INTUICIÓN

“No permitas que el ruido de las opiniones ajenas silencie tu voz interior. Y, lo que es más importante, ten el coraje de hacer lo que te dicten tu corazón y tu intuición. De algún modo, ya sabes aquello en lo que realmente quieres convertirte.” Daniel Goleman.

Seamos fieles a nuestros sentimientos y sigamos a nuestro corazón. 

Escuchemos a nuestras emociones. Son una guía para alinear nuestras acciones y propósitos de vida.

Y sigamos a nuestra intuición. 

La intuición no son un conjunto de sensaciones que nos dan la pista sobre algo. No son procesos mágicos o percepciones sensoriales. Solo son percepciones cognitivas. Las personas intuitivas podemos anticiparnos a ciertos eventos o situaciones usando nuestro propio material inconsciente, que es el resultado de todo lo que somos, de todo lo vivido, visto y experimentado. 

Si somos fieles a nuestra propia esencia y confiamos en nuestra intuición tendremos una vida plena.

Porque si trabajamos y confiamos en nuestras intuiciones nos permitiremos estar más ajustados a nuestra realidad, sobrevivir en ella de forma efectiva, anticipar riesgos y dar forma a una vida más conectada y satisfactoria.

Nosotras vibramos o no, pero siempre recurrimos a nuestra intuición.

#anayany

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#vidafeliz

LAS VUELTAS QUE DA LA VIDA

“Día y noche son las rotaciones de aquella rueda. (…) Gira continuamente y está desprovista de consciencia. Se mide en meses y quincenas. No es uniforme en el tiempo, y se desplaza por todos los mundos. (…) La fuerza de la pasión la mueve. (…) Gira en medio de dolor y destrucción. Es dotada de acciones y los instrumentos de acción. (…) Es producida por ignorancias varias. Es atendida por miedo y engaño, y es la causa del engaño de todos los seres. (…) Esta rueda de la vida que está asociada con pares de opuestos y es desprovista de consciencia – el universo con los verdaderos inmortales la debe desechar, abreviar, y mantener controlada. Aquella persona que siempre entiende precisamente el movimiento y las paradas de esta rueda de la vida, nunca será engañada entre todas las criaturas. Liberada de todas las impresiones, despojada de los pares de opuestos, redimida de todos los pecados, alcanzará la meta más alta.” Mahabharata.

La vida, en muchos aspectos es cíclica, se podría comparar con una rueda que da vueltas. 

La repetición de las estaciones del año y las horas del día nos hablan de la ciclicidad inherente a la vida. Una repetición sin cesar de un continuo renacer. 

Podemos imaginarnos todo esto simbolizado por una rueda. 

La rueda de la vida.

Una vida dominada por los sentidos y las pasiones, con todas sus trampas y peligros.

Pero con esta connotación de ciclicidad, quien no logra tomar distancia de la vida dictada por las pasiones, se queda eternamente atrapado dando vueltas.

La tarea de cada persona es alcanzar el desarrollo pleno.

Así que la ciclicidad representada por la rueda de la vida es relativa. 

Solo el pleno desarrollo del individuo permite escapar de ella. 

Este desarrollo en todos los campos es fundamental para seguir rodando en los momentos que nos tocan vivir.

#anayany

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#vidafeliz

UNA DE CUENTOS (XXIV)


“Una serpiente entró en un taller de carpintería, y al arrastrarse, pasó por encima de una sierra y quedó ligeramente herida.


De un momento a otro, regresó y con toda su furia, mordió la sierra; y, al hacerlo quedó gravemente herida en la boca.


Entonces, sin entender lo que estaba sucediendo y pensando que la sierra estaba atacándola a ella, decidió rodear la sierra para sofocarla con todo su cuerpo exprimiéndola con todas sus fuerzas, pero terminó matándose ella misma.”


En ocasiones podemos reaccionar con ira y sin darnos cuenta podemos herir a otros que nos han perjudicado.


Paremos si aparecen estas emociones, porque después de todo nos estaremos lastimando a nosotras mismas si no frenamos a tiempo.


