UNA DE CUENTOS

EL PROFESOR.

Un día un profesor se puso a escribir en la pizarra:

9×1 = 09

9×2 = 18

9×3 = 27

9×4 = 36

9×5 = 45

9×6 = 54

9×7 = 63

9×8 = 72

9×9 = 81

9×10 = 91

En en salón se hicieron muchas burlas porque el profesor se había equivocado. Ya que la respuesta correcta de 9×10 es 90. Todos sus alumnos se rieron de él.

Entonces el profesor esperó a que todos se callaran, y dijo:

«A pesar de haber acertado las 9 primeras cuestiones, nadie me felicitó. Sin embargo por haber fallado sólo una, todos se empezaron a reír; eso significa que, a pesar de ser brillante, la mayoría de la sociedad solo se fijará en tus pequeños errores y se burlará de ello. No dejes que una simple crítica destruya tus sueños».

Aprendizaje: La única persona que no se equivoca es la que no hace nada.

#anayany

#amorinfinito

#vidafeliz

UNA DE CUENTOS

EL JARDÍN DEL REY.

“ Hubo una vez un rey que tenía un gran palacio cuyos jardines eran realmente maravillosos. Allí vivían miles de animales de cientos de especies distintas, de gran variedad y colorido, que convertían aquel lugar en una especie de paraíso del que todos disfrutaban.

Sólo una cosa en aquellos jardines disgustaba al rey: prácticamente en el centro del lugar se veían los restos de lo que siglos atrás había sido un inmenso árbol, pero que ahora lucía apagado y casi seco, restando brillantez y color al conjunto. Tanto le molestaba, que finalmente ordenó cortarlo y sustituirlo por un precioso juego de fuentes.

Algún tiempo después, un astuto noble estuvo visitando al rey en su palacio. Y en un momento le dijo disimuladamente al oído:

– Majestad, sois el más astuto de los hombres. En todas partes se oye hablar de la belleza de estos jardines y la multitud de animales que los recorren. Pero en el tiempo que llevo aquí, apenas he podido ver otra cosa que no fuera esta fuente y unos pocos pajarillos… ¡Qué gran engaño!

El rey, que nunca pretendió engañar a nadie, descubrió con horror que era verdad lo que decía el noble. Llevaban tantos meses admirando las fuentes, que no se habían dado cuenta de que apenas quedaban unos pocos animales. Sin perder un segundo, mandó llamar a los expertos y sabios de la corte. El rey tuvo que escuchar muchas mentiras, inventos y suposiciones, pero nada que pudiera explicar lo sucedido. Ni siquiera la gran recompensa que ofreció el rey permitió recuperar el esplendor de los jardines reales.

Muchos años después, una joven se presentó ante el rey asegurando que podría explicar lo sucedido y recuperar los animales.

– Lo que pasó con su jardín es que no tenía suficientes excrementos, majestad. Sobre todo de polilla.

Todos los presentes rieron el chiste de la joven. Los guardias se disponían a expulsarla cuando el rey se lo impidió.

– Quiero escuchar la historia. De las mil mentiras que he oído, ninguna había empezado así.

La joven siguió muy seria, y comenzó a explicar cómo los grandes animales de aquellos jardines se alimentaban principalmente de pequeños pájaros de vivos colores, que debían su aspecto a su comida, compuesta por unos coloridos gusanos a su vez se alimentaban de varias especies rarísimas de plantas y flores que sólo podían crecer en aquel lugar del mundo, siempre que hubiera suficiente excremento de polillas… y así siguió contando cómo las polillas también eran la base de la comida de muchos otros pájaros, cuyos excrementos hacían surgir nuevas especies de plantas que alimentaban otros insectos y animales, que a su vez eran vitales para la existencia de otras especies… Y hubiera seguido hablando sin parar, si el rey no hubiera gritado.

– ¡Basta! ¿Y se puede saber cómo sabes tú todas esas cosas, siendo tan joven?- preguntó.

– Pues porque ahora todo ese jardín ahora está en mi casa. Antes de haber nacido yo, mi padre recuperó aquel viejo árbol arrancado del centro de los jardines reales y lo plantó en su jardín. Desde entonces, cada primavera, de aquel árbol surgen miles y miles de polillas. Con el tiempo, las polillas atrajeron los pájaros, y surgieron nuevas plantas y árboles, que fueron comida de otros animales, que a su vez lo fueron de otros… Y ahora, la antigua casa de mi padre está llena de vida y color. Todo fue por las polillas del gran árbol.

– ¡Excelente! -exclamó el rey-. Ahora podré recuperar mis jardines. Y a tí, te haré rica. Asegúrate de que dentro de una semana todo esté listo. Utiliza tantos hombres como necesites.

