mental, física o espiritual. Por ejemplo, escuchar o bailar música primaria, como el sonido de tambores, puede energizar nuestro cuerpo físico y estimular nuestro chakra raíz. O escuchar en casa música a 432 Hz o repetir nuestros Mantras favoritos acompañados de hermosas melodías. Podemos hacer sonidos para vibrar a la misma frecuencia como varios órganos en nuestro cuerpo (🕉, campanillas, cuencos, etc.) La contaminación sonora por el contrario puede perturbar nuestro ambiente. Escuchemos los sonidos de la naturaleza que nos hacen felices mientras tomamos el sol y miramos al horizonte.

Con la tonificación de colores. Al proyectar la luz a través de varios filtros de colores las vibraciones de los colores serán absorbidos por nuestra piel, interviniendo en distintas áreas. El Arcoíris, la naturaleza, las flores, los animales nos muestran como los colores son energías.

Por el ambiente material que nos rodea en el hogar. Mantengamos el orden, la limpieza, ventilemos a diario, usemos los colores conscientemente en el ambiente de nuestra casa: almohadones de diferentes colores, cuadros, alfombras, etc., hagamos del silencio el mejor sonido, y del minimalismo una virtud.

Por la ropa. La ropa que llevamos tantas horas nos influencia nuestro animo, mente y nivel de energía. La luz penetra nuestra ropa amplificando la energía del color y los tejidos naturales ecológicos que estamos usando. La piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo, tratémosla como si de un tesoro se tratara, a la vez que respetamos el medio ambiente, vistiendo ropas que no hayan provocado vertidos tóxicos, ni con tintes dañinos ni tejidos plásticos-sintéticos. El lino, la lana, el algodón orgánico, la seda, el hilo de flor de loto… son tejidos nobles que no interfieren con nuestros centros de energía.

Con la estimulación adecuada de nuestra fascia. Practicando ejercicio físico consciente (yoga, taichí, etc.) o de forma pasiva estimulando nuestra fascia, el cuerpo llega a su máxima relajación y equilibrio, también a nivel de los centros chakras. Hagamos todos los días una pequeña tabla de ejercicios muy básica buscando la activación energética de nuestro cuerpo, que no nos lleve más de tres minutos en varias repeticiones. Así nuestro cuerpo activará nuestra energía física.

En esencia nuestros chakras reciben la salud de nuestro ambiente, incluyendo las personas con las que tenemos contacto y también nosotras irradiamos una energía de vibración, con la que influimos a los demás.

Por eso para nosotras es muy fácil vibrar con personas que nos dan buen rollo. Los buenos pensamientos vibran de amor infinito. Y que no falte un buen ABRAZO DE OSO para compartir esa vibración superpositiva con los demás💗💗💗

EQUILIBREMOS NUESTROS CHAKRAS por Any Pascual.

“La medida de lo que somos es lo que hacemos con lo que tenemos”. Vince Lombardi.

Chakras. He realizado una breve introducción a su equilibrio y desequilibrio, que iré desarrollando en profundidad próximamente.

En el ámbito de la espiritualidad (y especialmente en la visión oriental de la misma) se ha hablado y escrito mucho sobre los siete chakras corporales y sus características. 

Aun así, a menos que se lea extensamente sobre el tema, hay un aspecto que no se suele tratar en profundidad, el cual me dispongo a explicar en estas palabras: el equilibrio y/o desequilibrio en la salud de cada uno de ellos y del sistema de chakras en su conjunto.

Los chakras, por si alguien no lo sabe todavía, son los centros principales de energía vital de nuestro ser, donde se acumulan y se concentran grandes cantidades de vibraciones para permitir que las distribuyamos de la manera más eficiente y eficaz posible para que exista bienestar y vigor a todos los niveles. 

Existen decenas de chakras repartidos por nuestro “cuerpo” físico, emocional, mental, etérico, energético, álmico, áurico y espiritual, por mencionar tan solo algunos de los planos en los que simultáneamente somos. 

Yo voy a centrarme en los siete chakras que regulan nuestro equilibrio físico, los siete más conocidos, y hasta cierto punto populares.

Muchos de nosotros tenemos desequilibrios en nuestra vida, hay situaciones en las que no podemos fluir, sentimos desarmonía o insatisfacción, o experimentamos algunas muestras más graves de que algo no está bien, no “cuadra”.

Muchas veces, eso está relacionado (de un modo u otro, pues la ley de causa y efecto siempre puede funcionar en ambos sentidos) con un desequilibrio en un chakra, con la falta de balance en cuanto a la relación entre dos chakras o con una alteración en el funcionamiento de todo el sistema. 

Para que podamos sentir alegría, satisfacción y bienestar, los chakras necesitan estar abiertos, activos, sanos, llenos de energía, funcionando a su ritmo y limpios.

Cuando sentimos paz, el mundo funciona, conseguimos nuestros objetivos, evolucionamos y nos damos cuenta de la magnificencia de estar vivos, es porque los chakras están funcionando a su máxima capacidad en equipo y armonía; y a veces también puede ocurrir a la inversa, que alguna influencia externa nos libere o nos bloquee uno o varios chakras, como el miedo a perder la casa (seguridad, primer chakra) o la falta de amor en la familia (compasión, cuarto chakra), una oportunidad para expresar nuestra verdad (comunicación, quinto chakra) o una experiencia de comunión con el Universo durante una meditación (espiritualidad, trascendencia, séptimo chakra), aunque es más habitual que sean las circunstancias internas las que modifiquen la realidad de nuestras vidas.

Según mi experiencia, hay dos clases distintas de desequilibrios en la energía de los chakras; principalmente, el completo, el de apertura o bloqueo total, en el que un chakra se para y abandona sus funciones o tiene demasiadas energías que gestionar y se sobrecarga por exceso (lo cual también ocurre de vez en cuando); y el menor, en el que un chakra activado actúa más intensamente de lo que es saludable para su vibración o se ralentiza y causa esa sensación de que estamos “atascados”.

Un poco más de conocimiento sobre los chakras nos puede ayudar a saber concretar qué desequilibrios explícitamente están más relacionados con cada uno de estos centros más que con los demás. Porque, comúnmente, los desequilibrios suelen producirse en varios chakras a la vez, al estar todos intrínsecamente unidos. Recomiendo decididamente leer y formarse, para poder comprobar esta información de primera mano y ver si encaja con la voz de la propia intuición. Yo no soy quién para decir que una situación en concreto se basa en algo específico, solo voy a contar lo que he aprendido y comprendido después de años de leer y experimentar en mi propio cuerpo la sabiduría de estos cúmulos de energía que rigen los procesos de toda la vida.

Para hacer más sencilla la asimilación de todo este campo vasto que son los chakras, y para poder detallar más profundamente lo que conozco y sé acerca de su equilibrio y desequilibrio, así como para especificar las causas probables de los mismos y explicar las relaciones entre todo su sistema, estaré publicando próximamente entradas particulares dedicadas a cada una de las ruedas de la vida. 

No me creáis nada, informaos, formaos y experimentadlo. Solo así sabréis de verdad cómo lograr equilibrio a través de los chakras.

PRIMER CHAKRA-MULADHARA: SU EQUILIBRIO Y DESEQUILIBRIO

“Eres el suelo sobre el que todas las cosas descansan. Eres la Tierra de la que todas las cosas crecen. Estás aquí, eres sólido, estás vivo. Eres el punto en el que comienzan todas las cosas.” Anodea Judith.

El primer chakra, llamado “base” o “raíz” se encuentra en la base de la columna, se identifica con el color rojo y tiene cuatro pétalos. 

Es el chakra de la supervivencia, de la tierra, del dinero, de la materia, del cuerpo, de la salud y del momento presente y las glándulas suprarrenales, además de regir la comida en general y las proteínas en particular. 

Es el chakra que nos ayuda a vivir y nos defiende cuando nos sentimos atacados; por eso, también es el chakra de la seguridad, el miedo y el derecho a pertenecer, la identidad física, la autopreservación y el asentamiento, la protección, la confianza, lo sólido, el derecho a tener y poseer y el apoyo.

Cuando este chakra funciona bien, nos sentimos asentados, enraizados, en nuestro lugar, tranquilos, con buen manejo de aspectos materiales, confiados, cómodos en nuestro cuerpo, sanos, con energía vital y protegidos, estables y disfrutando de estar aquí y ahora, sólidos y apoyados, buscando crecer.

Aprendemos del pasado para mejorar cada vez y miramos al futuro desde un presente firme.

Somos como árboles que resisten cualquier ráfaga de viento, resilientes y fuertes, cómodos.

Todo lo que no sea ese estado de ser es un desequilibrio.

Cuando este chakra está demasiado activo, no vemos otra cosa que lo material, nos obsesionamos con el control y sentimos que nos están atacando, tenemos pánico a cambiar, necesitamos cada vez más para sentirnos satisfechos y negamos o nos distanciamos de los aspectos más emotivos, sentimentales y espirituales de la vida, entre otros. Nos sentimos y/o actuamos como depredadores, pues pensamos que no hay suficiente y queremos parte, somos rígidos, rutinarios e inflexibles para que no nos arrebaten lo que creemos tener, nos aferramos a lo conocido y perdemos espontaneidad. Nos cuesta hacer planes de futuro o pensar en el pasado, estamos viviendo al día. Actuamos por impulsos de lucha, y nuestras entrañas dirigen el comportamiento sin pensar o sentir.

Y cuando está bloqueado o con poca energía, nos sentimos presas, actuamos con pavor y temor, estamos inseguros, desarraigados, sin base, desconectados de nuestro cuerpo, pensamos que el mundo es peligroso, nos cuesta confiar en la gente, estamos muy en la cabeza o en el corazón, negamos la realidad, buscamos desesperadamente aquello que nos da sensación de seguridad, nos sentimos sin derecho a tener, ya sea opinión propia o posesiones personales, dudamos constantemente y nuestro cuerpo está desequilibrado hacia la escasez, perdiendo sustento. El futuro se vuelve una fuente de pavor, y el pasado no nos da la seguridad que debiera. Las ganas de huir nos superan y simplemente no podemos quedarnos demasiado tiempo en un lugar o con una relación. El miedo nos comanda, y pensamos continuamente en catástrofes. Nos sentimos impotentes ante la vida, notamos como si continuamente estuviéramos en medio de un fuego cruzado en una guerra, o intentando sobrevivir, con la amenaza constante de un depredador que puede ser tan conceptual como, por ejemplo, una fecha límite. Cedemos el control, quizá con excesiva facilidad, a cualquiera que se pueda hacer cargo de aquello que nos aterra, pero no porque no queramos controlarlo (que sí se quiere, ya que el control es otro de los conceptos intrincadamente entretejidos con este chakra), sino porque no creemos que tengamos las habilidades suficientes para solucionarlo por nosotros mismos. Vivimos preocupados.

Una de las mejores maneras de saber si este chakra está desequilibrado (hacia cualquier extremo, esta es una experiencia que ocurre tanto cuando hay demasiada energía como cuando hay escasa) es preguntarnos en realidad, en lo más profundo de nuestras vísceras, ¿sentimos que tenemos derecho a estar aquí, a vivir nuestra vida? ¿Nos sentimos conectados, vinculados y estrechamente relacionados con nuestro cuerpo, nuestro hogar, la comida que comemos y todo lo externo? ¿Estamos cómodos, seguros y tenemos conciencia de la solidez de la vida? ¿Consideramos que el cuerpo físico es parte (y solo parte) de quienes somos? ¿Vivimos en el presente, al menos nos sentimos bien cuando estamos aquí y ahora? ¿Nos nutrimos saludablemente, se disfruta de comer? ¿Hacemos ejercicio (uno de los temas importantes para este chakra, porque moviliza energía, mueve el cuerpo, aclara la mente, nos enraíza y nos lleva con firmeza al presente, además de muchos otros beneficios)? ¿Sentimos que tenemos derecho a expresar nuestra opinión, a decir sí o no? ¿Tenemos claro quiénes somos? ¿Nos sentimos apoyados, ayudados y sostenidos? ¿Sabemos estar relajados, simplemente estando? ¿Gestionamos las situaciones estresantes, sabemos salir de ellas y desactivar el “modo supervivencia” cuando el peligro pasa? ¿Tenemos nuestras propias posesiones, y nos sentimos dignos de tenerlas? ¿Somos abundantes? ¿El dinero nos genera confianza? ¿Merecemos? ¿Cuidamos nuestro cuerpo, lo sentimos como un templo donde mora nuestra alma? ¿Actuamos, aplicamos y manifestamos conceptos en realidades tangibles? ¿Descansamos, nos tomamos tiempo de relax? ¿Dormimos bien? ¿Somos conscientes de los cambios? ¿Cambiamos cuando lo necesitamos? ¿Estamos seguros incluso en la incertidumbre? ¿El lugar donde vivimos es un hogar? ¿Comemos estando presentes? ¿Tomamos suficientes proteínas, que no tienen por qué venir en exclusiva de la carne? ¿Hacemos yoga? ¿Nuestras suprarrenales (y nuestro aparato excretor) funcionan de modo efectivo, fácil, regular y cómodo? ¿Nos sentimos conectados con la naturaleza? ¿Nos gusta ir a bosques, playas, montañas y otros lugares naturales? ¿Nos gusta sentir el viento, el agua, el sol y la tierra o arena en contacto con nuestra piel? ¿Hay alguna forma en la que estemos integrados y conectados con todo nuestro ser, a modo de columna vertebral? ¿Comemos a horas regulares todos los días? ¿En nuestra vida hay rutinas sanas, estructura, orden? ¿Tenemos fundamento? ¿Comenzamos nuevos proyectos? ¿Y los acabamos? ¿Nos sentimos bien creando cosas tangibles? ¿Somos conscientes de nuestras necesidades? ¿Somos sólidos, en todos los sentidos? ¿Somos quienes nos gusta ser? ¿Somos uno con el planeta?¿Reconocemos a la Madre Tierra, a la Pachamama, como nuestra madre, nuestra maestra, nuestro origen, nuestro sustento, nuestra base y calma, nuestra herencia y hogar y nuestra responsabilidad? ¿Crecemos? ¿Nos mantenemos ahí incluso en las dificultades? ¿Somos felices de estar vivos?

Esas preguntas, y todas las cuestiones que puedan surgir mediante la reflexión de las respuestas, son un modo muy efectivo de saber cuán sano y equilibrado está nuestro primer chakra, nuestra raíz.

Cuantas más respuestas afirmativas, con más poder y energía positiva cuenta Muladhara.