Las personas hacemos muchas cosas Pero podemos decidir si nos afectan o no.


No sobre-reaccionemos para no sufrir consecuencias que a veces pueden ser dañinas.


Nunca dejemos que el odio, la ira, etc. se apoderen de nuestra vida, porque el amor es más fuerte que cualquier cosa.


Hagamos que el AMOR sea nuestra fuerza para cambiar el Mundo, y el resto vendrá por añadidura.


#anayany

#amorinfinito

#vidafeliz

#unadecuentos

EL CORAZÓN Y EL CEREBRO

“Feliz no es quien no tiene problemas si no quien sabe que hacer con ellos…” Jorge Bucay.

El cerebro es necesario para sobrevivir. Pero lo que nos duele no es el cerebro, es el corazón.

Para comprender esto en esencia, solo es necesario saber que las emociones son la traducción que realizamos de los cambios bioquímicos que se producen en nuestro cerebro cuando nuestro corazón siente.

Bajemos al corazón para aprender a ser felices siendo conscientes de nuestras emociones.

Un intercambio afectivo estable, una dieta saludable y un estilo de vida equilibrado nos ayudarán a tener una vida feliz.

El amor por todo y todos es lo más poderosos a la hora de desarrollarnos, crecer y mantenernos saludables. Constituye el pilar fundamental del crecimiento y desarrollo desde nuestra infancia. 

Los niños amados se convierten en adultos que saben amar. Enseñando a amar a nuestros hijos contribuimos no solo a su correcto desarrollo emocional, sino también al físico, social y cognitivo. Además educar desde el amor, la comprensión y el respeto contribuye al crecimiento cerebral, a la vez que configura el desarrollo del resto de aspectos de la vida.

Es muy importante que nuestros hijos nos vean sonreír y ser felices, pues de esta manera su cerebro les va a garantizar que todo va bien, ya que su corazón también estará feliz. 

Además una simple sonrisa puede alegrarle el día a quien se cruza con nosotros en la calle. Sonreír es una demostración de amor por la vida. Sembremos las semillas del amor y recojamos posteriormente la cosecha del desarrollo emocional.

Sabiendo esto, tenemos en nuestra mano la posibilidad de potenciar nuestro bienestar psicológico y físico. Ofrezcamos amor para que en nuestro cerebro florezcan las conexiones más maravillosas. 

Dar para recibir. Así de fácil.

Debemos amar y amarnos por quienes somos y no por lo que hacemos. El amor no depende de nuestras acciones. El amor es incondicional. #amorinfinito

Y porque sabemos que el mundo no es un cuento, hay que entender y afrontar la realidad del entorno en el que nos toque vivir, un camino en el que a lo largo de la vida hay momentos de estrés e inquietud que también hay que afrontarlos con cariño y amor. #vidafeliz

Prediquemos con el ejemplo. Amamos y aceptemos la vida desde ese amor, sin limitar la expresión del resto de emociones. No hay emoción ni sentimiento inválido. La ira y el enfado son normales y naturales, solo hay que gestionarlos de manera que no interfieran y que no se desborden y volver lo antes posible al sentimiento de amor infinito.

Vivamos con y desde el Amor como norma, pero seamos libres para representar todas nuestras emociones, así sabremos gestionarlas, al conocerlas y apreciaremos más los momentos felices.

Si nos alimentamos de amor, los miedos morirán de hambre.

#anayany

#amorinfinito

#vidafeliz

NACEMOS CON UN DON

“Tu talento determina lo que puedes hacer. Tu motivación determina cuánto estás dispuesto a hacer. Tu actitud determina qué tan bien lo haces”. Lou Holtz.

Tener un Don es una cualidad que todos poseemos y si lo aceptamos nos hará especialmente válidos, creativos, carismáticos, capaces de impactar en los demás, de hacer el bien con facilidad, etc. Un Don es eso que nos resulta fácil, que nos ocurre, que no sabemos por qué los demás no tienen y que sabemos que es “poderoso”.

Nuestro Don podemos verlo de forma muy precoz, espontánea y fácilmente, o no verlo nunca.