– Me temo que no podrá ser majestad- dijo la joven-. Si queréis, puedo intentar volver a recrear los jardines, pero no viviréis para verlo. Hacen falta muchísimos años para recuperar el equilibrio natural. Con mucha suerte, cuando yo sea anciana podría estar listo. Esas cosas no dependen de cuántos hombres trabajen en ellas.

El rostro del anciano rey se quedó triste y pensativo, comprendiendo lo delicado que es el equilibrio de la naturaleza, y lo imprudente que fue al romperlo tan alegremente. Pero amaba tanto aquellos jardines y aquellos animales, que decidió construir un inmenso palacio junto a las tierras de la joven. Y con miles de hombres trabajando en la obra, pudo verla terminada en muchísimo menos tiempo del que hubiera sido necesario para reestablecer el equilibrio natural de aquellos jardines en cualquier otro lugar.

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#DíaMundialdelMedioAmbiente

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Un abrazo de Oso ❤️❤️❤️ y otro de Luz✨

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UNA DE CUENTOS

Diamante.

–La verdad de la vida, Tail, es que muchas personas van a usarte. Solo te quieren por el interés, y si quieres sobrevivir vas a tener que acostumbrarte. Si no lo entiendes y no sabes ver lo que pretenden, pueden manipularte. Aprovéchate de ello si puedes, pues hay mucho más que eso… Déjame expresarlo de otro modo. ¿Ves estas paredes, esta mina en la que todos crecimos? No solo las piedras son carbón, nosotros también lo somos. También somos parte de la tierra. Si alguien piensa que le vamos a beneficiar, agarra sus herramientas y los pica, nos hace daño, nos causa grietas y nos destroza. Después, utiliza nuestros trozos sobrantes para calentarse en las noches frías. Lo que no sabe es que nosotros también tenemos herramientas y podemos picar, formar, romper y utilizar a nuestro propio beneficio. Muchas relaciones son así, somos los carbones de alguien que nos utiliza.

Así es como funciona el mundo.

Pero, al igual que con el carbón, a veces puede haber algo más debajo de todo eso.

Cuando el carbón soporta condiciones adversas, se transforma. Cambia.Mejora.

Algunas veces, debajo de todo ese carbón que deja de ser útil en cuanto se consume en llamas, hay algo que no cede. Algo que permanece, algo que brilla y se ilumina gracias a las llamas en vez de dejarse consumir por ellas. Ese algo es fuerte, y puede doblegar a otros sin romperse, pero no lo necesita porque es más resistente que todo lo demás alrededor. Ese algo es poderoso, y por lo tanto muy ansiado y tremendamente protegido. Pero tampoco lo necesita, porque es puro, y por mucho que lo moldeen las circunstancias, jamás dejará de ser como es. A veces se esconde en los lugares más insospechados, a veces se esconde y se cubre con varias capas oscuras para mezclarse con sus compañeros carbones. Pero al final siempre acaba mostrando su fortaleza.

¿Sabes por qué? Porque no se doblega ante los picos y las palas de la vida.

Porque al arrancarle esas capas superficiales le están haciendo un favor. Están dejando que su verdadero ser reciba luz. Están ayudándole a ser sincero consigo mismo y con los demás. De vez en cuando, ello tiene que romper las herramientas para que eso ocurra, pero normalmente su belleza habla por sí misma y todos en la mina reconocen que han encontrado algo valioso. Y agradece a los picos y las palas por ayudarle a ser quien es y por ayudarles a ellos a entender, porque saben que sin esos retos, sin esos obstáculos, incluso sin esos problemas, sin esas relaciones, razones o circunstancias, nadie, ni siquiera ese algo, hubiera descubierto su verdadero valor.

Y luego, con el paso de los años, eso puede ser pulido y perfeccionado según los estándares de los picos y las palas. Incluso puede ser adorado y valorado. Quizá incluso sea una joya, reconocida y respetada, que puede mostrarse de muchas maneras, siempre iluminando y embelleciendo su entorno. Pero lo más importante es que eso nunca pierde la perspectiva, y se acuerda de los picos y las palas que ya no pueden hacerle daño, y se acuerda de cuando era más pequeño y menos exitoso que ahora, y se acuerda de cuando ni siquiera pudo pensar que volvería a brillar entre todas esas capas negras, y se acuerda de cuando la naturaleza todavía no le había dado la resistencia de la que ahora goza. Se acuerda de todo, y lo agradece todo, y no cambiaría nada de esas experiencias ni aunque pudiese, porque gracias a todo lo que ha pasado ha formado su gran, gran belleza y ese valor que se fomenta más en el amor propio que en lo que piensen los otros, esa fuerza que ya es innegable e inherente, esa resiliencia tan suya. Ese brillo propio que nadie le quitará jamás porque es quien es.

