POR UNA SOCIO-ECONOMÍA REALMENTE LIBRE.

Por Any Pascual.

“Libertarismo significa que usted es socialmente tolerante, no molesta a nadie, y cree que el gobierno debe mantenerse al margen de su vida”. Clint Eastwood.

A nosotras nos encanta hablar de economía, relaciones sociales, filosofía, política, etc. Respecto a esto último nosotras vemos que hoy en día planean sobre nuestros pensamientos cuatro ideologías dominantes en el mundo: socialismo, comunismo, capitalismo (que tiene dos vertientes: la oligarquía y capitalismo de libre comercio) y el utópico liberalismo (utilizado por muchos de forma falsa como cuando hablan de ecología, sostenibilidad, etc.) 

Para diferenciar estas corrientes, se puede usar un símil muy simple: un coche. Concretamente, los cinturones de seguridad de los coches.

El comunismo obliga a todos a fabricar y utilizar un coche con cinturón de seguridad, pero un coche horrible, el peor posible, y no hay más que hablar, coches malos para todos. Si alguien ve un fallo, no puede hacer nada para mejorarlo, porque el coche no es suyo sino del Estado. Hay seguridad, pero a costa de la nula eficiencia y nada de libertad.

En el socialismo, se impulsa a todos los que no tienen trabajo a trabajar en las “fábricas”. No se les obliga, pero lo hacen porque saben que, si no, no tendrán acceso a los coches. Y esto es así porque, aunque su salario sea una miseria, a esos trabajadores les pagan con un coche de empresa gratis. Pueden intentar mejorar, pero siguen dependiendo del Estado. Pueden elegir, pero la otra opción es no tener coche. Estos cinturones son lo bastante buenos, funcionan muy bien para la mayoría, pero si tus circunstancias vitales son distintas, te tienes que conformar y ya. No puedes cambiar, solo conformarte con lo que hay.

En un capitalismo oligarca, hay varias marcas de coches con diferentes tipos de cinturones y la persona está sujeta a lo que pueda pagar. Literalmente. Los fabricantes, gente muy rica, deciden quiénes tienen acceso a qué. Hay una aparente abundancia, pero es falsa, porque la brecha entre ricos y pobres es cada vez más grande y, como los precios suben por decisión de los oligarcas, cada poco la población tiene que cambiar de coche porque ya no puede pagar el anterior. Y por lo tanto la calidad de vida no para de bajar. Tienen la opción de prosperar, pero deben hacerlo exactamente como los poderosos quieren, o a escondidas. De otro modo, al final no podrán vivir dignamente. Y sin embargo, incluso la gente pobre cree que es rica, o que al menos están mejor que el vecino, porque hay destellos de glamour por todas partes. La gente vive de ilusiones.

En el capitalismo de libre comercio, impera el determinismo y las teorías anticuadas de la ciencia. En esta situación, el planeta es un almacén de recursos y quien tenga más habilidades se lleva el premio gordo. Hay millones de cinturones y coches diferentes, porque muchas personas se fabrican los suyos propios, y también hay millones de accidentes porque, afrontémoslo, ¡la mayoría no tiene ni idea de coches! Esta situación es como un videojuego. Si eres habilidoso, consigues el objetivo, llegas hasta el final y descubres cómo tener éxito. Si no… bueno. Existe mucha propaganda de los mejores modelos del mercado, porque la gente que tiene coches y cinturones útiles quiere popularizar su idea en concreto. Cualquier cosa está patentada, y los pobres hacen copias con aquello que pueden. Cada uno decide, o al menos eso parece. Y si tienes una buena idea, venderla te catapulta. Hay una libertad de pensamiento sin límite ninguno.

Pero en realidad, lo que pasa en esa situación es que la población media se convierte en el activo de los capitalistas. Las ventas lo son todo, el mundo cambia instantáneamente, y la presión acaba por aplastar a quienes no innovan lo suficiente. Realmente, el mercado es el que decide, y no hay límites. Cuánto más alto se sube, más dura es la caída. Además, cualquiera puede elegir arriesgarse y no poner un cinturón de seguridad en sus coches. La mayoría es quien dicta las normas, pero nada es realmente obligatorio. Cada uno vive según le parece, y hay una exaltación del individualismo. Los recursos cambian de manos exageradamente rápido, y el conocimiento auténtico está guardado en cajas fuertes, porque es lo que controla y maneja el poder. Aparentemente todos tienen las mismas oportunidades, pero esto no podría estar más lejos de la verdad. Todo el mundo prospera por sus propios medios… o no.

Y luego está el utópico liberalismo. Según esta perspectiva, por primera vez, el bienestar de los individuos es más importante que la producción. En una situación liberal, habría verdadera democracia, porque todos nos podríamos de acuerdo voluntariamente para elegir a un representante de la sociedad que llevara al conjunto a buen puerto, según una ética y moral común. Todos los coches tendrían los mejores cinturones de seguridad posibles actualmente. ¿Sabéis por qué? Porque los fabricantes tendrían en cuenta a los usuarios, y buscarían ayudarse los unos a los otros para generar prosperidad. Las nuevas ideas serían probadas, y una vez fueran lo mejor disponible, se las presentaría a la sociedad para decidir. Cada uno tendría todos los derechos y toda la responsabilidad, dentro de un marco de respeto mutuo. Los cinturones de último modelo estarían ahí, y también habría los más tradicionales. Pero todos tendrían algo en común: una calidad sobresaliente. En una sociedad libertaria y liberal, las personas no estarían obligadas a trabajar, no tendrían que depender del coche de empresa. Tampoco estarían preocupados por precios injustos, ni deberían esforzarse en exceso para ser abundantes y poder permitirse un mejor coche. No. En una sociedad verdaderamente libre y sana, los conductores solo necesitarían preocuparse por una cosa: ponerse el cinturón.

Aprendizaje: Decide lo que quieres ver en el mundo, y empieza a aplicarlo a tu propia vida.

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