CRECIMIENTO PERSONAL

Muchas veces he visto, a lo largo de estos años como “Mamá Especial”, a personas que me han mirado o me han dicho directamente: “Yo no podría”.

Siempre me he preguntado por qué esas personas que tenía en frente (médicos, profesores, conocidos, etc.) no habrían desarrollado en su vida empatía y compasión, para apoyarnos en vez de mirar con “pena” a mi hija.

Los opuestos de la compasión son la lástima, la indignación moral y el miedo y muchas personas se han acercado a nosotras desde ahí.

Tras años de reflexiones, me he dado cuenta de que realmente esas personas me regalaron algo. De todas esas relaciones he aprendido que hay otro camino y he aumentado mi propia compasión.

Y las dos hemos recorrido juntas este camino, Any como Maestra, poniéndonos en situaciones increíbles, y yo como Aprendiz. Fuera egos, fuera miedos, fuera…Todos nacemos intrínsecamente con compasión. Pero no todos están dispuestos a dejarla aflorar. Nosotras SÍ.

Todas esas personas me han enseñado a valorar mi instinto maternal, nuestra capacidad de supervivencia, nuestro crecimiento emocional, mi camino espiritual… todos ellos nos han hecho gritar que SÍ SE PUEDE.

Profesionales del sector de la Salud, profesionales que trabajan en el campo de la Educación Inclusiva, etc. deberían ser primero personas compasivas, y luego tituladas. Porque sin compasión no se puede acompañar a los demás en el camino.

La compasión es la capacidad de ver claramente dentro de la naturaleza del sufrimiento y actuar en consecuencia.

Por eso, por ejemplo, cuando como Mamás nos tenemos que enfrentar a problemas relacionados con nuestros hijos, no se sabe a veces de dónde sacamos las fuerzas.

La fuerza viene de nuestro propio máximo sufrimiento. Se llama resiliencia.

Tenemos unas grandes espaldas para ser ecuánimes en la vida y una frente suave para tener compasión con los que no parecen ayudar en el camino.

Nos mantenemos fuertes a pesar de todo, estamos dispuestas a luchar al máximo y hemos aprendido a vivir sin aferrarnos al desenlace.

Ahora, tras tantos años de camino, cuando nos relacionarnos con los demás empatizamos siempre con ellos y nos ponemos en su lugar. Si no hiciéramos esto nos resultaría imposible convivir en la sociedad actual, rodeadas de injusticia social, inmoralidad y miedo a lo diferente.

Paramos, percibimos las emociones del otro, luego las reconocemos y, finalmente, proporcionamos las respuestas adecuadas sabiendo que ellos también nos necesitan.

PARA NOSOTRAS CRECER ES VIVIR

“Cada vida y experiencia personal es un microuniverso“. Richard Buckminster Fuller

Muchos piensan que aceptar la vida como viene es sinónimo de pasividad y resignación.

Nosotras lo hemos visto siempre como el primer paso del cambio y por lo tanto el primer paso en nuestro propio camino de la felicidad.

Si queremos cambiar algo que no nos gusta, primero aceptamos que existe una situación que queremos mejorar y tomamos acción para mejorarla.

Negar la realidad o conformarse con lo que hay, no es nuestro estilo, ya que implica parálisis y bloqueo en situaciones que nos pueden generar malestar y todavía nos queda muchísimo por vivir, aprender y mejorar.

Para poder ser felices nosotras empezamos siempre por aprender a aceptar todo lo que nos ocurre y luego decidimos conscientemente qué podemos hacer.

Hay situaciones que podemos cambiar o mejorar y otras sobre las que prácticamente no tenemos ningún control. En este caso lo que hacemos es cambiar nuestra actitud.

Asumir una condición vital compleja, por ejemplo, parte de que hay cosas que no nos agradan en el día a día, pero aún así lidiamos con ellas y seguimos adelante sumando positivos.

Nosotras trabajamos a diario para ser felices con nuestras circunstancias, porque hacemos que las cosas positivas pasen, y que pesen más que las negativas, siendo nosotras las actrices principales de nuestra propia vida, tomando el control y buscando siempre un plus de “buenrollismo”, conocimientos y amor .