Este es un chakra vital, muy importante para saber gestionar la vida aquí en el planeta.

Estamos encarnados, estamos vivos y tenemos necesidades que satisfacer.

Para poder evolucionar, es importante actuar y cambiar, crear en el mundo material y asentar sobre una base constante, firme y fuerte la sabiduría espiritual. Es necesario tener “los pies en el suelo”, contar con nuestro cuerpo físico, enraizarnos y encontrar nuestro lugar con confianza y apoyo.

A ello es a lo que se dedica Muladhara, el primer chakra.

SEGUNDOU CHAKRA-SWADHISTHANA: SU EQUILIBRIO Y DESEQUILIBRIO

Por Any Pascual.

“Eres agua, la esencia d etodas las formas que sin embargo carece de forma. Eres el punto desde el que fluyen todas las direcciones, y eres el flujo. Eres el que siente, el que se mueve. Eres quien abraza al otro.” Anodea Judith.

El segundo chakra, cuyo nombre significa “dulzura”, llamado “chakra sacro”, se encuentra en la parte inferior del abdomen (dos dedos por debajo del ombligo), se identifica con el color naranja y tiene seis pétalos. 

Es el chakra de los deseos, de la pasión, del gozo y el deleite, del agua, del movimiento, de la unión, de las relaciones, de las emociones (y, notoriamente, de bastantes tipos de sensibilidad), del cambio, de las mareas, de la luna, de la fluidez, del sentido del gusto, de la sensualidad y la sexualidad, y de la alquímica creación de vida y energía que se produce cuando dos seres se fusionan, y las glándulas gónadas, además de regir los líquidos en general y el agua potable en particular. 

Es el chakra que nos ayuda a sentir y nos permite fluir y dejarnos llevar cuando nos notamos rígidos; por eso, también es el chakra del anhelo, de la búsqueda de conexión a través de las relaciones sociales, del avance, de la novedad, de la exploración, de la emotividad y las sensaciones, de soltar, de la liberación, de la creatividad, de la culpa, la identidad emocional, la autogratificación y la satisfacción, y la sexualidad, el cambio, la suavidad, la oscilación, lo líquido, el derecho a expresarnos a nosotros mismos y nuestros sentimientos, la falta de forma definida y la expansión.

Cuando este chakra funciona bien, nos sentimos fluidos, unidos, satisfechos, llenos de vida, con buen manejo de los sentimientos, nutridos, cómodos con otras personas, calmos, con energía creativa y conectados con nuestro interior, adaptables y disfrutando de las interacciones, sintiendo y expandiéndonos, buscando vínculos, relaciones, contacto trascendente. Sensiblemente sanos.

Aprendemos del pasado para mejorar cada vez y miramos al futuro desde un presente firme.

Somos como ríos que, a más velocidad o menos, siempre superan las dificultades y acaban llegando al mar, habiendo disfrutado del camino y habiéndose adaptado a las diferentes circunstancias, siempre manteniendo lo que les hace ser ríos, por muchas piedras y presas que existan en la vida, liberados, respetuosos y empáticos, conectados.

Todo lo que no sea ese estado de ser es un desequilibrio.

Cuando este chakra está demasiado activo, no vemos otra cosa que lo emocional, nos obsesionamos con nuestra propia manera de ver el mundo y sentimos que nos están o bien culpando o bien abandonando, tenemos pánico a estar solos (en más de un sentido, pero no porque no estemos a gusto con nosotros mismos, sino porque en el nivel de este chakra, necesitamos feedback y contacto) necesitamos cada vez más estímulo, cada vez más emoción, y nos obsesionamos (llegando a dramatizar) con la gratificación y el placer. Somos como niños pequeños que dicen “lo quiero, y lo quiero ya, o si no, lloraré”, entre otras actitudes. Nos sentimos y/o actuamos como la Madre Teresa, o, en el caso de las relaciones de pareja, como casamenteros, pues captamos mucha energía (nuestra y de otras personas, muchas veces de tal modo que no logramos diferenciarlas) y queremos ayudar con lo que pensamos que es empatía, somos muy volubles, a veces temerarios, e inquietos, buscando continuamente la novedad, para experimentar “nuevas” emociones o ver la vida con “nuevos” ojos, nos aferramos a las personas que nos generan reacciones (de cualquier tipo, porque cuando este chakra está demasiado activo, nos volvemos “masoquistas emocionales” y, como dice uno de mis maestros, preferimos una respuesta negativa a no tener respuesta) y nos volvemos como el mar agitado por una tormenta, o como un tsunami, perdemos nuestro centro con facilidad, desviándonos o muy hacia afuera o excesivamente hacia adentro. Este chakra, al ser por definición tiene dos facetas, la interna y la externa, y cuando está desequilibrado, casi siempre una es más poderosa que otra, puro movimiento y dualidad. Cuando esta dualidad está intensificada por el chakra muy activo, pueden ocurrir dos cosas; o somos egoístas y narcisistas, y creemos que nuestros impulsos, sentimientos, deseos, relaciones y creaciones son lo más importante, desentendiéndonos de cualquier persona, cosa o situación que intente (sin éxito, en la mayoría de los casos) sacarnos de nuestro propio mundo, y nos aferramos con uñas y dientes a lo que nos gusta, llegando a, por ejemplo, olvidarnos de comer, viviendo, en el extremo de lo más desequilibrado, una vida de libertinaje; o nos enfocamos excesivamente en lo externo, en las apariencias, en resultar encantadores, admirados y alabados, con un amplio círculo de relaciones, siendo los perfectos aduladores y ayudando a todo el mundo, apuntándonos a cualquier evento interesante, complacientes, necesitando continuamente que nos digan que somos válidos, haciendo lo que sea por un poco de contacto humano, por un poco de afecto y aprobación, por una sonrisa y un “te amo” de alguien, debido a que pensamos que ello nos protegerá de un mundo que a veces (especialmente para las PAS) es demasiado intenso. Nos cuesta ver más allá del “qué siento (o sientes) ahora mismo”, estamos viviendo de modo subjetivo. Actuamos por impulsos de placer/dolor, y, con la efusividad típica de una cascada, brindamos atención y aprecio a quien (o a lo que) nos conmueve, y utilizamos la culpa que viene asociada (como demonio) con este chakra, o para motivarnos a crear, o para echársela implacablemente encima a quien se atreva a decirnos algo que creamos feo.

Y cuando está bloqueado o con poca energía, nos sentimos y/o actuamos como animales en celo, únicamente buscando estar bien y felices sin ninguna consideración por los demás, nos sentimos víctimas, actuamos con desesperanza, estamos insensibles, desolados, sin cambio, desconectados de nuestras emociones, pensamos que el mundo es feo, o demasiado animado, demasiado activo, nos cuesta confiar en nuestras entrañas y no les hacemos caso cuando nos advierten de algo, estamos muy en la apatía o la indiferencia, negamos la emoción diciendo que son “tonterías” o “cosas de niños”, buscamos desesperadamente aquello que nos da sensación de confianza, aquello que es siempre igual, nos sentimos sin derecho a sentir lo que sentimos y/o a desear lo que deseamos (de modo que lo reprimimos, aunque nos cueste esfuerzo), ya sean cambios, emociones, insatisfacción, necesidades de cuidado y cariño, flexibilidad, contacto, relaciones (especialmente las sensuales y sexuales), gratificación, dulzura, creatividad, reafirmación de la propia valía, fluidez u otras cosas, nos culpamos constantemente (o, por el contrario, evadimos la culpa a cualquier precio) y nuestro cuerpo está desequilibrado hacia la sequedad y la dureza afilada, perdiendo líquidos, fluidez y relax. El futuro se vuelve una fuente de culpa o de desesperación, y en algunos casos extremos, de desdicha, y el pasado no nos da buenos momentos que disfrutar, porque hasta la mayor alegría ha perdido el efecto de conmovernos o tan siquiera importarnos. Las ganas de afecto nos superan y muchas veces creamos caos o cometemos errores para ser escuchados y tener un poco de atención. El desagrado (más fácil de llevar que la conciencia de no ser suficiente, para muchas personas) nos comanda, y no queremos admitir que nos sentimos inferiores, menos capaces de ser felices que los demás. Nos sentimos acarreados ante la vida, notamos como si continuamente estuviéramos en medio de una catarata, o de una tormenta en mar abierto, e intentamos mantenernos estables y aferrarnos a literalmente cualquier migaja de tranquilidad (incluso si eso supone aislarnos, destruir nuestras salidas sociales y utilizar cada pedazo de autoestima para denigrar a quienes no son “así de buenos” en un campo, destrozando amistades e incluso la familia… tan solo para evitar sufrir, porque si no nos importan no pueden dañarnos, ni tampoco tendría sentido sentirnos culpables por herirles) para mantenernos vivos, y nos convertimos o en un muñeco sin autoconcepto o en una máquina racional que puede llegar a ser despótica y cruel, con la amenaza constante de lo impredecible y doloroso que puede ser tan conceptual como, por ejemplo, lo que pensamos que significa una mirada fuera de contexto. Cedemos el corazón, o lo encerramos tras muros impenetrables quizá con excesiva facilidad, a cualquiera que se pueda hacer cargo de aquello que nos dice, pero no porque no queramos conectar con él y atenderle (que sí se quiere, ya que el cuidado, especialmente la en lo que tiene que ver con la atención es otro de los conceptos intrincadamente entretejidos con este chakra), sino porque no creemos poder manejar la sensibilidad culpable por nosotros mismos, porque nos supera y decidimos que (si sentir tanto nos hace daño) preferimos cerrarnos. No somos buenos para dar, y no sabemos recibir. Necesitamos conectar, pero nos sentimos culpables por no ser fuertes y autosuficientes. Necesitamos afecto, pero nos lo negamos pensando en cómo será (o como fue) estar dependiendo de otra persona y que nos sea quitado el cariño sin posibilidad de retorno. Estamos continuamente en un gran lago, sin saber cómo ser uno con nuestros impulsos, cómo pararlos. Nos creemos vulnerables, y pensamos que mostrar lo que sentimos nos convertirá en un blanco fácil. Vivimos en una balanza desequilibrada, y por ello tenemos la necesidad de que otros hagan constantemente cosas por nosotros, o de probar nuestra inferioridad con victimismo para que nos quieran aunque sea por lástima. Y, cuando el mundo parece o demasiado gris o demasiado cegador, o en caso de que no haya nadie en nuestro entorno dispuesto a cuidarnos, buscamos los halagos, las caricias y el aprecio en nuestro interior, en recuerdos felices o creando pequeñas obras que nos sean amigables y agradables; es entonces cuando (las PAS en nuestra mayor medida, dada nuestra sensibilidad innata, aunque también lo hacen las demás personas con el segundo chakra demasiado poco saludable) nos vinculamos con condiciones o objetos de la vida que puedan, dadas una gran intensidad emocional al respecto y/o mucho tiempo juntos de experiencia y solidaridad empática, entendernos. Lo comprendo, y me proclamo de esas personas.

Una de las mejores maneras de saber si este chakra está desequilibrado (hacia cualquier extremo, esta es una experiencia que ocurre tanto cuando hay demasiada energía como cuando hay escasa) es preguntarnos en realidad, en lo más profundo de nuestras emociones, más allá de todos los muros que hayamos puesto para contenerlos, más allá de todas las máscaras, todos los trucos y todos los autoengaños que hayamos cometido para decir “no, no me siento así, en realidad lo que siento es esto otro”, ¿sentimos que tenemos derecho a sentir, a darnos satisfacciones y a fluir? ¿Nos sentimos conectados, vinculados y estrechamente relacionados con nuestras emociones, nuestros sentimientos, nuestra creatividad y todo lo externo? ¿Estamos tranquilos, creativos, complacidos y tenemos conciencia de la fluidez de la existencia? ¿Consideramos que el cuerpo emocional es parte (y solo parte) de quienes somos? ¿Vivimos compasivamente, al menos nos sentimos bien cuando estamos y somos siendo tiernos, bondadosos y dulces? ¿Nos relacionamos saludablemente, se disfruta de estar con otras personas? ¿Tenemos contactos conscientes, sanos y protegidos con el tema de la sexualidad (uno de los temas importantes para este chakra, porque moviliza energía, mueve las emociones, aclara los afectos, nos da placer, nos ayuda a fluir y nos lleva con firmeza a conectar con otras personas, a vincularnos con otras energías y a crear desde el presente, uniendo los opuestos, unificando las polaridades y generando una empatía satisfecha, además de muchos otros beneficios, siempre que sea consentida, que haya dulzura y deseo mutuo, y que se practique con amor y no como un fin en sí mismo)? ¿Sentimos que tenemos derecho a expresar nuestra creatividad, a decir nuestros gustos? ¿Tenemos claro qué sentimos realmente (y cuánto de lo que creemos sentir es solamente producto de ideas preconcebidas o la presión social por encajar)? ¿Nos sentimos aceptados, plácidos y estimados? ¿Sabemos estar en paz, simplemente armonizando, serenando y uniendo las emociones, como un río que baja apaciblemente desde las montañas, en el que cada gota es única y todas se funden para ir en un mismo sentido? ¿Gestionamos las situaciones emocionales, sabemos salir de ellas y desactivar el “modo culpa/víctima-atacante/defensa” cuando el momento para sufrir pasa? ¿Tenemos nuestras propias inclinaciones, nuestras propias relaciones, nuestras propias emociones, y nos sentimos válidos teniéndolas? ¿Somos empáticos? ¿Las intenciones, los objetivos,las cosas que queremos nos generan placer? ¿Nos cuidamos? ¿Movemos nuestras emociones, las sentimos como una magnífica expresión creativa de lo que ama nuestra alma? ¿Nos dejamos cuidar, armonizamos los opuestos y alquímicamente combinamos conceptos y emociones? ¿Nos permitimos “dejarnos ir” formando parte del oleaje? ¿Bebemos todo lo que el cuerpo nos pide? ¿Somos conscientes de los círculos que crea la vida para que evolucionemos? ¿Nos conectamos satisfactoriamente cuando lo necesitamos? ¿Estamos equilibrados emocionalente incluso en la confusión? ¿Nuestros parientes cercanos son verdaderamente nuestra familia? ¿Estamos en el presente cuando llega una emoción? ¿Nos es sencillo recordar que no somos nuestras emociones, sino que somos el alma que las experimenta? ¿Y sabemos soltar y dejarlas ir cuando ya no sirven (esto es un poquito más difícil cuando los artistas nos inspiramos a causa de una emoción, e incluso en ese caso es buena idea ser conscientes de que quien experimenta esa agitación es nuestro yo artístico, no nosotros, y mantener la sensibilidad en su lugar, únicamente cuando, mientras, resulte útil)? ¿Practicamos el tantra? ¿Nuestras gónadas (y nuestros sistemas reproductor, por un lado, y sensorial, específicamente la lengua como centro del gusto, por el otro) funcionan de modo efectivo, fácil, regular y cómodo? ¿Nos sentimos conectados con el mar, las cascadas, los ríos, los océanos, los lagos y el agua en general? ¿Nos gusta ir a lugares tranquilos con mucha agua/humedad alrededor? ¿Nos gusta sentir el flujo de nuestro cuerpo, las mareas de líquidos y los cambios internos? ¿Hay alguna forma en la que estemos integrados y conectados con nuestros deseos, con los órganos sexuales y con nuestra propia sensualidad? ¿Nos sentimos atractivos y bellos? ¿En nuestra vida hay flexibilidad, pequeños cambios, creatividad? ¿Tenemos placer, felicidad, nos felicitamos cuando hacemos algo bien? ¿Nuestros proyectos son creativos y se adaptan (o adaptarían) a los cambios? ¿Y disfrutamos realizándolos? ¿Nos sentimos bien mostrando a los demás lo positivo que es estar en contacto con los instintos y las cosas subjetivas? ¿Somos conscientes de nuestros anhelos sentimentales? ¿Somos líquidos, adaptables en todos los sentidos? ¿Somos quienes queremos ser? ¿Somos uno con la creatividad? ¿Nos sentimos vinculados con la luna y sus ciclos? ¿Nuestra parte femenina (la de las mujeres y su capacidad de dar vida, y también la de los hombres, pues todos tenemos segundo chakra) está activa y rebosante de salud? ¿Damos?¿Recibimos? ¿Transformamos los instintos, sublimándolos en amor? ¿Somos alquimistas de (y con) nosotros mismos? ¿Tomamos responsabilidad de nosotros mismos y corresponsabilidad de nuestras relaciones? ¿Conocemos el concepto del yin y el yang, aplicándolo? ¿Somos felices de ser sociales?

