SOMOS ENERGÍA VITAL

Energía Vital

“Qi es compatible con todas las funciones del cuerpo y nos permite tener la energía y la claridad para abrir nuestro corazón y prosperar en el mundo de hoy”. Master Oh.

Tenemos innumerables tipos de energía como la solar que genera la radiación del sol, la eólica que genera la fuerza del viento o la hidráulica que genera el movimiento del agua. Todo lo que conocemos y lo que no, tiene como soporte la energía, pero en distintas frecuencias vibracionales.

En los humanos y en todas las formas que habitan la tierra, incluidas piedras y aquellas cosas que suponemos no están vivas, la energía tiene una velocidad vibracional.Pero existe una energía en el universo que se encuentra en constante flujo y que todos los seres vivientes comparten.

Es conocida desde la antigüedad como prana por los hindúes, chi por los chinos, ki por los japoneses, qi por los coreanos, ka en Egipto, aliento divino para los cristianos o energía vital para la acupuntura.

Es cíclica y se encuentra en constante circulación, su movimiento en espiral fluye y tiene dos polos opuestos, dos polos magnéticos en sus extremos y no es ni buena ni mala, es neutra por naturaleza.

Es para los hindúes el prana, una palabra que en sánscrito significa “aire inspirado” o “aliento de vida”, según la yoga y la medicina ayurveda el prana fluye a través de una red de canales internos llamados nadis que la distribuyen en todo nuestro cuerpo físico (chacras para el cuerpo astral). Los coreanos lo llaman Qi y los japoneses lo traducen a ki como “flujo vital de energía” y afirman que el ser humano puede manipular esta energía mediante diversos métodos: incrementándola, acumulándola, distribuyéndola por todo el cuerpo o usándola de manera concentrada como instrumento de salud y equilibrio.

Los cuatro elementos que nos conforman como humanos (aire, agua, fuego y tierra), y el éter que se encuentra entre cada cuerpo cósmico, son conductores naturales de esta energía vital que es posible incrementar mediante la respiración, el canto, la danza, el ejercicio físico, el fuego, abrazando árboles o seres vivos, haciendo el amor, asistiendo a eventos multitudinarios donde se compartan emociones, montando a caballo, quedando atónitos ante una obra de teatro, leyendo un libro, cuando nos sentimos conmovidos con la naturaleza al observar el sol en el horizonte o contemplando el movimiento de las olas del mar.

Esta energía se manifiesta a través de sentimientos como el éxtasis y el amor incondicional, entra a nuestro sistema por los pulmones, llega al corazón y se distribuye en nuestro cuerpo a través de la columna vertebral; el corazón es el motor que al igual que el universo, se encuentra en constante movimiento y tiene un ritmo generador de una vibración específica y única que nos da la vida.

A nivel cuántico toda esta energía se encuentra interconectada e incluso con la materia. La realidad cuántica representa otro nivel de existencia, otra dimensión en la cual el campo energético es el orden subyacente, una realidad oculta ante nuestros ojos. Vemos a los objetos materiales sólidos como una silla, una piedra o un ser humano pero a nivel cuántico somos realmente paquetes de energía en vibración, en interacción y si bien tenemos la impresión de que existen en separado, dichas energías están interconectadas, interactuando entre si y en eterno proceso de transformación.

Usemos las palabras con amor.

Usemos las palabras con amor no solo para hablar de nosotros mismos, sino de los demás.

Ser impecable con las palabras, no es cuestión de educación, sino de hablar con integridad.

Digamos solamente lo que queremos decir, y utilicemos el poder de las palabras para avanzar en la dirección de la verdad.

Mucha gente habla pestes de cualquiera, y utiliza las palabras como una especie de exposición pública de las supuestas vergüenzas ajenas. Nadie se salva en esas charlas, a veces ni los presentes. Pero solo un alma ingenua puede dejar de imaginar que las mismas flechas venenosas serán lanzadas sobre el resto de las cabezas apenas tengan ocasión. Como no somos perfectos, siempre la persona con baja autoestima encontrará una víctima a la que difamar o criticar desde su parcialidad.

Así que utilicemos las palabras apropiadamente. Es bonito ser conscientes y emplear las palabras para compartir, no para destruir.

Cada uno demuestra con lo que dice, lo que es.

Y no se trata de ser culto o leído o un monje budista. Se trata de que las palabras lleven verdad, alegría y amor.

Porque una buena palabra genera un buen pensamiento y una acción positiva.

Hoy escribimos este post como apoyo a Sara Rodríguez Martínez.

Sara es una de tantas personas que dedican su vida a ayudar a los demás, en este caso a personas que necesitan apoyo en muchas cosas, por ejemplo en el aseo personal.

“Estoy cansada de tener que escuchar: “que trabaje aunque sea limpiando culos”; como si esta profesión fuera lo último a lo que una persona puede recurrir y careciera de valor (…) Yo por ejemplo no podría trabajar en algo que me exigiese mentir, como un banquero o algo por el estilo”.

GRACIAS a Sara y todas las “Saras” del Mundo. Usemos las palabras para sumar y agradecer.

Por cierto, a mi también me encanta “limpiar culos”?

https://anayany.com/miyoutube

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