Esas, Tail, son las personas que merecen la pena y por las cuales estamos vivos: las personas diamante. ¿Y sabes lo mejor de todo esto? Toda pieza de carbón tiene esa posibilidad. Cualquier persona puede ser un diamante. Todos tenemos ese espíritu dentro, en lo más profundo.Simplemente, como el carbón, la mayoría de nosotros necesitamos vernos espoleados por las más duras de nuestras circunstancias para saber que somos diamantes, y un poco de humildad para ser amables con todos.

Y todos, incluso los que son diamantes desde el principio de los tiempos, necesitamos impulso para compartir nuestro verdadero ser con los demás. Al fin y al cabo, para eso se inventaron nuestros picos y las palas… ¿No crees?

Any Pascual.

Aprendizaje: Descubre tu brillo interior.

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#amorinfinito

UNA DE CUENTOS

Sembrar.

«-Maestro, ¿cómo puedo enfrentar el aislamiento?

-Limpia tu casa. A fondo. En todos los rincones. Incluso los que nunca tuviste ganas, el coraje y la paciencia de tocar. Haz que tu casa sea brillante y cuidada. Quita el polvo, las telarañas, las impurezas. Incluso las más ocultas. Tu casa te representa a ti mismo: si cuidas de ella, también te cuidas.

-Maestro pero el tiempo es largo. Después de cuidar de mí a través de mi casa ¿cómo puedo vivir el aislamiento?

-Arregla lo que se puede arreglar y elimina lo que ya no necesitas. Dedicate al remiendo, borda los arranques de tus pantalones, cose bien los bordes deshilachados de tus vestidos, restaura un mueble, repara todo lo que vale la pena reparar. El resto, tíralo. Con gratitud. Y con conciencia de que su ciclo ha terminado. Arreglar y eliminar fuera de ti permite arreglar o eliminar lo que hay dentro de ti.

-Maestro y ¿luego qué? ¿Qué puedo hacer todo el tiempo solo?

-Siembra. Incluso una semilla en un jarrón. Cuida una planta, riégala todos los días, háblale, dale un nombre, quita las hojas secas y las malas hierbas que pueden asfixiarla y robarle energía vital preciosa. Es una forma de cuidar tus semillas interiores, tus deseos, tus intenciones, tus ideales.

-Maestro ¿y si el vacío viene a visitarme?¿Si llegan el miedo a la enfermedad y a la muerte?

-Háblales. Prepara la mesa para ellos también, reserva un lugar para cada uno de tus temores. 

Invítales a cenar contigo. Y pregúntales ¿por qué llegaron desde tan lejos hasta tu casa?¿Qué mensaje quieren traerte?¿Qué quieren comunicarte?

-Maestro, no creo que pueda hacer esto…

-No es el aislamiento tu problema, sino el miedo a enfrentar tus dragones interiores  Esos que siempre quisiste alejar de ti. Ahora no puedes huir. Míralos a los ojos, escúchalos y descubrirás que te pusieron contra la pared. Te han aislado para poder hablar contigo. 

Como las semillas que sólo pueden brotar si están solas».

El Gran Yogi Milarepa del Tibet.

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UNA DE CUENTOS

ROTA, SE CAMINA IGUAL.

«Me gusta porque no se le nota que está rota. Me contagia esa idea de que se puede ser feliz a pesar de tener un corazón despedazado. Yo sé que así lo tiene. Le falta una pieza de ésas que nunca más va a encontrar. Ella va a vivir sin una parte para siempre. Con un corazón desarmado que nunca va a armarse de nuevo. Pero la piba se para igual. Se para y no se le nota que renguea. Sigue. Sigue jugando con esas piezas que le quedan, sabiendo que nunca más va a volver a tener el rompecabezas armado arriba de la mesa. Ella sigue caminando con ese vacío incrustado en el pecho. Sigue jugando con lo que le queda. Guarda el dolor de la pieza que le falta para otro momento. Ella se sigue parando. No está sanada. No va a sanar. Lo sabe. Pero se para con esa fortaleza del que sabe que así es la vida. Ella ya entendió todo. Sabe que perdió la batalla.Lo sabe. Pero se ríe. Y a veces disfruta. Contagia la idea de que se puede. Que, aún rota, se puede si se quiere. Ella perdió justo lo que no tenía que perder. De todas las cosas posibles justo ésa no tenía que perder. Y la perdió. Y le duele en el pecho y en la garganta. Extraña. No se agarra de nada que la distraiga de la verdad de saber que no está y que no va a volver. Pero ella sigue. A veces tropieza, pero ella cree que tropezar mirando al cielo siempre compensa.Y sigue. No tiembla. Y entonces a mí, me gusta esa sonrisa en su cara. Me hace pensar que se puede. Me gusta ver que sigue con lo que tiene. Que no busca reemplazos. Me gusta verla porque me planta una evidencia que me cuesta asumir. Sí. La gente rota puede seguir su curso. Pueden ser felices. Ella es feliz. Las sonrisas no mienten. La mirada tampoco. Ella es feliz. Y está hecha pelota. No es careta. No es valiente. Es simplemente una piba que, rota, camina igual.»