Esas preguntas, y todas las cuestiones que puedan surgir mediante la reflexión de las respuestas, son un modo muy efectivo de saber cuán sano y equilibrado está nuestro segundo chakra, nuestra dulzura.

Cuantas más respuestas afirmativas, con más poder y energía creadora positiva cuenta Swadhisthana (también conocido como Svadhistana, el chakra del agua).

Este es un chakra vital, esencial para saber vivir con las relaciones humanas y todo lo que conlleva el cuerpo hormonal en el que habitamos. Está muy relacionado con los chakras quinto y sexto.

Es el chakra que se desarrolla en los bebés de ya algunos meses, y es importante para el desarrollo de nosotros los adolescentes en esta etapa del desarrollo en la que todo en lo que confiábamos cambia.

Somos sensibles, estamos en un una vida social y tenemos deseos que colmar para así crear amor.

Para poder evolucionar, es importante movernos, sentir, recorrer la senda de la búsqueda del otro, y comprender que en medio de la cambiante naturaleza, el cambio y los opuestos son pemanentes, constantes, y encontrar en los vaivenes de nuestro océano interior el oasis de la calma espiritual. Es necesario tener “el corazón en la mano”, contar con nuestra creatividad, encontrarnos con el placer y que las relaciones humanas sean sagradas, conectándonos con nuestro interior a través de los benditos vínculos sociales.

A ello es a lo que se dedica Swadhisthana, el segundo chakra.

TERCER CHAKRA-MANIPURA: SU EQUILIBRIO Y DESEQUILIBRIO

Por Any Pascual.

“ En este mundo de intensa actividad eres un canal para la fuerza que te rodea. La abres, te quemas con ella, la bebes y la transmites…fácilmente, sin esfuerzo, con ganas y alegría.” Anodea Judith.

El tercer chakra, cuyo nombre significa “gema brillante”, llamado “chakra plexo solar”, se encuentra en la parte superior del abdomen (desde el ombligo al plexo solar), se identifica con el color amarillo y tiene diez pétalos. 

Es el chakra de la voluntad, de las ganas de vivir, del entusiasmo, del poder y la autoafirmación, del fuego, de la autoestima, de la risa, de los actos, de las habilidades y, notoriamente, de bastantes tipos de competencia, de la combustión, de la vitalidad, del fuego como medio de destrucción de lo obsoleto, del sol, de la importancia, del sentido de la vista, del júbilo y la risa, y de la explosión de energía que nos ayuda a seguir adelante incluso con las dificultades, de ese arrojo que se necesita para caer y levantarse, del positivismo, del ánimo y la potencia, y controla el páncreas y cualquier mecanismo corporal para transformar materia en energía, además de tener también cierta influencia sobre las suprarrenales, encargándose de regir el plasma en general y las féculas en particular. 

Es el chakra que nos ayuda a actuar y nos permite empoderarnos y entusiasmarnos haciendo cosas cuando nos notamos demasiado estáticos o perezosos; por eso, también es el chakra de la ira como empuje, de la búsqueda de conexión a través de las relaciones sociales, de la firmeza, de la actividad, de la combinación, del calor y la chispa, del poder personal, de la autonomía, de la autoestima, de la vergüenza, la identidad del yo, la autodefinición y la realización, y la alegría, la destrucción, la brillantez, el genio (entendido tanto como genialidad, tanto como temperamento), lo energético de asimilación rápida, la práctica, el esmero, la concentración, los cambios químicos, el desarrollo, la tecnología, el derecho a la alabanza, a llevarse el mérito, a la responsabilidad, a hacerse cargo y “tomar cartas en el asunto”, de la capacidad de resolver eficazmente los problemas, la posibilidad de ser energía, el foco, los incentivos, la luz y la fortaleza.

Este chakra es el centro del karma, así como el anterior lo es del tantra, de modo que también regula cómo (y cómo no) podemos actuar para equilibrar nuestros actos de hace tiempo o de vidas anteriores. Es el chakra de la responsabilidad personal.

Cuando este chakra funciona bien, nos sentimos activos, autónomos, capaces, llenos de energía, con buen manejo de la voluntad, jubilosos, cómodos con el poder, brillantes, con ganas de actuar y conectados con nuestra importancia, manejando los aspectos controlables de la vida y disfrutando de actuar, vitales, transformándonos, buscando hacer, con gran autoestima, conscientes de que hay energía dentro de nosotros y de que es gracias a esa energía que podemos estar aquí y ahora. Poderosamente sanos. Utilizamos nuestras fortalezas para mejorar cada vez y miramos las debilidades desde la voluntad de superarnos, aceptando con facilidad aquello en lo que nos equivocamos, ahora o en el pasado. Somos como el fuego de una hoguera o chimenea que, con más rapidez o menos, siempre con vigor, cambia y transforma lo existente para crear algo nuevo y acaba generando energía, calor y luz, siendo útil y poderoso, habiendo salido renovado de las dificultades y habiéndose mantenido con ánimo para continuar, siempre manteniendo la brillantez que proviene de la afirmación de aquellos valores que el fuego vitaliza, siendo capaces de “quemar” la negatividad para transformarla en amor e impulso, entusiasmados, fuertes y brillantes, transformados por alquimia y combustión hasta convertirnos en oro. Hemos pasado por mucho, y todas esas experiencias se acumulan en el tercer chakra. Cuando este está sano, esos recuerdos están limpios, y no constituyen una pesada mochila con la que tengamos que cargar, sino que son un trampolín que nos impulsa hacia la consciencia.

Todo lo que no sea ese estado de ser es un desequilibrio.

Cuando este chakra está demasiado activo, no vemos otra cosa que lo que nos ocurre a nosotros mismos, nos obsesionamos con nuestra propia voluntad o con lo que hacemos, sentimos que somos mejores que los demás, tenemos pánico a estar quietos (en más de un sentido, especialmente si es quietud mental, como mientras meditamos) necesitamos cada vez más cosas que hacer, cada vez más sensación de estar siendo útiles, y nos obsesionamos (llegando a infravalorar a los demás) con la autonomía y el poder. Somos como superhéroes que se sienten capaces de solucionarlo todo, aunque no queramos ver la realidad de que muchas veces verdaderamente no podemos. Nos sentimos y/o actuamos como los cabeza de familia, como alguien indestructible, como quienes mandan, o, en el caso del trabajo, como una de esas navajas multiusos que “sirven para todo”, pues tenemos tanta energía y nos creemos tan poderosos que si alguien nos dice que no hemos hecho algo (o que no lo hemos hecho bien) nuestra reacción es de enfado, somos inestables e incontrolables cual incendio, a veces irascibles, y ardientes, buscando continuamente el elogio, para reafirmar la creencia de que somos capaces y admirados o de que hacemos “lo que tiene que hacerse”, nos aferramos a las personas que nos activan, que nos encienden (de cualquier modo, prefiriendo la ira al aburrimiento) y nos volvemos como llamas ardientes alimentándose de gasolina y destrozando todo a su paso, o como dagas de al fuego blanco que están tan finamente concentradas que nada puede sobrevivir a un ataque suyo, perdemos perspectiva y compañerismo con facilidad, desviándonos siempre hacia posiciones de control y poder, queriendo que todos los subordinados cumplan nuestros mandatos a la perfección (o si no, tenemos la actitud de “si quieres que algo se haga bien has de hacerlo tú mismo” y percibimos a los demás como inútiles o mediocres peones) o, en casos más extremos en los que nuestra autoestima se ve amenazada, nos convertimos en leones al frente de la manada que luchamos a muerte contra cualquiera que amenace nuestra “superioridad”, o lo que las otras personas llaman “dictadores” o “tiranos” que no aceptan que les digan que no son aptos. No queremos ver nuestros errores, ni admitir que tenemos defectos, y nos enfrentamos a quienes intentan destruir la máscara de invulnerabilidad y perfección que llevamos puesta constantemente. Nos sentimos (aunque nunca vayamos a reconocerlo) avergonzados e incapaces, impotentes, sin dar la talla, inferiores e incapaces de manejar la vida, e intentamos constantemente “echar balones fuera” avergonzando y haciendo inferiores a otras personas. Un desequilibrio hacia la activación en este chakra no es demasiado fácil de captar, puesto que la sociedad premia este comportamiento competitivo, así que está normalizado e incluso idealizado, especialmente en el caso de los hombres. Muchas veces pensamos que ser así es lo “natural” (en el caso masculino) y lo “necesario para que no me pisen” en cuanto a las mujeres. Inclusive (y ya sé que me estoy metiendo en un tema sensible, pero es lo que he comprendido después de bastante reflexión), la actividad desmesurada de este chakra, en contraste con demasiada debilidad en los centros segundo y el cuarto, es una causa/efecto posible del machismo y las fobias al diferente como el racismo o la homofobia.

Este chakra tiene muchos puntos en común con el primero, al menos superficialmente, pero hay diferencias importantes. Si bien tanto este que estoy comentando como el primero tienen necesidad de control y poder, Muladhara lo necesita para sobrevivir, su demonio es el miedo, así que necesita control para no activar el mecanismo de “lucha o huida”, mientras que Manipura busca poder por superioridad, sus demonios son la vergüenza y la falta de autoestima, piensa que si tiene el control la gente le va a alabar y le va a considerar su “salvador” o “salvadora”. La diferencia principal es “¿si perdieras el control, tendrías pánico y necesidad de sustento, o sentirías ira, impotencia e inferioridad?”.

Cuando Manipura está activo en exceso, nos cuesta ver más allá de nuestro propio brillo o falta de él, y opacamos implacablemente el brillo de los demás, diciéndoles siempre lo que deben hacer.