Muchas veces lo asociamos a nuestra vocación: músico, profesor, escultor, terapeuta, bailarina, etc. Aunque también puede haber dones muy distintos como una gran intuición en temas concretos, una empatía profunda, etc. Hay dones más cotidianos que no suelen crear problemas, pero hay dones más raros que nos pueden cambiar mucho la vida. Todos tenemos dones, pero para aprovecharlos lo que hay que tener claro es que somos simplemente un canal para ayudar a los demás.

Reconocerlos es cuestión de observar un poco, y saber que son una gracia y a la vez una responsabilidad, así haremos buen uso de ellos y seremos congruentes en nuestro camino. Si no los usamos, nos costará llegar a ser felices. Además si no los aprovechamos para el bien común pueden destruirnos. Pero un Don bien utilizado crea “magia”. Y normalmente cuanto más los utilizamos, más se desarrollan.

Démonos cuenta de que muchas veces en realidad el problema para no reconocerlo no es del Don ni de la persona. El problema es que no hay un entorno social que pueda acoger con normalidad ese Don.

Por ejemplo una persona muy sensitiva nacida en una cultura indígena probablemente se convertirá en chamán y será altamente valorada en la tribu. Esa misma persona nacida en occidente tiene muchas posibilidades de acabar siendo cuestionada al menos como rarita. El Don es el mismo, pero en un entorno la persona que lo posee recibe educación de qué es eso y cómo utilizarlo, y en el otro se le dice que eso está mal y no se le dan herramientas para controlarlo y usarlo. Esa falta de conocimiento puede desestabilizarnos muchísimo. Por miedo a lo desconocido, o a las consecuencias sociales, puede que intentemos negar un Don “raro”, y esto puede crearnos realmente mucho sufrimiento.

Solo encontraremos la paz interior encontrando alguna forma de ejercer nuestro Don de una manera útil, ayudando a los demás.

Podemos usarlos sin que se note, pasando desapercibidos. Por ejemplo, alguien muy intuitivo, puede pensar en maneras lógicas y racionales de explicar a su entorno lo que ha intuido y su posible desenlace, y por tanto hacer cosas a favor de que eso ocurra, o al revés. Su entorno simplemente pensará que es muy listo y no necesitará explicar más. Usar todos nuestros dones de forma discreta puede ser lo más inteligente en una sociedad tan materialista como la actual.

De hecho, si cada uno ejerciéramos con normalidad nuestros Dones, trabajáramos en algo relacionado con ellos y compartiéramos los frutos, la Tierra sería el Cielo, pues cada uno ocuparía su lugar en la Vida.

Yo desde bien pequeña sabía que quería enseñar de forma fácil y divertida. Quería ser Profesora. Con 8 años era aquella pequeña “Peter Pan” con una fila de pequeños “niños perdidos” detrás de mí para tener un momento de máxima felicidad. Yo sabía como hacer que aquellos niños rebeldes a los que reñían continuamente por hiperactivos fueran líderes del juego y se responsabilizaran de su posición, y se sintieran felices con su carácter y forma de estar. Sabía como abrazar a todos los niños que demandaban un amor que, por el motivo que fuera, no recibían en su entorno. Sabía como hacer felices a otros niños escuchando, aprendiendo y compartiendo emociones. Yo no era consciente de que significaba la palabra “emoción” en el sentido actual, pero sí lo era de la importancia que tenía en la vida de los niños. Desde que tengo uso de razón soy capaz de ver la otra cara de la moneda a nivel emocional. Sabía que podemos elegir como vivir, desde el sufrimiento o desde felicidad, y que todos podemos ser felices independientemente de nuestras circunstancias.

Así que me hice Maestra, pensando que yo podría ayudar a descubrir esos Dones en los demás desde pequeños. Por desgracia, el Sistema Educativo actual está muy lejos de estos conceptos y pronto me di cuenta de que si solo podía ejercer el trabajo de Maestra por un salario fijo a final de mes, sin poder ayudar a los niños, limitada por el Sistema, estaría yendo en contra de mi propio Don y de mi Felicidad. Así que me alejé de la enseñanza. En el Cole el desarrollo al máximo de todas las distintas capacidades no tiene cabida. Todos los niños son tratados, en el mejor de los casos, “iguales”, groso error. En la Equidad es donde está la verdadera igualdad, dándole a cada uno lo que necesita para ser la mejor versión de si mismo. Nada que ver con lo que pasa en las aulas generalmente.