Pero somos conscientes de que todos queremos ser felices, disfrutar de la vida, pero también de que todos tenemos problemas de alguna índole.

Así que todos amamos y sufrimos por igual.

Lo que nos diferencia es cómo nos tomamos las cosas y si sabemos pedir ayuda.

La depresión es la principal enfermedad en todo el mundo sobrepasando el cáncer, enfermedades cardíacas, etc. y eso a pesar de estar tan de moda el positivismo.

Muchas personas viven en el pesimismo aunque intentan meditar obsesivamente sobre sus sentimientos; otras no pueden parar el “run-run” de sus cabezas; otras están obcecadas con tener razón, o adoran ser victimizadas.

En el otro extremo están los que se unen a la moda positivista e intentan embotellar sus emociones para que no se vean, cero dramas, o empujarlas a un lado y permitirse sólo aquellas emociones consideradas socialmente legítimas: las positivas.

La salutogénesis y la antifragilidad sin embargo se encuentran en el término medio. Aprendamos a ser neutros. Ni uno ni lo otro.

Tenemos derecho a ser felices en la vida y a enfadarnos cuando sea, tener una vida plácida y derrumbarnos si no podemos más, reírnos cada tarde con nuestros hijos, y llorar por las noches por las dificultades del día.

Este es el verdadero camino donde debe de primar la felicidad y la prosperidad.

No existe una meta idílica en la que digamos “hemos llegado” sino que todo es camino.

Somos reales y estamos vivas, así que aunque nuestro concepto y elección es SER FELICES, sabemos que vivir en sí mismo implica enfrentarnos a realidades adversas en las que nos vemos obligadas a aparcar la general felicidad que nos rodea.

No hay biografía sin heridas.

La mayoría de las veces descubrimos la verdadera felicidad tras un duro golpe y entonces empezamos a CAMINAR, aunque sea poco a poco, y a entender que el camino es otro. Cuando entendemos realmente esto, es cuando comenzamos a desarrollar habilidades profundas para ayudarnos a lidiar con el mundo tal como es, no como deseamos que sea.

Lo que pasa es que como vivimos en una cultura rígida que valora la positividad inmediata, una situación que refleja muy poco la vida real, no es habitual apreciar el valor de quien tiene la agilidad emocional para crecer y mejorar poco a poco disfrutando del camino.

Las emociones difíciles también forman parte de nuestra vida y no podemos negarlas.

En ese camino nosotras hemos aprendido lo que es SER FELICES con nuestras circunstancias, pero respetando el derecho humano a flaquear, caer y volver a levantarnos.

No todos los días son de color rosa, aunque tenemos que trabajar para que sea el color predominante.

La forma en que cada uno elige como lidiar con estos momentos duros está en nuestro interior y se refleja en nuestros actos y pensamientos diarios. Cada aspecto de cómo amamos, cómo vivimos, cómo somos o cómo planificamos nuestro futuro, marca nuestro triunfo de la felicidad sobre el resto de emociones.

Ser felices es una forma de vida que podemos elegir, pero eso no significa que no nos podamos permitir tener las emociones negativas que forman parte de la condición humana.

ENEAGRAMA

“Encantado de conocerme” de Borja Vilaseca

Nos encanta ver a la gente medrar, y ver que cada vez somos más los que despertamos y vemos la vida desde la CONSCIENCIA. Por eso nos parece tan interesante el AUTOCONOCIMIENTO a través del ENEAGRAMA.

Una vez que sabemos quienes somos, nos conocemos suficiente a nosotros mismos y  somos conscientes de que en la neutralidad está la esencia, podemos profundizar más en el campo espiritual.

INTELIGENCIA EMOCIONAL

“Educar las emociones es una llave de libertad para las personas” Elsa Punset

Ahora sabemos que cada emoción deja una huella en el cuerpo, que nuestra salud depende de una buena integración del cuerpo con la mente y que la felicidad tiene un impacto fortísimo en nuestra salud física, emocional y mental, en nuestra inteligencia, en nuestra creatividad…

¡Hay que ponerse manos a la obra para ser más felices! Y en eso se basa la Inteligencia emocional.