Y cuando está bloqueado o con poca energía, nos sentimos y/o actuamos como sirvientes, únicamente buscando que otros tomen nuestra energía vital y nos den ánimos para vivir, nos sentimos sumisos, actuamos con desánimo, estamos sin motivación, deprimidos, sin alegría, desconectados de nuestra voluntad, pensamos que el mundo es feliz mientras nosotros no, o demasiado veloz para la lentitud con la que nos movemos, demasiado dominante, nos cuesta confiar en nuestro fuego interno y no le hacemos caso cuando nos advierte de que algo debe ser destruido, estamos muy en la cobardía o la impotencia, negamos la transformación diciendo que son “ideales” o “imposibles en esta situación”, buscamos desesperadamente aquello que nos da sensación de entrega, aquello que nos fortalece, nos sentimos sin derecho a hacer nada de lo que hacemos y/o a empoderar nuestras capacidades (de modo que las reprimimos, aunque nos cueste esfuerzo, y siempre queremos decir “no, yo no sé hacer esto, encárgate tú”), ya sean de energía, de creación/transformación, de metabolismo, de disfrute, de poder, de gestión, de autonomía, de tecnología, de avance, de sentir emociones como euforia o ira, de salirse de los moldes, de reestructuración, de halagos, de reconocimiento, de responsabilidad o de reducción de la misma, de quemar lo viejo, de evolución, de actuar, de conversación, de novedad, de sorpresas, de “alguien que tire de mí hacia arriba” de autoestima, o de ganas de vivir, de algo que hacer u otras cosas, nos avergonzamos constantemente (o, por el contrario, evadimos la vergüenza a cualquier precio) y nuestro cuerpo está desequilibrado hacia el ardor y la eliminación, perdiendo vitalidad, fuerza e impulso. El futuro se vuelve una fuente de hastío, de rutina insatisfactoria, de desprecio, y en algunos casos extremos, de depresión y “qué habré hecho para merecer esto”, y el pasado no nos da buenos momentos con los que alegrarnos, porque parece que la impotencia no es para nada nueva, porque hasta la mayor alegría ha perdido el efecto de motivarnos o tan siquiera importarnos. Las ganas de una vida nueva, de acción, nos superan y muchas veces creamos situaciones desagradables o nos negamos a actuar para que algo cambie y no sea siempre lo mismo, aunque el resultado sea contraproducente. La rendición y la resignación (más fáciles de llevar que la conciencia de ser impotente, para muchas personas) nos comanda, y no queremos admitir que nos sentimos iracundos, menos capaces de hacer cambios en nuestra vida que los demás. Nos sentimos vapuleados y maldecidos por la vida, notamos como si continuamente estuviéramos tratando de evitar que se nos destruya, o que la inferioridad alcance a nuestros seres queridos, e intentamos mantenernos estables y aferrarnos a literalmente cualquier migaja de ánimo (incluso si eso supone aislarnos, destruir nuestras defensas y utilizar cada pedazo de autoridad para darles libertad a los más débiles, destrozando amistades e incluso la familia… tan solo para evitar las críticas y las cadenas, porque si no les damos atención no pueden restringirnos, ni tampoco tendría sentido sentir vergüenza por no poder cambiarles) para mantenernos vivos, y nos convertimos o en un esclavo sin voluntad o en un cuerpo desprovisto de energía vital, con la amenaza constante de la impotencia y lo destructivo, que puede ser tan conceptual como, por ejemplo, simplemente pensar en levantarse otro día más, o puede ser más tangible e irreparable. Cedemos la capacidad de cambiar, nos revolcamos en el sufrimiento, o lo encerramos tras muros impenetrables quizá con excesiva facilidad, ante cualquiera que pueda utilizar lo que nos importa para dañarnos, pero no porque no queramos transformarlo y convertirlo en felicidad (que sí se quiere), sino porque no creemos poder manejar la destrucción necesaria para llegar a eso por nosotros mismos, porque nos supera la inercia y decidimos que, si buscar la felicidad nos hace tanto daño, preferimos la infelicidad. Creemos que la vida no tiene sentido. Necesitamos transformar, pero nos sentimos avergonzados por no ser capaces, por quedarnos parados y dejarnos vencer por la inercia. Necesitamos poder (en el sentido de las habilidades y las circunstancias para hacer que algo suceda), pero nos lo negamos pensando en cómo será (o como fue) estar subordinados, a las órdenes de otra persona y que nos sea quitada la autoestima in posibilidad de retorno. Estamos continuamente en un gran fuego, sin saber cómo ser uno con nuestras actividades, cómo detenernos a nosotros mismos de caer en la espiral viciosa. Nos creemos seres sin carácter, o con un carácter que hemos de esconder, y pensamos que mostrar lo que podemos hacer y ser nos convertirá en blanco de injurias. Vivimos en como si fuéramos pistolas con el seguro puesto, y por ello tenemos la necesidad de controlarnos a nosotros mismos, pero al mismo tiempo sentimos que debemos probar que aún podemos hacer cosas si no estuviéramos tan… desganados. Y, cuando el mundo parece pólvora que nos está incitando a estallar, o en caso de que no haya nadie en nuestro entorno dispuesto a hacer de barrera ante las provocaciones de los demás, podemos reaccionar de dos maneras: o hacia dentro o hacia afuera, o bien “quemándonos” estando quemados internamente, cansados de todo, o con explosiones constantes de ira y enfado, que hacen derrumbarse todo alrededor. Buscamos el júbilo, la diversión y y la actividad en las pequeñas cosas fuera de nosotros y nuestra vida, lo cual puede volvernos adictos a los “me gusta”, que en realidad son un “te apruebo, valoro y halago” en el lenguaje de las redes sociales; es entonces cuando nos enfocamos demasiado en las opiniones de desconocidos, y olvidamos quiénes somos si no fingimos para la cámara o los seguidores, olvidando que lo verdaderamente importante está en el día a día. Eso no es exclusivo del internet, también ocurre en el mundo no digital cuando creemos que las opiniones de quienes llamamos “amigos” son más importantes que cualquier otra cosa y vamos en contra de nuestro instinto solo para encajar. Todos tenemos necesidad de ello, especialmente en la juventud, pero cuando el tercer chakra está muy vacío, se vuelve una carrera para escapar de la realidad en lugar de algo sano y constructivo. Nos vinculamos con cosas excitantes o con rutinas, con cualquier actividad que nos dé la sensación de “yo puedo” o “yo valgo”. Normalmente, nos consideramos inferiores a los demás, y sentimos que el liderazgo no es para nosotros, relegándonos a ser grises, uno más de la masa. En las peores circunstancias, nunca queremos probar algo nuevo y nos quedamos en la cama todo el día con pensamientos de ansiedad y deshonra. Abandonamos cualquier acto si nos causa tristeza o inferioridad, y de vez en cuando sacamos las uñas para defender lo que creemos que hacemos bien, (usualmente para defender que somos buenos en no servir para nada) pero poco a menudo, porque tenemos muy poca estima por lo que sea. Vivimos desencantados, con la actitud de “de qué me sirve a mí intentarlo”. Pensamos que estamos condenados, maldecidos y sin la posibilidad de crear un nuevo destino.

Una de las mejores maneras de saber si este chakra está desequilibrado (hacia cualquier extremo, esta es una experiencia que ocurre tanto cuando hay demasiada energía como cuando hay escasa) es preguntarnos en realidad, en lo más profundo de nuestra autoestima, más allá de todo el victimismo, la vergüenza y la inferioridad, ¿sentimos que tenemos derecho a hacer, a utilizar nuestra voluntad y a empoderarnos? ¿Nos sentimos fuertes, vigorosos y estrechamente relacionados con nuestras capacidades, nuestra autonomía, nuestra definición de nosotros mismos y todo lo externo? ¿Estamos felices, activos, importantes y tenemos conciencia de la transformación continua de la existencia? ¿Consideramos que nuestros actos son parte (y solo parte) de quienes somos? ¿Vivimos expandidos, al menos nos sentimos bien cuando estamos y somos siendo voluntariosos, poderosos, haciendo cosas por los demás? ¿Emprendemos saludablemente, se disfruta de estar proyectando, creando, planeando y diciendo “estos son mis objetivos, y así, así y así es como los voy a conseguir”? ¿Tenemos contactos conscientes, sanos y protegidos con el tema del cambio, de la destrucción y la de que las cosas necesitan desaparecer para que otras puedan surgir (uno de los temas importantes para este chakra, porque el fuego no solo destruye, sino que en medio de la destrucción crea otras cosas y transforma la energía, mueve la fuerza, aclara las fuentes y los entes de poder, nos da luz, nos ayuda a actuar y nos lleva con firmeza a cuestionarnos todo lo que creíamos, a valorar nuestras energías y a brillar desde el presente, quemando lo que ya no sirve, siendo magos y magas con la sabiduría alquímica y generando una autoestima chispeante, mostrándonos cosas de nosotros mismos que no podríamos ver sin mirar las “hogueras”, de cosas y rutinas destruidas, con su particular luz, y logrando que veamos de un nuevo modo las sombras antes ocultas, cuando había demasiada oscuridad apática o excesiva prisa para pararse y verlas, además de muchos otros beneficios, siempre que sea cambios controlados, que haya voluntad sincera y firme, y el suficiente poder personal para responsabilizarnos y actuar en consecuencia, y que sepamos que lo verdaderamente importante es “ignífugo”, eterno e inmutable, como un diamante brillando al sol)? ¿Sentimos que tenemos derecho a expresar nuestra voluntad, a decir quiénes queremos ser? ¿Tenemos claro qué hacemos realmente por voluntad propia y cuánto de ello es solamente producto de lo que pensamos que tenemos que hacer, que es nuestra obligación o algo que nos ordenan otras personas utilizando su poder sobre nosotros? ¿Nos sentimos valorados, capaces y estimados? ¿Sabemos estar felices, simplemente nosotros, parados, disfrutando de nuestra vitalidad interior y relajados en nuestra autoestima, con dicha por estar vivos, como una chimenea que resplandece en cualquier circunstancia, de forma constante y dirigida, usando la disciplina para transformarse en una calma acogedora? ¿Gestionamos las situaciones en las que debemos actuar, sabemos salir de ellas y desactivar el “modo estrés” cuando el momento para movernos pasa? ¿Tenemos nuestro propio poder, y nos sentimos válidos teniéndolo? ¿Somos divertidos? ¿Las intenciones, los objetivos, las cosas que queremos nos generan impulso, ganas, motivación? ¿Nos apreciamos? ¿Cambiamos nuestros actos, los sentimos como una magnífica expresión en el mundo de lo que hace nuestra alma? ¿Nos dejamos apreciar, aceptamos los elogios, unimos luz y oscuridad? ¿Nos permitimos arder, explotar como una bola de fuego de vez en cuando? ¿Quemamos o eliminamos todo lo que al cuerpo ya no le sirve? ¿Somos conscientes de la impetuosidad que crea la vida para que evolucionemos? ¿Somos autónomos satisfactoriamente cuando lo necesitamos? ¿Estamos equilibrados energéticamente incluso en los alborotos? ¿Estamos en el presente cuando llega el impulso de hacer algo? ¿Nos es sencillo recordar que no somos lo que conseguimos, los logros que acumulamos, sino que somos el alma que los disfruta? ¿Y sabemos transformarnos y destruirlos cuando ya no son una fuente de felicidad? ¿Creemos en el karma como medio de tomar responsabilidad? ¿Nuestro páncreas (y nuestro sistema digestivo) funciona de modo efectivo, fácil, regular y cómodo? ¿Nos sentimos conectados con las hogueras, las velas, la luz, el sol, los fogones y el fuego en general? ¿Nos gusta ir a lugares donde haya mucha luz natural o muchas luces alrededor? ¿Nos gusta sentir el calor interno de nuestro cuerpo, los fuegos artificiales de alquimia y la transformación interior que se da cuando hay combustión? ¿Hay alguna forma en la que estemos integrados y conectados con nuestro poder de asimilar, con la digestión y con nuestra propia quema interna? ¿Nos sentimos vitales? ¿En nuestra vida hay transformación constante, aprendizaje, liderazgo? ¿Tenemos autoestima, nos valoramos, nos reímos cuando hay algo divertido? ¿Nuestros proyectos son tecnológicos y se mejoran continuamente? ¿Y disfrutamos realizándolos? ¿Nos sentimos bien mostrando a los demás lo positivo que es estar en contacto con el liderazgo y el aprendizaje? ¿Somos conscientes de nuestro poder? ¿Somos plasma, poderosos y con mucho potencial interno? ¿Somos quienes estamos actuando para ser? ¿Somos uno con la energía? ¿Nos sentimos vinculados con el sol y sus ciclos? ¿Nuestra parte humana, la que necesita hacer y liderar, está activa y rebosante de salud? ¿Transformamos el poder, sublimándolo en voluntad sagrada? ¿Somos alquimistas de (y con) nosotros mismos? ¿Tomamos responsabilidad de nosotros mismos y nuestros actos, de nuestra identidad actual y pasada? ¿Conocemos el concepto de la justicia espiritual, aplicándolo? ¿Somos felices de ser personas activas, que se transforman hacia mejor?

Esas preguntas, y todas las cuestiones que puedan surgir mediante la reflexión de las respuestas, son un modo muy efectivo de saber cuán sano y equilibrado está nuestro tercer chakra, nuestro diamante, nuestra gema brillante.

Cuantas más respuestas afirmativas con más poder y energía creadora positiva cuenta Manipura (cuyo nombre, si pensamos un poco, también puede entenderse como “ser y persona sencilla y purificada”).

Este es un chakra muy valioso, esencial para saber vivir en este mundo en el que la manera más rápida de conseguir algo es actuando con un plan para conseguir ese objetivo, este lugar que pone tan a prueba nuestra autoestima en el que habitamos. Está relacionado con el quinto chakra.

Es el chakra que se desarrolla en los niños pequeños cuando aprenden a decir que no, y es importante para el desarrollo de los adultos jóvenes cuando van en pos de su carrera profesional o su propósito de vida.

Somos capaces, estamos en una vida que se transforma a cada instante y la voluntad para definir quiénes somos para poder crecer a partir de ahí e iluminar la existencia con el brillo del diamante.

Para poder evolucionar, es importante crear y destruir, actuar, recorrer la senda del poder personal, y comprender que en medio de los procesos naturales, la responsabilidad es ley, y encontrar en las súbitas chispas de nuestra hoguera interior el sol que nos da la calidez consciente de la iluminación espiritual. Es necesario tener “voluntad de hierro” (y que el amor la trabaje hasta convertirla en el acero del poder del alma), contar con gran autoestima, encontrarnos con la autonomía y prestar atención a los apegos, manejando la ira con firmeza y transformando lo que ya no sirve, lanzándolo al fuego alquímico para dejar espacio para que el aire del amor se lleve las cenizas y las metabolice como parte de nuestra vitalidad, de la energía del universo.

A ello es a lo que se dedica Manipura, el tercer chakra.

CUARTO CHAKRA-ANAHATA: SU EQUILIBRIO Y DESEQUILIBRIO por Any Pascual.

“Que no se oiga ningún sonido intenso, sino únicamente el del amor y el afecto unidos en la danza del amor que une la Tierra con los mundos superiores, y nos une entre nosotros. Todos somos hermanos, hermanas. En nuestros corazones viven las semillas de la paz, a la espera de salir al mundo. Sobre los vientos de cambio alzan el vuelo y en la profundidad de nuestro corazón exclamamos: AnahataAnahataAnahataAnahata. El sonido del amor”. Anodea Judith.

El cuarto chakra, cuyo nombre significa “íntegro”, llamado “chakra corazón”, se encuentra en el centro del pecho, a pocos centímetros de distancia del corazón en sí mismo, se identifica con el color verde y tiene doce pétalos. 

Es el chakra del amor, de la respiración, de la compasión, de la paz y la ligereza, del aire, de la sanación, del equilibrio, de las relaciones sagradas, de la afinidad y, notoriamente, de bastantes tipos de unidad tanto entre conceptos como entre nosotros y con el entorno, del equilibrio, del hogar, del viento como medio para volar con libertad, de la esperanza, del sentido del tacto, de las caricias y la fascinación, y de la cordialidad que nos hace ser generosos, ofreciendo pacíficamente nuestro tiempo y amor, de la calma y la bondad, y regula los brazos, las manos, el timo, el sistema linfático, los pulmones y el corazón, encargándose de regir el gas en general y las verduras en particular. 

Es el chakra que nos ayuda a amar y nos permite abrirnos verdaderamente a los demás, y ser compasivos y afines con todo lo que existe cuando nos notamos demasiado egocéntricos o solos; por eso, también es el chakra de la vulnerabilidad saludable, del contacto sentimental, de la búsqueda de conexión a través de la solidaridad, de la profundidad, del perdón, de la unificación, de la renovación, de la paz interior, de la abnegación, de la salud, de la aflicción, la identidad social, la auto-aceptación, y la concordia, la sustentación, el alivio, la libertad (interna y externa), los seres vivos en general, especialmente las flores, la habituación, los modales, la gratitud, los cambios suaves y paulatinos, la concepción, la naturaleza, el derecho a amar, a estar en paz, a dar y recibir, a cuidar, de la capacidad de pactar y disolver conflictos, la posibilidad de ser latidos vibrantes del amor, el ritmo de la respiración, el centro de nuestro ser, de lo que es invisible y aun así se percibe, y la relajación.