Lorena Pronsky

Aprendizaje: Sí se puede ser feliz, independientemente de las circunstancias.

#anayany

#vidafeliz

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UNA DE CUENTOS

El infierno y el paraíso.


Un samurai le pidió a un maestro que le explicara la diferencia entre cielo e infierno. Sin responderle, el maestro se puso a dirigirle gran cantidad de insultos. Furioso, el samurai desenvainó su sable para decapitarle.

-He aquí el infierno -dijo el maestro antes de que el samurai pasara a la acción.

El guerrero, impresionado por estas palabras, se calmó al instante y volvió a enfundar el sable. Al hacer este último gesto, el maestro añadió:

-He aquí el cielo.

Al entrar en determinados estados, nos creamos nuestro propio infierno, así como al entrar en otros estados nos creamos nuestro propio paraíso.


Aprendizaje: El infierno y el paraíso dependen de nosotros.


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#vidafeliz

UNA DE CUENTOS

La mujer sabia.

A las puerta de una rica ciudad construida en medio del desierto, una sabia mujer daba la bienvenida a los visitantes.

Una mañana, poco después del amanecer, llegó un caminante que afirmaba llegar de un país lejano. Tras atravesar centenares de kilómetros de arena, deseaba conocer las costumbres del lugar.

Justo antes de cruzar las puertas, preguntó a la mujer cómo eran las personas que allí vivían.

A lo que la mujer sabia le contestó:

“Primero, me gustaría saber cómo son las gentes de donde usted viene”.

El hombre rezongó que eran gente molesta, perezosa, ignorante, mentirosa, creída y ególatra.

“Me fui de mi ciudad porque solo hay cretinos, y ahora busco un sitio mejor para quedarme”.

Al escucharle, la mujer sabia le confirmó que en su ciudad encontraría un panorama similar.

Por lo que el caminante se marchó en busca de un lugar mejor para él.

A la tarde, cuando el sol empezaba ya a esconderse, se presentó un nuevo viajero.

Un joven risueño que le explicó que llevaba tiempo queriendo visitar la ciudad y quien le preguntó: “¿cómo son los habitantes de aquí?”

Al igual que con el viajero anterior, la mujer sabia quiso saber antes, cómo eran los habitantes de su ciudad.

“Es gente estupenda, la mayoría amables a quienes les gusta compartir. Buena gente. Hay otras no tan solidarias, pero si las tratas bien y eres comprensivo con su situación, no serán mezquinos contigo”.

Dicho esto, la mujer le dio la bienvenida y le aseguró que en su ciudad conocería a tanta gente buena como del sitio del que venía.

Aprendizaje: Tanto nuestras expectativas como nuestros prejuicios cargan nuestra mirada hacia los demás.

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UNA DE CUENTOS

LA FLOR.

Había una vez un niño pequeño que estaba en clase de dibujo creativo. La profesora les informó de que había llegado la hora de pintar y el chaval se puso muy contento. Cogió su estuche de colores y empezó a trazar las primeras líneas de lo que iba a ser un coche con alas de color azul y rosa. Su imaginación parecía no tener límites.

«¡Un momento!», dijo de pronto la profesora. El chico dejó súbitamente los colores en su mesa. «Todavía no he dicho qué vamos a pintar. Hoy vamos a dibujar flores», añadió. «¡Genial!», pensó el niño, porque a él le encantaba dibujar flores. Y enseguida empezó a dibujar una flor que no existía, con forma de cohete y de un color similar al del arco iris. Nuevamente, la maestra volvió a interrumpirle, diciendo: «¡Un momento! Todavía no he dicho qué tipo de flor vamos a pintar».

El chaval dejó los colores sobre su escritorio y observó cómo la profesora empezó a dibujar en la pizarra una flor roja con un tallo verde. Les enseñó exactamente cómo se tenía que hacer y todos los niños comenzaron a imitar su dibujo. Al niño le gustaba más su flor que la de la maestra, pero se limitó a obedecer sus indicaciones. Cogió otra nueva hoja en blanco e hizo una flor como la de la profesora: roja, con el tallo verde.