A día de hoy creo que no traicionar mis sueños ni mis dones por un salario fue la mejor decisión de mi vida.

Descubramos nuestro Don y después trabajemos duro por conseguirlo para ser felices con nuestras circunstancias y ayudar a los demás.

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FLUYENDO CON LA VIDA

“Como seres humanos, todos queremos ser felices y estar libres de la desgracia, todos hemos aprendido que la llave de la felicidad es la paz interna. Los mayores obstáculos para la paz interna son las emociones perturbadoras como el odio, apego, miedo y suspicacia, mientras que el amor y la compasión son las fuentes de la paz y la felicidad” Dalai Lama.

No hemos venido a esta vida a sufrir, pero desde que nacemos nos roban el permiso para ser libres (“haz esto”, “come esto”, “mira esto”, “habla así”, “consigue esto otro”, etc.) y ese viaje dirigido nos aleja de nuestra felicidad primigenia y nos lleva a un mayor o menor sufrimiento, dependiendo de cuánto nos alejemos de nuestros sueños con las idas y venidas de la vida. Y a la mayoría nos cuesta años resolver este conflicto vital que nos separa de lo que realmente somos, mientras intentamos seguir, tapando con emociones lo que no podemos afrontar. Sufriendo. Sin saber que el sufrimiento simplemente nos indica una actitud de oposición frente a lo que somos realmente.

Entonces llega un día en el que nos damos cuenta de que tenemos que cambiar y aceptar la realidad para ser de nuevo libres, tal y como nacemos, en vez de tapar continuamente nuestra vida impostada con un montón de emociones contenidas. Parece que nos hubiéramos acostumbrado a que es más fácil tapar el sufrimiento, escondiéndonos tras las emociones más sencillas de resolver para nosotros, que solucionar el verdadero problema, que dejar de sufrir cambiando.

Todas las personas sentimos miedo, rabia, alegría y tristeza pero no a todos nos afectan por igual, depende de dónde estemos en el camino.

Estas emociones no son ni buenas ni malas, son adaptativas, nos ayudan a seguir adelante, a sobrevivir, y nos acompañan hasta el despertar. Lo mejor entonces es que seamos conscientes de por qué están ahí y de cómo las estamos utilizando para tapar lo que no queremos en nuestra vida o para avanzar en el camino.

La alegría, por ejemplo, no es indicativo de que todo vaya bien. Si la utilizamos como refugio, puede manifestarse en euforia, ansiedad, en que seamos unas personas muy mentales, o estemos muy en las ideas y poco conectados con la realidad y con el suelo.

La rabia, por el contrario, no tiene por qué reflejar nada negativo. Cuando queremos avanzar en el camino, la podemos utilizar para que nos de coraje, fuerza, determinación, capacidad de lucha, etc.

Con la tristeza podemos intentar manipular la situación buscando deseo de aprobación, reconocimiento, necesidad de que nos quieran, etc., en vez de afrontar la vida como es en ese momento.

Y otras actitudes combinan varias emociones como la culpa que puede suponer por ejemplo una mezcla de rabia con tristeza. O la resignación que puede ser una mezcla de tristeza con miedo, etc.

Otro ejemplo de cómo podemos utilizar las emociones para avanzar puede ser la aceptación desde el empoderamiento. Entonces estamos aceptando que sí hay cosas que podemos hacer y que hace falta que nos movamos. Aceptar entones no consiste en no cambiar, sino que implica empoderamiento desde la aceptación de la realidad actual pero cambiando cosas para avanzar en el camino.