Este es el chakra de la responsabilidad social, del activismo, y también del medio-ambiente, porque el latido de nuestro corazón nos conecta con la Madre Tierra y con todos los seres terrestres.

Cuando este chakra funciona bien, nos sentimos amorosos, en armonía, pacíficos, llenos de maravillas, con buen manejo de la libertad, altruistas, cómodos con la tranquilidad, unidos, con ganas de decirles a todos cuánto les amamos y conectados con nuestro agradecimiento, manejando los aspectos sociales de la vida y disfrutando de equilibrar y equilibrarnos, vivos, vinculándonos, buscando dar, con gran capacidad de sanar y sanarnos, conscientes de que hay energía dentro de nuestro corazón y de que es gracias a esa energía que vivimos, respiramos. Equilibradamente sanos. Utilizamos nuestro amor para mejorar nuestras relaciones, sanándolas, y miramos los conflictos desde la compasión tranquila, amando incluso que no amamos, ahora o en el pasado. Somos como los vientos que, normalmente, no se reconocen ni están delante del escenario mundial, y aun así son indispensables y realizan sutilezas necesarias, con serenidad, con una delicadeza que tiene su propia fortaleza interna, aceptando, siendo bondadosos y constantes, habiendo aportado libertad y equilibrio, aire fresco, bocanadas de consciencia y afinidad. Hemos vivido mucho, nos hemos relacionado con decenas de personas, y, cuando este está sano, todas esas personalidades, todo ese amor, se juntan en el cuarto chakra y nos dan paz, unidad, un lugar en el mundo. Y gracias al amor que sentimos dentro de nosotros, podemos dar y dar, renovándonos y creciendo cada vez, con consciencia.

Todo lo que no sea ese estado de ser es un desequilibrio.

Cuando este chakra está demasiado activo, no vemos otra cosa que lo que damos, lo “buenas personas” que somos, nos obsesionamos con nuestras relaciones o con lo mucho que amamos, sentimos que somos perfectos, más cariñosos que los demás, tenemos pánico a sentirnos mal (en más de un sentido, a sentir envidia o tristeza, a no amar o no ser amados, a no tener paz mental…) necesitamos cada vez más equilibrio, cada vez más unidad, y nos obsesionamos (llegando a afligir a los demás) con la sanación y la concordia. Somos como los padres de todas las personas, nos sentimos con habilidad para calmarlo todo, para que todas las personas estén felices,para que seamos todos una unidad quieta relacionándose unos con otros regularmente, aunque no queramos ver la realidad de que la gente necesita discutir y enfadarse o independizarse unos de otros. Nos sentimos y/o actuamos como los consejeros salvadores, como alguien que siempre está calmado y ve lo mejor de todos, todos, con esperanza, como los pilares que son demasiado bondadosos para repudiar o sufrir, como personas que nunca caerán. Intentamos no enfadarnos, sonreír, decimos que “estamos bien” aunque no sea cierto. Somos sutiles e incrementamos nuestra emoción poco a poco, pero si nuestro entorno no se ha dado cuenta podemos parecer repentinos, porque cuando sobrepasamos el límite lo sobrepasamos a lo grande, cual brisa otoñal que se vuelve huracán en pocos minutos, defendiendo lo que nos importa (eso no significa que estallemos en llanto o emotividad fácilmente, sino que el amor de los seres queridos puede convertir a un perrito en un lobo), y podemos oír a nuestro corazón normalmente tierno latir con fuerza, estamos buscando continuamente ser solidarios, para reafirmar la creencia de que somos defensores o de que amamos “de la mejor forma”, nos aferramos a las personas que nos tranquilizan y nos dan amor, que son pasivas o sumisas y necesitadas (de cualquier modo, prefiriendo ayudar al desdichado antes que percatarnos de nuestros propios problemas) y nos volvemos como el aire que se enfrenta a los árboles de los que hablé en el primer chakra, o como una ventisca que hace tal ruido que no permite que escuchemos a nadie (ni siquiera a nosotros mismos) mientras intentamos caminar por en medio de ráfagas de viento intensas en las que nada permanece y todo sale volando, perdemos perspectiva y resiliencia con facilidad, desviándonos siempre hacia posiciones de “no-conflicto”, queriendo que todos nuestros “pacientes” o “hijos” nos necesiten constantemente (o si no, tenemos la actitud del nido vacío, o la de “ya no me quieres”) o, en casos más extremos en los que nuestra paz, nuestras relaciones o la posibilidad que tenemos de dar y recibir amor se ve amenazada, nos convertimos en seres vengativos que afligimos a los demás y creamos escasez de amor alrededor, o decimos “vale, ahora me voy y no obtendrás nada de mí, a ver cómo sobrevives ahí fuera sin mi amor” tan solo esperando que vengan a rogarnos, para reafirmar que únicamente nosotros sabemos cómo calmar cierta situación. No queremos ver nuestras propias necesidades, ni admitir que no somos tan calmados interiormente como parece, y nos enfrentamos a quienes intentan destruir nuestras afinidades, nuestra imagen social, porque no sabemos gestionar que las personas nos crean mundanos, o egoístas. Nos sentimos (aunque nunca vayamos a reconocerlo) afligidos e inquietos, indignos, sin esperanzas, representando un papel y vacíos por todo lo que hemos dado a otras personas, e intentamos constantemente sacar los sentimientos negativos, afligiendo y llamando “egoístas solitarios” a otras personas, cuando en realidad somos nosotros los que nos sentimos (o, en un grado menor de consciencia, nos reprimimos por no haber sido) egocéntricos, o deprimiéndonos. Un desequilibrio hacia la activación en este chakra no es tan sencillo de captar, especialmente en las mujeres, porque se supone que debemos actuar con todas las cualidades de Anahata, siendo generosas y compasivas y dando abnegadamente. Muchas veces pensamos que ser así es nuestro ideal, y reprimimos o negamos cualquier cosa contraria al pacifismo, incluso si eso supone dejar de expresar nuestra opinión o de tener deseos propios. Inclusive

Este chakra tiene muchos puntos en común con el segundo, al menos superficialmente, pero hay diferencias importantes. Uno se basa en el deseo y otro en las relaciones. Uno tiene como demonio la culpa y el otro la aflicción, entre muchos factores.

Cuando Anahata está activo en exceso, nos cuesta ver más allá de la tranquilidad o falta de ella, y desasosegamos de modo sutil a los demás para darles “amor” luego, provocando dependencia para evitar que, tanto nosotros como la otra persona, estemos desvinculados de lo que creemos que es el equilibrio.

Y cuando está bloqueado o con poca energía, nos sentimos y/o actuamos como personas sin amor, únicamente buscando la paz desesperanzadamente, nos sentimos vacíos, actuamos con egoísmo, estamos sin equilibrio, respirando agitadamente, sin contacto con nuestro corazón, desconectados de nuestra capacidad de sanar, pensamos que el mundo está tranquilo y nosotros no, o es demasiado amado para la desdicha con la que vivimos, demasiado unido, nos cuesta confiar en nuestras relaciones y no le hacemos caso cuando nos advierte de que algo debe ser amado, estamos muy en la soledad, negamos la paz y el amor diciendo que son “distracciones” o “sensiblerías”, buscamos desesperadamente aquello que nos da sensación de afinidad, nos sentimos sin derecho a amar o a establecer relaciones satisfactorias (de modo que las reprimimos, aunque nos cueste esfuerzo, y alejamos la bondad de nuestras vidas), nos afligimos constantemente (o, por el contrario, evadimos la aflicción a cualquier precio) y nuestro cuerpo está desequilibrado hacia la sutileza, parecemos tan finos como el papel y blancos como la cera, perdiendo buena asimilación, especialmente porque no respiramos bien y el corazón manda mensajes extraños. El futuro se vuelve una fuente de desamor y en algunos casos extremos, de depresión, y el pasado no nos da paz porque no nos hace sentir amor. Las ganas de una vida más tranquila y amorosa nos superan y muchas veces creamos situaciones desagradables o dolorosas para que se compadezcan de nosotros, aunque el resultado sea negativo. La negación y el egocentrismo (más fáciles de llevar que la conciencia de no ser amado, para muchas personas) nos comandan, y no queremos admitir que nos sentimos inquietos, menos dignos que los demás. Nos sentimos abandonados por la vida, notamos como si continuamente estuviéramos tratando de evitar que se nos anule, o que el pesar alcance a nuestros seres queridos, e intentamos mantenernos en paz y aferrarnos a literalmente cualquier migaja de amor. Creemos que la vida es un sufrimiento, un valle de lágrimas. Vivimos con necesidad de ser amados, aceptados y estar relacionados con la gente, como el corazón. Pensamos que estamos secos, que somos monstruos en un mundo que no es el nuestro y tenemos mucha angustia.

Una de las mejores maneras de saber si este chakra está desequilibrado (hacia cualquier extremo, esta es una experiencia que ocurre tanto cuando hay demasiada energía como cuando hay escasa) es preguntarnos en realidad, en lo más profundo de nuestra autoestima, más allá de todo el victimismo, la vergüenza y la inferioridad, ¿sentimos que tenemos derecho a amar y ser amados, a ser estar y crear paz y a ser tan libres como el aire? ¿Somos compasivos? ¿Nos relacionamos desde el amor y el respeto? ¿Nos sentimos unidos a quienes nos rodean? ¿Nuestro corazón funciona bien, en todos los sentidos? ¿Respiramos profundamente a menudo? ¿Agradecemos?

Esas preguntas, y todas las cuestiones que puedan surgir mediante la reflexión de las respuestas, es un modo muy efectivo de saber cuán sano y equilibrado está nuestro tercer chakra, nuestro corazón, nuestro centro íntegro.

Cuanta más positiva y confiada, y honesta, sea la respuesta, con más poder y energía creadora positiva cuenta Anahata.

Este es el chakra central, esencial para saber amar la vida en este mundo y respetar a los seres, para vivir en sociedad, estas relaciones, este entramado de personas, que nos provocan y retan nuestra afinidad, que nos hacen de espejo y nos ayudan a sanar. Está relacionado con todos los chakras, porque es en su energía donde comienza la espiral de la consciencia, el latido del corazón es la primera manifestación de vida y la primera respiración es lo que nos da la bienvenida cuando nacemos.

Es el chakra que se desarrolla en los niños pequeños cuando están en la etapa infantil (la etapa en la que se empiezan a relacionar con otras personas), y es importante para el gran salto de fe y consciencia que supone que un adulto se haga cargo de un niño, sea biológico o no, en la edad en la que llega el instinto maternal o paternal.

Somos íntegros, estamos en una vida que se basa en el amor y en los ciclos de la respiración, y podemos sanar, podemos crear afinidad en nuestras relaciones, podemos ser uno con el Amor Universal que está en nosotros, que siempre ha estado ahí. Somos equilibrio, ya es hora de conectar con nuestro corazón pacífico para que sus ráfagas continuas renovadoras de vida nos liberen y nos impulsen volando con suavidad hacia mayor evolución, hacia la compasión que da el amar en paz e integridad a todos los seres del planeta, dándoles el aliento y el latido cariñoso que piden, y recibiéndolos multiplicados, para aceptar y alentar el crecimiento espiritual de cada ser hasta que todos seamos uno, en sintonía, vibrando y respirando al ritmo de un latido universal.

Para poder evolucionar, es importante contar con un corazón íntegro, amar, recorrer la senda de la paz interior que viene de respirar, y comprender que, durante toda la existencia de todos los mundos, el amor es la fuerza principal, la fuerza más poderosa del Universo, la base que permite la creación, sustentación y transformación de todo lo que existe, y encontrar en las corrientes continuas de nuestros vientos interiores el pulso de origen que nos da el equilibrio consciente de la unidad espiritual. Es necesario tener compasión (y que la paz y el amor propio nos permitan perdonarnos a nosotros mismos), contar con relaciones afines, conectarnos con la respiración y apreciando y agradeciendo todo lo bueno, manejando la aflicción con esperanzas y transformando dejando volar el amor, esparciendo las semillas de la paz, danzando en medio de la brisa, aligerándonos para equilibrarnos y permitiendo que aire del amor que está por todas partes sin fin nos conecte entre todos, y enlace nuestras almas para revivir este planeta al que llamamos hogar.

A ello es a lo que se dedica Anahata, el cuarto chakra.

QUINTO CHAKRA-VISUDDHA: SU EQUILIBRIO Y DESEQUILIBRIO por Any Pascual.

“Los sonidos se convierten en palabras y las palabras en música, girando sobre las ruedas de la vida. Guiándonos a lo largo del camino, emocionando nuestro espíritu. Haz salir la voz que encierras dentro de ti. Allí debemos comenzar. Desde el silencio, la respiración y el cuerpo, invocando ahora al vacío. Oye su respuesta en la oscuridad; el miedo y el dolor han quedado destruidos”. Anodea Judith.

El quinto chakra, cuyo nombre significa “purificación”, llamado “chakra garganta”, se encuentra en el cuello, a pocos centímetros de la barbilla, se identifica con el color azul brillante y tiene dieciséis pétalos. 

Es el chakra de la comunicación, de la telepatía, del sonido, de la creatividad y la vibración, del éter, de los mantras, de la síntesis de ideas en símbolos, de la purificación, de la resonancia y, notoriamente, de bastantes tipos de artes que usan el sonido y el lenguaje, de los medios como la televisión, de la expresión de nuestro ser, del silencio, de los cánticos que nos guían y despiertan nuestra consciencia, de la verdad y de la voz, de la profundización del vacío, del sentido del oído, de la integridad y la capacidad de compartir, y del poder de las palabras para crear la realidad, de la apertura, de la música y la escritura, de cualquier actividad simbólica que pueda compartirse con los demás, la palabra hablada, y regula los hombros, el cuello, la tiroides, las cuerdas vocales, la garganta, los oídos y la boca, encargándose de regir el crecimiento, la vibración en general y las frutas en particular. 

Es el chakra que nos ayuda a expresarnos y nos permite ser escuchados por los demás, y ser dinámicamente creativos y comunicativos con todo lo que existe cuando nos notamos demasiado restringidos y mecánicos; por eso, también es el chakra de la apertura ilimitada, del contacto telepático, de la búsqueda de conexión a través de la consciencia unida, del cuerpo etérico, de la impecabilidad, de la comunidad, de la creación de conceptos, de la mensajería, de la enseñanza, de la mentira, de la identidad creativa, la auto-expresión, y los puntos de vista compartidos, de la traducción, la honradez, la multiplicidad, la expansión a todos los puntos del planeta, la difusión, la capacidad de saber qué está ocurriendo y a quién, las preguntas y las respuestas, el diálogo tanto interno como externo, el nombramiento, la clarificación, el derecho a hablar y ser escuchado, a compartir, a crear y a ser influenciados, de la capacidad de encontrar puntos comunes, del comercio, la posibilidad de ser expresiones del sonido y la vibración silenciosa a través de la cual se originó todo, de la sabiduría de la Ley de Atracción, de la comunicación no verbal, de lo que es invisible y aun así, causa efectos, de las ondas y la especificación en el momento de crear nuestra realidad.

