SER ALTAMENTE SENSIBLE

Muchos niños son indiferentes a lo que comen, al ruido o luz. Todo les parece bien.

Pero también hay un porcentaje de niños, entre el 15-20%, que, como Any, notan el más mínimo tóxico en su comida o en el ambiente que les rodea; les asusta el ruido inesperado, o lloran cuando hay demasiada luz. Y necesitan liberarse de alguna forma, de ese plus de “peligro” o “energía” que les llega, para poder recuperar su equilibrio.

También tienen una alta sensibilidad emocional desde pequeños, pero sobre todo cuando se van haciendo más mayores.

Lloran con facilidad cuando se sienten ofendidos, se preocupan más por las cosas, y pueden sentirse tan felices que no lo aguantan.

Piensan antes de actuar, con lo cual suelen dar la impresión de tímidos o miedosos cuando, en realidad, lo único que hacen es observar. Necesitan su tiempo para accionar.

Y cuando llegan a adolescentes, son amables y escrupulosos, por el hecho de que simplemente no soportan la injusticia, la irresponsabilidad, el desorden o la crueldad.

Y las personas que les acompañamos en su vida debemos respetar y conocer como afrontar estas situaciones.

Ninguna descripción reflejará de forma exacta el SER de nuestros hijos, porque cada niño es único, debido a los rasgos heredados, la educación personal y sus propias experiencias.

Desde su nacimiento me di cuenta de que Any era Especial. No por sus diagnósticos médicos que llegaron más de un año tarde, sino porque las dos compartimos desde siempre, incluso en el vientre materno y en los primeros momentos de vida, una conexión especial al unirnos algunas características. Por eso, la he podido y puedo acompañar de una forma peculiar, desde su punto de emoción, desde su sensibilidad diferente para afrontar y ver la vida.

Nos agradecemos mutuamente compartir el camino, porque dar explicaciones continuas a los demás sobre por qué sentimos o vemos las cosas de forma distinta, no es nuestro estilo y además agota a cualquiera.

Simplemente sentimos más, igual que otros corren más o comen más. Es nuestra condición y nos encanta, porque nos hace diferentes.

Y para nosotras lo normotípico no existe, vemos la vida desde otro punto de vista. Ni mejor ni peor, simplemente diferente. Por eso agradecemos tantísimo la LIBERTAD, porque nos ayuda a ser nosotras mismas en cada momento, sin tener que adaptarnos a los demás.

Gracias Any, eres una compañera maravillosa. Magic everywhere!

Te amo.

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Ser Sensibles

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Hace tiempo que nosotras elegimos lo que necesitábamos para ser felices porque somos personas sensibles.

Somos muy emocionales y empáticas. Esto nos hace reflexionar continuamente y por eso hemos tenido que aprender a desconectar.

Any tiene una altísima sensibilidad y si no la controla se satura porque capta sutilezas y recibe mucha más información por diferentes canales que otras personas.

La luz, los sonidos, las texturas, los olores, etc. son diferentes a cómo lo percibimos los demás y esto supone un trabajo extra continuo. En esta situación ser capaz de parar y recuperar el silencio, la paz, cerrar los ojos y lograr la neutralidad es algo indispensable para poder tener una vida saludable.

Por eso nos encanta poder gestionar nuestra vida y ser libres, porque cuando tienes que acoplarte a situaciones que te resultan estresantes o agotadoras de por sí, la energía no se focaliza en las funciones vitales básicas, sino que tiene que pelear con esa situación de tensión y el cuerpo y la mente, en ese momento necesitan descargar de alguna forma tanta energía.

Ser muy sensible te permite disfrutar de cosas como la Naturaleza de una manera diferente, te permite ver la otra cara del ser humano y te acerca a tu interior de una forma maravillosa, pero mantener el aura limpia, la mente consciente y el corazón feliz es indispensable para gestionar bien esta condición de vida.

Ser Sensible es agotador si no lo controlas, pero es un “don” si lo sabes gestionar.

“Toda virtud tiene su sombra”. Elaine Aron.