La aceptación puede servirnos también como refugio por un dolor inevitable y nosotras podemos elegir que no haya sufrimiento. Entonces afrontaremos el dolor desde la aceptación y no nos supondrá resignación. En ese aceptar hay paz. Asumamos que la resignación descontrolada impacta en el empoderamiento, la aceptación, la honestidad, etc.

Otro ejemplo es la empatía. Tener dificultades en las relaciones sociales, por no ponernos en el lugar de los demás, nos puede causar a la larga sufrimiento si acabamos refugiándonos tras alguna emoción en vez de trabajar la causa del problema.

Identifiquemos nuestras emociones a través de nuestros deseos: la tristeza implica deseo de aprobación; la rabia, deseo de control; el miedo, deseo de seguridad; y la alegría deseo de ser únicos. Y seamos conscientes de lo que estamos haciendo para seguir sufriendo escondidos tras esa emoción, en vez de ser nosotros mismos con todas las consecuencias.

Lo importante es que por el camino de la vida vayamos despertando y dejemos de utilizar las emociones para escondernos. Así disfrutaremos de nuestros sentimientos desde la libertad.

Para ser libres solo hace falta respirar y estar vivos. Sin más.

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ALIMENTANDO NUESTRO SER DE LUZ

“En el mundo todo es señal, amigo mío. El azar no existe”. Antonio Buero Vallejo.

Necesitamos reequilibrar, rearmonizar y energetizar nuestro ser a través de los alimentos.

Nutramos nuestro cuerpo físico para poder respirar, beber y seguir viviendo, pero seamos conscientes de que también, en este camino que es la vida, tenemos que nutrir nuestros pensamientos, nuestro ánimo y el alma.

A veces comemos por supervivencia, por placer, por pertenencia a un grupo… pero nos olvidamos de que también tenemos que comer con el objetivo consciente de optimizar nuestra vida.

Tenemos que aprender a equilibrar el hambre física, emocional, mental y espiritual.

Una vez que tenemos afortunada y saludablemente satisfecha el hambre física, viajemos por los diferentes tipos de hambre para que todos estén satisfechos.

Cuando nuestros pensamientos rápidos dirigen nuestras vidas según unas normas y sistemas establecidos por otros y nos dominan las creencias en blanco o negro, le damos la espalda al resto de sensaciones que nos envía el cuerpo, a nuestro instinto, impidiendo que el resto de hambres sean nutridas.

Miremos hacia el interior, hacia que necesitan como alimento nuestro cuerpo emocional, espiritual y mental.

Sabemos que los cambios en el cuerpo físico son muy lentos. Así que es cuestión de paciencia si queremos conseguirlos. Nosotras hemos tenido que estudiar mucho para entender que el proceso de avance de Any a nivel físico tiene que ser necesariamente lento. Un avance rápido puede suponer un desequilibrio inaguantable.

A muchos, a los cuerpos emocional y espiritual no nos han enseñado cómo alimentarlos, por eso nos dan miedo, por lo desconocido. Y a veces no los queremos conocer bien, porque entonces pesan mucho. Así que utilizamos la comida para alejarnos de ellos, inhibirnos, taparlos con comida chatarra y bebida. Basta ya.

Nuestro cuerpo metal, la torre de control, está lleno de información y es rápido como un cohete. No nos deja tiempo para reflexionar, porque ya está en otra cosa. Así que nos paraliza o nos confunde con todas las posibilidades.

Miremos nuestros cuerpos desde el corazón, buscando alimentarlos para el equilibrio, la moderación y sin extremos.

Démosle importancia a los alimentos que ingerimos: texturas, colores, sabores, sensaciones, energías, temperaturas… Estamos alimentando todos nuestros cuerpos y órganos vitales. Pero al mismo tiempo seamos conscientes de otras necesidades que también nos nutren.

El cuerpo físico necesita descanso, respirar, movimiento, lavarnos, que vayamos a terapia, etc. que son también alimentos.

El cuerpo emocional necesita que nos escuchen, nos ayuden, nos acompañen, etc. Y un medio de eliminación de la basura acumulada. Y que seamos nosotros los creadores de nuestras emociones, no los demás. Necesitamos amor, ver el amanecer, una flor, música…

Para el cuerpo mental tenemos que buscar tranquilidad, silencio, relajación, meditación… Calmemos la mente. Cuando el cuerpo se cansa la mente descansa: ejercicio físico para aquietar nuestros pensamientos.