Este es el chakra de la responsabilidad creativa, del poder de nuestras palabras, y también de las redes sociales, al ser un medio para comunicarnos y compartir con otros, porque cuando sentimos deseos de interactuar y creamos para que otros lo disfruten es cuando el éter ilimitado se vuelve sonido y después arte.

Cuando este chakra funciona bien, nos sentimos creativos, en resonancia, expandidos, llenos de mensajes, con buen manejo de las palabras, conocedores de las vibraciones invisibles, cómodos con la transmisión de nuestro saber, con acceso a toda la información que necesitamos, fieles a nuestras verdades y con elocuencia para comunicarnos, manejando los aspectos de la vida que requieren entendimiento entre varias personas y disfrutando de nuestras capacidades extrasensoriales, buscando compartir, con gran capacidad de escuchar y escucharnos, conscientes de que nuestra garganta sabe qué debemos decir y qué no y de que es gracias a esas palabras que concretamos y compartimos lo que imaginamos y pensamos para que otras personas puedan comprender. Comunicativamente sanos, siempre decimos lo que pensamos con amor y respeto. Utilizamos nuestra creatividad para mejorar nuestras relaciones, diciendo sí o no, y haciendo planes y miramos los conflictos desde la integridad con lo que decimos, desde una resonancia que nos hace parecernos cada vez más entre nosotros. Somos como sonidos armónicos que, casi siempre, son continuos y rítmicos, ondulantes y variando siempre dentro de un mismo patrón, y necesitan silencio y tranquilidad, receptividad, para ser escuchados, que nos transmiten más información acerca del entorno, o si no solo se notan cuando desaparecen, o cuando hay vibraciones demasiado dispares. Hemos vivido mucho, nos hemos dicho billones de mensajes, y, cuando este está sano, todas esas vibraciones, todas esas palabras, se juntan en el quinto chakra y nos dan creatividad, entrelazamiento, nuevos descubrimientos y motivos para compartir, confianza en que lo que comunicamos es cierto y ayuda. Y gracias a la comunicación constructiva dentro de nosotros, podemos decir y ser creativos, elevando nuestra vibración y escogiendo aquello que queremos en nuestras vidas, aquella clase de comunicación que no tiene por qué ser con palabras, sino con vibraciones, con consciencia.

Todo lo que no sea ese estado de ser es un desequilibrio.

Cuando este chakra está demasiado activo, no vemos otra cosa que lo que creamos, lo “especiales” que somos, nos obsesionamos con nuestras palabras, sentimos que somos lo que decimos y no lo que hacemos, más centrados y libres que los demás, tenemos pánico a sentirnos silenciosos (en más de un sentido, también creativamente) necesitamos cada vez más mensajes, cada vez más vibración, y nos obsesionamos (llegando a mentir a los demás) con los discursos y la cultura, con ser “lenguas de plata”. Somos como los políticos, que se creen superiores al pueblo, falseando la verdad y haciendo promesas “de boquilla” nos sentimos con habilidad para convencer a todos, para que todas las personas estén enfocadas en un mismo asunto sin ver más allá, para que los demás sean ciudadanos sin voz que no tienen derecho a expresar opiniones diferentes, somos personas que censuramos y aislamos aunque no queramos escuchar la realidad de que la gente necesita comunicarse y tener opiniones alternativas, vibrar en muchas frecuencias. Nos sentimos y/o actuamos como los presidentes, como alguien cuya palabra es ley y a los que siempre debe permitirse opinar, como personas que dicen la verdad. Intentamos no equivocarnos ni dudar, utilizamos palabras confusas para que no se nos entienda, y odiamos el silencio. Somos proponedores de miles de cosas, y nunca llevamos nada hasta el final e, incluso, a veces, el saber que estamos hablando y proyectando no nos permite escuchar qué es lo que estamos diciendo, o nos da igual, y otros no nos escuchan porque les parece que decimos “bla, bla, bla” continuamente y podemos notar la voz ronca o monótona, estamos buscando continuamente compartir lo que pensamos, para reafirmar la creencia de que somos más creativos y buenos comunicando o de que nos expresamos “de la mejor forma”, nos aferramos a las personas que nos permiten decir y crear lo que queremos, que no nos imponen su opinión, y nos volvemos como un éter egoico, que registra todas las palabras y todos los detalles sutiles, perdemos perspectiva y verdad, y un sentido global de las cosas, con facilidad, desviándonos siempre hacia posiciones de “no-vacío”, queriendo que todo el “pueblo” nos escuchen o, en casos más extremos en los que nuestra comunicación, nuestra influencia o la posibilidad que tenemos de ser creativos se ve amenazada, nos convertimos en seres que mentimos a los demás y creamos escasez de guía, o fomentamos el estilo de vida “pan y circo” para tenerlos a todos callados tan solo esperando que vengan a escuchar lo que tenemos que decir. 

Cuando Visuddha está activo en exceso, nos cuesta ver más allá de la creatividad o falta de ella, y mentimos de modo sutil a los demás para darles comunicación insuficiente e insana luego, provocando credulidad y rigidez.

Y cuando está bloqueado o con poca energía, nos sentimos y/o actuamos como personas sin voz ni voto, únicamente buscando la purificación con necesidad acuciante, nos sentimos vacíos, y pensamos que el mundo nos miente, desconfiamos de la vibración y nos sentimos sin derecho a crear nada ni hablar, dudando de que tengamos algo interesante que decir, y tartamudeamos, además de tener poca flexibilidad. No nos consideramos creativos, y tenemos miedo a expresarnos y a hablar en público, entre otras manifestaciones de desequilibrio hacia la escasez.

Una de las mejores maneras de saber si este chakra está desequilibrado (hacia cualquier extremo, esta es una experiencia que ocurre tanto cuando hay demasiada energía como cuando hay escasa) es preguntarnos en realidad, en lo más profundo de nuestra comunicación, más allá de todo el sonido innecesario, la mentira y la aparente mecanización de todo, ¿sentimos que tenemos derecho a hablar y a ser escuchados, a ser creativos y a ser infinitos y múltiples como el éter? ¿Somos telepáticos? ¿Nos relacionamos desde las palabras impecables?

Esas preguntas, y todas las cuestiones que puedan surgir mediante la reflexión de las respuestas, es un modo muy efectivo de saber cuán sano y equilibrado está nuestro quinto chakra, nuestra garganta, nuestra purificación.

Cuanto más positiva y confiada, y honesta, sea la respuesta, con más poder y energía creadora positiva cuenta Visuddha.

Este es un chakra clave, esencial para saber expresar la verdad del amor con pureza creativa y para vibrar alto en este mundo y para comunicarnos con todos los seres desde la equidad, para resonar con los mensajes de bondad de esta humanidad, este medio de expresión, que nos afecta y cambia nuestra vibración, que nos permite crear y comunicar nuestra telepatía y nuestros dones. Está relacionado con el tercer chakra, porque se precisa voluntad para ser quienes somos y decirlo.

Es el chakra que se desarrolla en los niños cuando están en primaria, todo el tiempo entre los siete años y los doce, porque es cuando se comunican con mayor destreza y pureza al mismo tiempo, cuando ya tienen las habilidades para llevar a buen puerto sus proyectos creativos, y es importante para cuando los trabajadores están en una reunión o presentan nuevos proyectos, y también para cuando una madre o un padre tiene que explicarle al mundo las necesidades de su hijo o hija.

Somos puros, impecables, estamos en una vida que vibra y se comunica constantemente, en una vida que también es etérica e invisible, y podemos hablar, podemos crear telepatía con el entorno, podemos decir lo que queremos en nuestras relaciones, podemos ser uno con lo Creativo (yo prefiero llamar al Creador así) que está en nosotros, que siempre ha estado ahí, soportándolo todo y continuando sin desfallecer con su actitud de “ey, ¿y si hacemos esto? ¿qué tal si lo hacemos de otro modo?”. Somos vibración, ya es hora de conectar con el sonido del silencio para que su música llena de mantras ondulantes que hacen girar las ruedas de la vida nos permita ser artistas de nuestra propia vida y nos conecten con el éter, cada vez hacia mayor evolución, hacia la comunicación más importante que existe, la comunicación con el Universo que hay dentro de nosotros, consiguiendo integrar todo nuestro ser en una misma frecuencia que está resonando con cada célula, con cada ser humano, en la frecuencia del Amor, para resonar y sincronizar los aspectos sutiles de cada ser, facilitando el crecimiento espiritual de cada ser hasta que vibremos todos a una con consciencia.

Para poder evolucionar, es importante contar con palabras verdaderas, bellas y buenas, comunicarnos con pureza, recorrer la senda de la expresión bondadosa y creativa interior, que viene de nuestra vibración, y comprender que, desde el principio mismo de los tiempos, las palabras crean la realidad, las palabras tienen una vibración, un sonido que genera cambios, una creatividad que nace del éter eterno, que purifica, une y armoniza resonando en ecos constantes, hasta que nuestra voz, nuestra respiración y nuestro cuerpo se unifican y emocionan, guiados por la música, y luego ese sonido creador va entrando más y más, convirtiéndose en un vacío pleno, en la nada de la que se crea todo, con ecos de la vibración purificada, con ecos de la profunda verdad que se halla en la escucha atenta del silencio de la comunicación espiritual. Es necesario tener vibraciones creativas (y saber verdaderamente que todo lo que comunicamos son castillos hechos con la arena de la Vida y que, algún día, volverán a ser parte indistinta de la Consciencia Pura, como cuando llega una ola a la playa), contar con relaciones que resuenen con nosotros, conectar con las capacidades extrasensoriales con las que todos contamos, manejando la mentira con fe en nuestra verdad y sintiendo las vibraciones positivas que nos rodean, emergiendo todo del Amor y regresando al Amor, multiplicándose y cantando, silenciándonos para que podamos escuchar el ritmo de la existencia y permitiendo que la comunicación sagrada que nos rodea transmita las creaciones benditas del cosmos y nosotros podamos compartir la verdad de nuestros dones, el sonido de nuestras voces entonando los mantras originarios, escuchándonos a todos resonar y retornar al silencio puro e ilimitado del vacío tranquilo del que nuestras almas surgieron al principio.

A ello es a lo que se dedica Visuddha, el quinto chakra.

SEXTO CHAKRA-AJNA: SU EQUILIBRIO Y DESEQUILIBRIO por Any Pascual.

“Nos abrimos por dentro, observamos y esperamos, mientras las visiones de la sabiduría marcan nuestro destino. La iluminación muestra el camino, nuestra luz interior convierte la noche en día. Y a pesar de que la oscuridad regresará, no le tememos porque hemos aprendido de qué forma oscuridad y luz se combinan para definir los patrones. Oscuridad y luz, noche y día. En nuestra mente iluminamos el camino”. Anodea Judith.

El sexto chakra, cuyo nombre significa “centro de mando”, llamado “chakra tercer ojo”, se encuentra en el centro de la cabeza, entre las cejas, a pocos centímetros de los ojos (lo cual es lo que le ha dado ese sobrenombre común), se identifica con el color índigo y tiene dos pétalos. 

Es el chakra de la imaginación, de la intuición, de la luz, de la clarividencia y la visualización, del color, de la visión ocular física, de las imágenes, de la percepción, del orden y, notoriamente, de la visión mental que es vital para innovar, de los hologramas y la teoría holográfica, de la visión interior que nos revela quiénes somos realmente, de la oscuridad, de las imágenes mentales que solo son reflejos inexactos y sesgados de nosotros mismos, de la inmovilidad tranquila, de la inteligencia y de la memoria, del origen de todas las cosas en donde está todo y no está nada, de aquello en nosotros que no sabe y sabe al mismo tiempo, de la ignorancia y la sabiduría, del sentido de la vista y los ojos, del significado y los patrones, y del poder de nuestra visión cuya luz nos abre y cuya oscuridad es necesaria para ordenar y relajarnos (para que existan los colores, para que defina y podamos comprender lo que vemos en medio de la luz), de la relación entre figura y forma, de la comprensión, del código, de nuestra “pantalla” mental, y regula la base del cráneo, el entrecejo, los ojos, la glándula pineal, encargándose de regir la sugestión positiva, las conexiones neuronales, la luminiscencia en general y los enteógenos en particular. 

Es el chakra que nos ayuda a ver, en todos los sentidos, y nos permite que nuestra luz brille con claridad y suavidad y comprender las imágenes emitidas por los demás, y ser intuitivamente imaginativos cuando nos notamos demasiado perdidos o muy en la oscuridad; por eso, también es el chakra de la trascendencia del espacio-tiempo, de la cualidad de ser visionarios, de la búsqueda de conexión a través de los arquetipos como patrones, de la inteligencia colectiva, de la proyección, de la recepción de sabiduría, del cine, de los sueños, de la ilusión entendida como un falso velo que puede parecer hermoso e incluso fascinante pero no nos deja ver la verdad, de la identidad arquetípica, la introspección, de la interpretación de metáforas, la contemplación, las relaciones espaciales, la simultaneidad de lo externo y lo interno, la lectura “entre líneas”, la capacidad de comprender y asimilar múltiples campos sutiles superpuestos (como por ejemplo los sentimientos de una persona y su aura), las consultas precisas, el “darse cuenta” de algo repentinamente, el subconsciente, el derecho a ver, incluso lo que no queremos, a idear, a percibir, a organizar la información e interpretarla, a imaginar y a estar en contacto con nuestra intuición, a visualizar y a llenar nuestra vida de cuanta luz y cuantos colores que queramos, de la capacidad de “encontrarle sentido” al mundo, la posibilidad de ser imaginadores e imaginados de la luz y la oscuridad que existían al principio, de la sabiduría de la Visualización Creativa, de la precognición y la visión remota, de lo que es invisible y comprensible, de la meditación y la magia, especialmente la mental.

Este es el chakra de la responsabilidad sobre lo que imaginamos y sobre nuestro poder psíquico, del poder de nuestros sueños, y de los mensajes que canalizamos.