Los años fueron pasando y el niño fue aprendiendo en cada clase a esperar, obedecer e imitar, haciendo las cosas siguiendo el método que su maestra les enseñaba. Estaba haciendo con sus alumnos lo mismo que sus profesores habían hecho en su día con ella. 

Finalmente, el niño y su familia se mudaron a otra ciudad, y el chaval fue a una escuela nueva. Y durante su primer día de clase, la maestra le dijo: «Hoy vamos a hacer un dibujo». Mientras el resto de chicos empleaba su creatividad para pintar cualquier cosa que se les ocurriera, el chico nuevo se quedó quieto, esperando a que la profesora le dijera qué tenía que dibujar y cómo tenía que hacerlo. Pero ella no decía nada; se limitaba a caminar por el aula, observando con curiosidad y admiración las creaciones de sus alumnos.

De pronto, se dio cuenta de que el nuevo alumno seguía sin tocar su estuche de colores. Se acercó hasta él y le preguntó: «¿Cómo es que no dibujas nada?» Y el chaval, sorprendido, le contestó: «Estoy esperando que me digas qué vamos a dibujar hoy». A lo que la profesora le dijo: «Puedes dibujar lo que tú quieras». El niño se quedó boquiabierto. No se esperaba que tal libertad fuera posible en una escuela. Sin embargo, permaneció quieto.

«¿Qué ocurre? ¿Estás bien?», le preguntó la maestra. «Sí, solamente que no se me ocurre nada que dibujar». La profesora, extrañada, trató de motivarlo, diciéndole. «A ver, ¿qué es lo que más te gusta?» El chaval, incómodo, le dijo: “No lo sé, la verdad». Y esta, con mucha delicadeza, se sentó junto a él, e insistió: «Tienes toda la libertad del mundo para dibujar lo que te apetezca. Lo que sea. No te preocupes si está bien o mal. Lo importante es que te haga ilusión y te divierta. ¿Qué me dices? ¿Qué te apetece dibujar?» 

Y el chaval, incrédulo, le respondió: «No lo sé… ¿Una flor?» Y la maestra, llena de entusiasmo, le contestó: «¡Qué buena idea! ¡Me encantan las flores! A ver, ¿qué tipo de flor te apetece dibujar? ¡Puedes dibujarla con la forma que tú quieras y del color o los colores que más prefieras!» Y el chaval, con un brillo especial en sus ojos, le preguntó: «¿De la forma y del color que yo quiera?» Y la maestra, asintiendo, le dijo con ternura: «¡Claro! Si todos hicieran el mismo dibujo usando los mismos colores… ¿Cómo podría yo saber quién lo ha dibujado?» Seguidamente, el niño cogió un par de colores y comenzó a pintar una flor roja con un tallo verde.

Aprendizaje: Para crear y avanzar se necesita libertad.

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UNA DE CUENTOS

Las lágrimas de Arakuine.

El monje Arakuine lloraba. Su amigo le preguntó:

-¿Por qué lloras?

Arkuine respondió:

-¡Ve a preguntárselo al maestro!

Fue a ver al maestro:

-¿Por qué llora Arakuine?

-¡Ve a preguntárselo! –respondió el maestro.

El monje regresó al lado de Arakuine y le encontró riendo. Le dijo: -¿Cómo puede ser? ¡Antes llorabas y, ahora, ríes! ¿Por qué?

Arakuine le respondió:

-¡Porque antes yo lloraba y ahora río!

Si tengo ganas de llorar, lloro. ¿Por qué contenerme? El cielo es azul, sobreviene una tormenta, llega la lluvia. Pero luego, la lluvia se va. Y cuando me preguntaS: «¿Por qué lloras?, te digo: «¡Ve a preguntárselo al maestro! A tu maestro.

¡Pregúntate a ti mismo! Entras en ti y te ves llorar. ¡Cuando llores, llora! ¡Cuando comas, come! ¡Cuando te enfades, enfádate! ¡No reprimas tu cólera! ¡Abandónate! ¡Pregúntate a ti mismo! Sé un cielo azul transparente. ¡Y cuando tengas ganas de llorar, llora y luego, si tienes ganas de reír, ríe! La tormenta ha pasado y los pájaros cantan. Tú dejas venir y dejas pasar con un inmenso placer».

Aprendizaje: Deja entrar la luz en tu cabeza. En la luz, está la sombra y otras cosas, pero es siempre luz. 

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