Cuando este chakra funciona bien, nos sentimos abiertos a nuevas ideas, visionarios, ilimitados, llenos de imaginación, con buen manejo de las imágenes mentales, capaces de visualizar, conocedores de los múltiples planos de la existencia, cómodos con nuestras capacidades psíquicas y con todo aquello que experimentamos sensiblemente a través de ellas, con acceso a los patrones que están por todas partes, fieles a nuestro “sexto sentido”, manejando los aspectos de la vida que requieren comprensión de nosotros mismos, buscando aclarar, con gran capacidad de “ver” como son los demás y de entenderlos gracias a nuestro propio entendimiento, conscientes de que nuestros ojos físicos son una extensión útil de nuestros ojos mentales y de que es gracias a esa vista que recibimos información para que podamos elaborar modelos a partir de los cuales expresarnos, amar, actuar, sentir y tener. Imaginativamente sanos, siempre creamos mundos dentro de nuestra cabeza en positivo y con amor, buscando el bien común. Utilizamos nuestra intuición para mejorar nuestras relaciones, sabiendo cuándo intervenir y cuándo no, cuándo ser luz y cuando oscuridad, cuándo ceñirnos a lo que nos dice nuestra mente y cuándo ser espontáneos, viendo más detalles que los demás, y miramos los conflictos desde la tranquilidad de saber que dentro de nosotros todo está bien, desde la consciencia de que nosotros somos cocreadores de todo lo que pasa, y desde la reflexión para saber que si queremos que haya luz en nuestras vidas un buen primer paso es empezar por nosotros, y para decidir si, en un momento dado, queremos seguir actuando de modo subconsciente (o arquetípico, como nos han dicho que tenemos que hacerlo) o si preferimos ejercer nuestro libre albedrío y ser nosotros mismos de verdad. Somos como faroles o velas que, casi siempre, iluminan la oscuridad y nos dirigen, constantes y suaves, llevándonos a nuevos lugares y mostrándonos el tiempo tanto pasado como futuro, diciéndole al mundo que existimos, dejando que nos vean, brillando con todos los colores, que nos dan claridad y brillan sin opacar la luz de los demás. Hemos vivido mucho, hemos creado millones o billones de realidades mentales, y, cuando este chakra está sano, todas esas visiones, toda esa imaginación, se juntan en el sexto chakra y nos dan introspección, luz interior, intuiciones e instintos acertados, confianza en nuestra capacidad de innovar, claridad de visión e interés por comprender. Y gracias a la comprensión del mundo interno que hay dentro de nosotros, podemos decir y ser clarividentes, elevando nuestra visión mental y escogiendo aquello que queremos ver y ser, aquella clase de luz en la que nos queremos convertir, que va más allá de cualquier descripción y que también se encuentra con la oscuridad en sí misma sin temor. Nos sentimos bien estando encarnados y conectando con los niveles superiores de consciencia al mismo tiempo, sentimos que estamos bien aquí y que aportamos mucho al mundo con nuestras ideas. Sabemos cuál es nuestro verdadero propósito de vida y actuamos en consecuencia con amor y respeto, alcanzando nuestro dharma y permitiendo a los demás conocer el suyo a su propio ritmo, bondadosamente ayudando si nos lo piden y alejándonos si no.

Todo lo que no sea ese estado de ser es un desequilibrio.

Cuando este chakra está demasiado activo, no vemos otra cosa que lo que imaginamos, lo hermosas que son nuestras interpretaciones de la vida, nos obsesionamos con nuestras intuiciones, con que somos visionarios, sentimos que somos lo que visualizamos, aquel futuro o pasado o concepto con el que estamos fascinados, y no la verdad de nuestra vida actual, más clarividentes e inteligentes que los demás, tenemos pánico a sentirnos obnubilados y desconcertados (y a que haya mensajes, o reacciones, contradictorios, confusos o imprevistos, algo que “no encaje” con lo que nosotros pensamos que es la realidad, tanto internamente como externamente) necesitamos cada vez más patrones, cada vez más luz con la que alumbrar (lo cual no es lo mismo que iluminar) la existencia, y nos obsesionamos (llegando a ser hábiles ilusionistas) con crear un mundo que creemos mejor que este, con ser clarividentes, más perceptivos que los demás, forzando al máximo o incluso fingiendo nuestras capacidades, convirtiéndolas en algo falso y sin alma. Somos como haces de luz intensos, como flashes o láseres, que nos creemos más poderosos o sabios que otras lucecitas, revelamos las cosas sin piedad o empatía, viendo lo más recóndito y deleitándonos en descubrir secretos que a veces no es buena idea destapar y cegando a todos con nuestro resplandor para que no puedan ver la verdad, para que se pongan una venda delante de los ojos, confíen ciegamente y crean que lo que expresamos es inteligente o ingenioso, dejándose guiar como tontos a donde nosotros queramos, y nos sentimos con habilidad para crear hologramas, para “colorear” la vida a nuestro antojo y hacer creer a la gente que algo es verdad y real cuando solamente es una construcción de nuestra mente, para limitar a los demás y evitar que imaginen su propia realidad, para reglamentar (y sistematizar en exceso) las capacidades extrasensoriales de todos, de modo que las nuestras sobresalgan, somos personas que aparentamos y complicamos innecesariamente los conocimientos que nos dice nuestra intuición, que queremos que todo se ajuste a un patrón establecido aunque no queramos ver la realidad de que la intuición es la causa y el efecto de pensar “fuera de los esquemas”, la realidad de que las personas necesitan innovar y salirse de la norma, existir más allá del aquí y ahora. Nos sentimos y/o actuamos tanto como los focos del mundo tanto como la persona bajo los focos, como alguien que decide qué es lo importante y qué no, qué ha de verse y qué ha de quedar en el olvido y a los que siempre debe permitirse ver la vida como quieran, como personas que transmiten luz. Intentamos entenderlo todo, odiamos no saber cómo responder en una situación, odiamos la oscuridad interna y externa, y sufrimos pesadillas, dolores de cabeza frecuentes y terrores nocturnos, además de dolencias de los ojos, y necesitamos gafas. Nuestra mente siempre está ocupada, y nos da pánico vaciarla o librarnos de creencias, porque ¿quién seríamos si no supiésemos esto, si no creyésemos esto otro?, y nunca queremos llevar nada a la realidad de lo que imaginamos, porque creemos que la vida nunca va a ser tan buena como lo que puebla nuestra mente, e, incluso, a veces, nos negamos en rotundo a experimentar cosas en persona y preferimos repetir las miles de variaciones de esa experiencia, visualizarla sin actuar, para que no nos decepcione. Nuestra mente se centra en un tema intelectual, nos volvemos eruditos y no queremos tener otros puntos de vista, (es fascinante cuántas expresiones populares existen que se pueden aplicar a los atributos de este chakra. La cultura ancestral sabe mucho más de lo que aparenta…), estamos buscando continuamente estructurar, o por el contrario huimos de cualquier intento de encasillarnos, para reafirmar la creencia de que somos más visionarios, más conocedores del mundo o de que nuestros dones funcionan “de la mejor forma”, nos aferramos a las personas que nos enseñan lo que queremos saber, o a las personas a las que “enseñamos” todo lo que conocemos, que no compiten con nosotros, y nos volvemos como una luz artificial, que nos encasilla a todos, especialmente a nosotros mismos, en un arquetipo y crea sombras chinescas más grandes de lo que son para que no salgamos a explorar y no nos encontremos con la paz que da liberarse de todo lo que (nos) hemos creído, perdemos perspectiva y cordura, y un sentido presente del mundo, un sentido de la existencia de cada libre albedrío, con facilidad, desviándonos siempre hacia posiciones de “no-ignorancia”, de “no-oscuridad”, queriendo hacer que brille el mundo con el conocimiento de la mente para que podamos dictar lo que es cierto, o, en casos más extremos en los que nuestra imaginación, nuestra intuición o la posibilidad que tenemos de saber sobre la vida se ve amenazada, cuando nos sentimos como alguien ignorante, nos convertimos en seres que creamos ilusiones a los demás (en todos los sentidos de la palabra) y les abrimos la puerta que, nosotros pensamos, tanto buscaban, a la oscuridad, a sus temores, a la incertidumbre, o fomentamos el estilo de vida demasiado new age para tenerlos a todos viendo por una mirilla la realidad y repitiendo cosas que para ellos no tienen sentido, tan solo esperando que alguien ordene sus ideas de modo luminoso y nítido. Creemos que hemos venido a la Tierra a enseñar algo o a ser guías abanderados de “cómo ser seres humanos evolucionados”, y muchas veces imponemos ese conocimiento (que no es sabiduría, en absoluto) a quien no está receptivo para comprenderlo.

Cuando Ajna está activo en exceso, nos cuesta ver más allá de nuestra imaginación, del color interno, de lo que existe en nuestro mundo interior, y creamos ilusiones con sutileza para vivir en ese mundo de nuestra mente (el cual, he de señalar, solo parece estar en nuestra cabeza a ojos de los demás, porque muchas veces estamos contactando con otros planos inmanifiestos que nos transmiten conocimientos a través de la intuición) y dejamos de lado a los demás para, cuando somos requeridos, mostrar algo de lo que hay, compartir alguna visualización, una canalización o tomar una decisión espiritual, y luego volver a nuestro mundo, un mundo casi ilimitado sin barreras y, por tanto, sin nada tangible o sentimental a lo que vincularnos más que nosotros mismos. Como sabemos (hasta cierto punto) todo lo que existe, decidimos que no queremos estar solamente aquí y ahora, decidimos que el mundo, o los mundos, dentro de nosotros son mejores, y no queremos salir.

Y cuando está bloqueado o con poca energía, nos sentimos y/o actuamos como personas sin imaginación, estancadas aquí, únicamente buscando la luz con necesidad acuciante, porque creemos que vivimos en un mundo oscuro. Nos sentimos oscuros nosotros mismos, de hecho, y pensamos que “si no quieres decepciones, no te hagas ilusiones”, pero eso es una ilusión, desconfiamos de la intuición (muchas veces pensamos que eso no existe, y otros creemos que la hemos perdido al dejar atrás la infancia) y nos sentimos sin derecho a ver nada que no sea tangible o al menos medible, no recordamos nuestros sueños o nos parece que no tienen sentido, y nos quedamos estancados en las formas de pensar que conocemos, aferrándonos a tradiciones con las que en realidad no estamos de acuerdo, además de pensar que no hay nadie como nosotros, o que nunca encajamos en ningún sitio. No nos consideramos personas coloridas sino grises, que no se percatan de nada, nos consideramos tontos, y tenemos miedo a lo que no comprendemos y a lo que no tiene explicación científica, o pensamos que algo que percibimos es espiritual cuando se trata de nuestro propio ego o de entidades de muy baja vibración que no son amorosas, y nos aterra iluminarnos de golpe por tener que dejar de ser quienes creemos, preferimos seguir sufriendo, sin un motivo ni una visión personal que nos guíe para evolucionar, sin un propósito de vida, entre otras manifestaciones de desequilibrio hacia la escasez.

Una de las mejores maneras de saber si este chakra está desequilibrado (hacia cualquier extremo, esta es una experiencia que ocurre tanto cuando hay demasiada energía como cuando hay escasa) es preguntarnos en realidad, en lo más profundo de nuestra intuición, más allá de todo el brillo falso, las ilusiones y el aparente sinsentido de todo, ¿sentimos que tenemos derecho a ver lo que vemos y a imaginar lo que imaginamos, a ser intuitivos y a ir más allá del tiempo, a ser muchas cosas a la vez, a ser coloridos e incoloros como la luz, a iluminar? ¿Somos clarividentes, médiums, canalizadores o algo parecido? ¿Nos relacionamos desde la combinación de luz y oscuridad? ¿Nos sentimos cómodos a oscuras? ¿Hacemos uso de la introspección? ¿Sabemos que dentro de nosotros están todas las respuestas?

Esas preguntas, y todas las cuestiones que puedan surgir mediante la reflexión de las respuestas, es un modo muy efectivo de saber cuán sano y equilibrado está nuestro sexto chakra, nuestro tercer ojo, nuestro centro de comando.

Cuanto más positiva y confiada, y verdadera, en presente y en la realidad, sean la respuestas, con más poder y energía creadora positiva cuenta Anja.

Este es un chakra clave, esencial para saber ver con claridad la luz verdadera de la existencia con los colores de nuestra imaginación y para visualizar en positivo en este mundo, y para contactar con seres de otros planos superiores, para comprender el poder de nuestra mente, esta maravilla única, que nos permite crear hologramas y trascender más allá de las limitaciones humanas, que nos permite crear y comunicar nuestra clarividencia con visión. Está relacionado con el segundo chakra, y también con el quinto y el séptimo.

Es el chakra que se desarrolla en la pubertad, porque es cuando tenemos que empezar a mirar más allá de nuestro cascarón y es cuando nos sentimos tan ahogados por la rutina que comenzamos a fantasear y a buscar salir de nuestra vida con cambios de consciencia, son los momentos más cambiantes, y es importante para cuando empezamos a envejecer y también para cuando escogemos crecer en consciencia.

Somos luz, observamos e intuimos, iluminamos, estamos en una vida llena de color y con más planos sutiles de los que pensamos, en una vida que también es luz, que ve y es vista, que conoce y es conocida, y podemos ver con claridad, podemos trascender, podemos crear clarividencia, podemos ser imaginativos en nuestras relaciones, podemos ser lo que queramos, como la luz que es un color y los es todos, que surge de saber de dónde venimos, de querer actuar y crear algo más a partir de un mero pensamiento, de buscar conocer y comprendernos. Somos luminiscencia, ya es hora de iluminar nuestra propia alma e integrar las sombras de la oscuridad del ego, sabiendo que es necesario y amando quienes fuimos y quienes seremos con el propósito de vida que guardamos muy dentro de nosotros, sabiéndonos introspectivamente guiados por nuestra intuición, sabiendo que todo lo que está en nuestra mente es, de un modo u otro, una imagen clara y limpia de la magia creativa de nuestra alma, de lo que realmente somos, seres de luz, cada vez hacia mayor consciencia y evolución, hasta cumplir con nuestro plan del alma y volver a la oscuridad ahora iluminada, iluminada por el verdadero brillo que emana de un ser completo, un ser que ha conseguido eliminar las dudas y volverse figura y forma, la forma del Amor.

Para poder evolucionar, es importante contar con una mente clara que nos lo permita, recorrer la senda de la intuición, y comprender que, desde el principio mismo de los tiempos, hemos visualizado lo que somos y hemos convertido nuestra luz en bellos colores armoniosos. Todo está bien. Nuestra intuición es correcta y vemos la verdad de modo que podamos compartirla según descendemos por los chakras. Somos luz y somos oscuridad, combinándose para crear los patrones de la energía sagrada con sentido gracias a los cuales podemos comprender e integrar el infinito que se abre ante nuestros ojos, el infinito luminoso de nuestro Ser verdadero y eterno, más allá de todo espacio y tiempo.

A ello es a lo que se dedica Ajna, el sexto chakra.

SÉPTIMO CHAKRA-SAHASRARA: SU EQUILIBRIO Y DESEQUILIBRIO

“Poseemos la llave de nuestra mente, y desvelaremos misterios, puertas hacia los mundos de más allá. Nos unimos en un espacio sagrado y de paz”. Anodea Judith.

El séptimo chakra, Sahasrara, cuyo nombre significa “mil veces” o “multiplicado por mil”, llamado “chakra corona”, se encuentra en la parte superior de la cabeza, cerca de la coronilla (que es uno de los motivos por los que se le da ese sobrenombre), se identifica con el color violeta o blanco y tiene mil pétalos.

Es el chakra de la dicha, de la comprensión, del pensamiento, de la meditación y la trascendencia, de la información, del conocimiento, del aprendizaje, de la sabiduría, de la inmanencia y, notoriamente, de la consciencia que supera todos los límites, del significado de la vida, del alma, de lo sagrado y lo divino, de la mente, de la iluminación, de la liberación, del infinito, de la esencia, de la capacidad de controlar nuestros pensamientos, de aquello en nosotros que es eterno y no cambia ni se pierde, de la perspicacia y la curiosidad, del cerebro y las neuronas, de la omnipotencia y omnipresencia, y de la consciencia cósmica o superior, de la apertura a cualquier cosa instantáneamente, del funcionamiento espiritual, de la vida después de la muerte, de la hipnosis, de la “posición de observador”, del Ser absoluto y del significado, de los diferentes tipos de consciencia, del apego, de la Unidad, y regula el sistema nervioso central y la corteza cerebral, las neuronas y la capacidad de aprendizaje, y la glándula pituitaria, encargándose de regir la relajación profunda, la atención continuada, la conciencia de uno mismo y del entorno, el Universo y nuestra conexión con lo Eterno en general y el ayuno en particular.

Es el chakra que nos ayuda a conocer el “TODO” a través de nuestra conexión con nosotros mismos, en todos los sentidos explicados en los otros chakras, y nos permite que nuestro pensamiento nos lleve por la senda de la liberación, y conocer a la divinidad interior que todo lo es y todo lo puede.

Nos ayuda a ser, simplemente ser, y a saber quienes somos con certeza cuando pensamos que estamos confundidos o apáticos a largo plazo; por eso, también es el chakra de la trascendencia de lo ilimitado, de todas, todas nuestras capacidades, de la cualidad de florecer en la tempestad, de la búsqueda de conexión a través de la mente, de la inteligencia universal que hace existir galaxias y átomos, de los misterios, de la ascensión, de la indagación, del apego a nuestras formas más sólidas, de la identidad universal, el autoconocimiento, del orden superior, los campos de información, las relación con la matriz de la existencia, el sistema de creencias que identificamos como nuestro, la capacidad de comprender y asimilar el orden subyacente de la Vida, la búsqueda de información y el hallazgo de la misma, el dialogo interno, el derecho a conocer, incluso lo que no es agradable, a pensar, a meditar, a sentir dicha, a comprender, a trascender y estar en contacto con aquello que es más grande que nosotros, a retornar a la consciencia de la cual partimos, de la capacidad de estar en el mundo desde la posición de testigo u observador, la posibilidad de crecer como el loto que se alza bellamente y con fortaleza desde el fango, de la magnificencia de los pensamientos positivos y la PNL, de la corriente panteísta (que se basa en ver a la Divinidad en todo lo que existe), de lo que nos supera por su enormidad y poder inefables, de la meditación trascendental y las expansiones de conciencia, y de la alineación hacia algo mayor de todas las energías, lo cual previene la alienación.

Este es el chakra de la responsabilidad sobre lo que somos, de la responsabilidad universal, del poder de nuestros pensamientos, y de la comprensión de nuestra existencia eterna más allá de la muerte física.

Cuando este chakra funciona bien, nos sentimos abiertos a los puntos de vista de otras personas, presentes, conscientes, llenos de dicha, con buen manejo de los pensamientos, capaces de comprender el trasfondo de lo que pasa y el sentido de cada experiencia, conocedores de que cada parte y cada plano de la vida forman un todo, cómodos con nuestra mente y con el sitio a donde nos lleva, con acceso a la Infinitud a través de la meditación, libres, desapegados, conscientes de que somos mucho más que aquello que nos pasa en la realidad, manejando los aspectos de la vida que requieren autoconocimiento, encontrando todo lo que en otros planos de conciencia hemos buscado, con gran capacidad de saber que no existen “los demás” y que todos somos Uno, conscientes de que nuestros pensamientos son importantes y decidiendo escuchar a nuestra sabiduría interior. Con una dicha sana, comprendemos que todo está bien y que si nuestra alma nos ha puesto en una situación es porque podemos obtener sabiduría de eso. Utilizamos nuestra consciencia para mejorar nuestras relaciones, sabiendo que somos amor y que podemos escoger cómo responder, y miramos los conflictos desde la tranquilidad de saber que somos más que aquello que genera discusiones, desde la consciencia de que quienes discuten son nuestros egos y podemos escoger otra actitud, y desde la reflexión para saber que las personas lo hacen lo mejor que saben según su grado de sabiduría. Somos almas que piensan, somos llaves que abren puertas de la consciencia (porque cuando no somos conscientes pensamos que vemos la totalidad, pero en realidad estamos tuertos y solo vemos por una mirilla muy estrecha y sesgada), y somos tanto la puerta que se abre como la consciencia que hay tras ella. Nuestra mente siempre está activa, procesamos gigantescas cantidades de datos constantemente y nuestros pensamientos diarios son cantidades asombrosas, y, cuando este chakra está sano, todos esos datos, toda nuestra mente, son herramientas y no jefes, y sirven a la comprensión, acercándonos más y más a la inmanencia y la trascendencia y nos dan autoconocimiento y comprensión, además de ganas de informarnos y la posibilidad de comportarnos como queramos. Y gracias a esa información, gracias a la mente, nos liberamos de ella, superamos las dudas y acallamos nuestro diálogo interior desde la posición de espectador, meditando y encontrando las respuestas verdaderas en nuestro interior sagrado. Nos sentimos bien sabiendo que somos una semilla del Universo, sentimos que estamos en paz y dicha interna porque lo somos todo y que tenemos el mismo poder que la Vida, que dentro de nosotros existe lo mismo que existe en todas partes, y que estamos integrados en un conjunto cósmico de iguales. Sabemos que somos sagrados y que nuestra vida es una extensión de la consciencia, que fuimos creados con amor y que volveremos al Amor. Utilizamos con sabiduría nuestra conciencia para trascender, aprendiendo, y comprendemos que “Yo Soy el que Soy”.Todo lo que no sea ese estado de ser es un desequilibrio.

Cuando este chakra está demasiado activo, no vemos otra cosa que lo que pensamos, la información que tenemos, nos obsesionamos con nuestro entendimiento, con que somos espirituales, sentimos que somos lo que meditamos, que somos calma y perfectos, que somos muy avanzados en consciencia, que somos un alma más que un cuerpo, una mente más que unas emociones, que no necesitamos comer (por ejemplo), que tenemos pensamientos más elevados que los demás, que estamos por encima del sufrimiento, tenemos pánico a sentirnos confundidos y aburridos, necesitamos cada vez más espiritualidad, más felicidad, más paz interior, cada vez más pensamientos agradables y buenos con los que comprender la existencia, y nos obsesionamos (llegando a estar apegados) con lo que conocemos, con ser trascendentes, más comprensivos que los demás, forzando al máximo nuestra consciencia e incluso dejando de lado otras cosas importantes, convirtiéndonos en charlatanes porque no estamos equilibrados. Somos como llaves doradas que solo quieren compartir con unos pocos iniciados que no duden de nuestros mensajes, revelamos las cosas de un modo poco comprensible, para que quienes quieran entender tengan que ser estudiantes “avanzados”, para que lleguen al conocimiento desde nuestro camino y no desde el de su alma, entre otras muchas actitudes del ego espiritual. Somos personas que intelectualizamos la espiritualidad, y a veces la despojamos de su componente de libre albedrío, detestamos lo mundano y cualquier perspectiva de cambio, externa o interna, y sufrimos de apatía, descontrol mental, dificultades de aprendizaje y pensamientos obsesivos.

Cuando Sahasrara está activo en exceso, nos cuesta ver más allá de nuestra imaginación, del color interno, de lo que existe en nuestro mundo interior, y creamos ilusiones con sutileza para vivir en ese mundo de nuestra mente (el cual, he de señalar, solo parece estar en nuestra cabeza a ojos de los demás, porque muchas veces estamos contactando con otros planos inmanifiestos que nos transmiten conocimientos a través de la intuición) y dejamos de lado a los demás para, cuando somos requeridos, mostrar algo de lo que hay, compartir alguna visualización, una canalización o tomar una decisión espiritual, y luego volver a nuestro mundo, un mundo casi ilimitado sin barreras y, por tanto, sin nada tangible o sentimental a lo que vincularnos más que nosotros mismos. Como sabemos (hasta cierto punto) todo lo que existe, decidimos que no queremos estar solamente aquí y ahora, decidimos que el mundo, o los mundos, dentro de nosotros son mejores, y no queremos salir.Y cuando está bloqueado o con poca energía, nos sentimos y/o actuamos como personas sin dicha, atrapados en nuestra mente, únicamente buscando pensar correctamente, porque creemos que vivimos en un mundo descontrolado, cambiante, incomprensible. Nos sentimos incomprensibles nosotros mismos, de hecho, y pensamos que solo existe este mundo, que no hay nada más que esta vida, que no tiene un propósito, y por eso nos apegamos a ideas, palabras, relaciones, actos, sensaciones o cosas, desconfiamos de nuestra comprensión del mundo y nos sentimos sin derecho a conocer, y no aceptamos que otras personas quieran entender los “por qué” y los “para qué” de la vida, además de creer que no existe algo universal, o que tenemos que labrarnos nuestro propio destino. No nos consideramos personas que no reflexionamos, que no nos hacemos grandes preguntas, que preferimos no pensar, y no nos sentimos conectados con la espiritualidad, aprendemos con dificultad o decidimos no aprender, tenemos mentes cerradas, y no queremos meditar porque nos aterra la creencia de que no tenemos alma, o somos muy religiosos y nos consideramos pecadores. Preferimos cerrarnos a lo trascendente y a la inmanencia, y creemos que solo iremos al cielo cuando muramos.

Una de las mejores maneras de saber si este chakra está desequilibrado (hacia cualquier extremo, esta es una experiencia que ocurre tanto cuando hay demasiada energía como cuando hay escasa) es preguntarnos en realidad, en lo más profundo, ¿sentimos que tenemos derecho a conocer, a comprender y a meditar, a ser conscientes, a trascender, a ser ilimitados como el pensamiento? ¿Creemos que el poder del universo está dentro de nosotros? ¿Conectamos con la consciencia trascendente? ¿Nuestra vida tiene sentido espiritual? ¿Sabemos que todos somos uno? ¿Creemos en algo más allá de la muerte?, a iluminar? ¿Sabemos las respuestas a las grandes preguntas? ¿Somos infinitos e inmortales? ¿Esta vida es solo un tránsito para nuestra verdadera existencia? ¿Hemos despertado al Amor y a la Consciencia?Esas preguntas, y todas las cuestiones que puedan surgir mediante la reflexión de las respuestas, es un modo muy efectivo de saber cuán sano y equilibrado está nuestro séptimo chakra, nuestra corona.Cuanto más positiva y confiada, y verdadera, en presente y en la realidad, sean la respuestas, con más poder y energía creadora positiva cuenta Sahasrara.

Este es un chakra clave, esencial para saber ver con claridad la trascendencia y que somos más que un cuerpo, y para conectar con nuestro Ser verdadero, para comprender el poder de nuestros pensamientos, esos vehículos que son tan poderosos que no existen fronteras para ellos, que nos permiten ir a cualquier lado, crear realidades y cambiarnos a nosotros mismos, ese ámbito en el que todo es posible si así lo decidimos. Está relacionado con el Universo, con la Vida, con lo Divino y con todos los otros chakras más sutiles que este.

Es el chakra que se desarrolla a lo largo de la vida, en cualquier momento en el que recibamos la Iluminación y despertemos a la Divinidad que llevamos dentro, porque es cuando nuestros pensamientos son sagrados y descubrimos la llave que nos abre, la llave de la Consciencia Total.

Sabemos que todo pasará excepto el Amor y la Consciencia, que todo lo demás son construcciones del ego y que podemos elegir vivir como si fuéramos eternos y perfectos, porque lo somos, que podemos ser seres espirituales viviendo una experiencia humana y podemos traer la maravilla de la Consciencia al mundo con nuestra vida, con nuestro ejemplo, actuando desde las Leyes Espirituales.

Para poder evolucionar, es importante contar con la conciencia de lo infinito de donde provenimos. Durante todo el recorrido por los chakras he hablado de los diferentes caminos, de las diferentes sendas, y es aquí donde es importante que todas se fusionen de un modo indistinto, que todo sea lo mismo y que estemos conectados, que nuestras capacidades séptuples de tener-sentir-actuar-amar-hablar-ver-conocer estén activas sanamente y unidas, alineadas con el propósito común de aumentar la consciencia, de trascender y liberarnos del apego a través de la sabiduría del Espíritu, activando nuestro dios o diosa interior y sabiendo sin dudar que todos provenimos de la Consciencia Ilimitada y que, aunque estemos encarnados y limitados, la Presencia Omnipotente sigue con nosotros mediante nuestros pensamientos, donde somos verdaderamente libres. A través de su manejo recibimos la Verdad, la Belleza y la Bondad del alma, un alma que va a seguir con nosotros siempre y cuyo objetivo es crecer como el loto, descubrirnos las llaves con las que podemos abrir las puertas a todas las realidades, a nuestra existencia sabia en la que todo, todo es posible y lo que existe es eterno.

A ello es a lo que se dedica Sahasrara, el séptimo chakra, el último paso, el umbral, la puerta a los chakras espirituales y la llave de la Consciencia.

Namaskar.

Any Pascual

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#vidafeliz

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