Y el cuerpo espiritual lo podemos alimentar trabajando nuestras creencias limitantes. Nuestros pensamientos crean nuestra realidad, así que seamos conscientes y agradezcamos, oremos y meditemos. Tenemos que elevar nuestra vibración como seres de luz que somos, seres energéticos.

Los cuatro cuerpos tienen que formar un equipo para vivir en PAZ desde el AMOR y ser FELICES.

Y cuánto nos queremos, está muy relacionado con lo que comemos a todos los niveles.

Alimentemos todos nuestros cuerpos siendo conscientes de nuestras acciones. Tenemos un cerebro en la cabeza y otro en el intestino y ambos están conectados. Esta conexión es muy importante para que nuestros neurotransmisores funcionen bien, como la dopamina o la seratonina. Ëstas controlan nuestro estado de ánimo, nuestro comportamiento, y depende también de la calidad de nuestro sistema digestivo. Por su lado cada órgano corporal tiene una emoción diferente, y según cómo comamos, nuestros órganos estarán más o menos saludables: mucha proteína nos hará estar irascibles y coléricos; etc. Peso, barrera de toxinas, síntesis de vitaminas, formación de neurotransmisores, defecación, absorción de nutrientes, estado de microbiota… todo está basado en la conexión entre nuestro sistema digestivo y el cerebro.

Por lo tanto nuestra consciencia depende también de los alimentos que ingerimos, la calidad de la microbiota que tengamos y de la absorción correcta de los nutrientes para nuestro cerebro. No intoxiquemos nuestros cuerpos con alimentos sucios. Nada de comida ultraprocesda, azúcar, carbohidratos simples, gluten, leche, exceso de proteína, aditivos, etc. que nubla nuestra vida, que nos hace confundir la falta de voluntad con el no poder hacer algo. Evitemos los antinutrientes (trabajo externo) y favorezcamos la asimilización de los alimentos (proceso interno).

Seamos conscientes de que nuestras Hormonas, Sistema Digestivo y Sistema Nervioso van de la mano.

Necesitamos comida saludable, higiene en nuestra vida y aprender a gestionar nuestros recursos.

Tenemos que distinguir si necesitamos comer mejor, o saber que aunque comamos de forma saludable necesitamos un abrazo, salir a dar un paseo, desconectar… Todo es alimento.

Y descansar durante la noche también es importante para nuestro sistema. Es tan simple como hacer un ayuno 12/12. Un ayuno físico, pero también emocional y mental. Paremos.

Sensibilidad, amor y consciencia a la hora de alimentarnos.

Descodifiquemos nuestra alimentación, para que nuestro campo áurico esté equilibrado.

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#DíaMundialdelaNutrición
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APRENDER A “NO HACER”

“En nuestra sociedad hay fobia al aburrimiento” Verne Santandreu.

A las personas muy activas, sobre todo, nos cuesta parar.

Siempre hay algo que hacer: niños, trabajo, casa, amigos, etc.

Para Any, por ejemplo, parar forma parte del movimiento, como la muerte forma parte e la vida o el ser humano de la Madre Tierra. Algo natural.

Lo que no nos parece natural, a ninguna de las dos, es estar continuamente cargadas de actividades de todo tipo, y con una agenda que de miedo. Por eso apreciamos tanto la libertad, porque elegimos lo que queremos hacer y elegimos conscientemente también tener tiempo para “no hacer”. Y cuanto más alejadas estamos de una vida distópica, hemos comprobado que más tiempo tenemos para nosotras.

A veces, simplemente, nos escondemos en el hacer y también nos da miedo ser conscientes al no hacer.

Mucha gente expresa que, por su vida, no puede parar, que no tiene tiempo. Pero nosotras hemos visto que no es tanto cuestión de tener o no tener tiempo, sino de ser organizadas, aplicadas y productivas. El día tiene 24 horas para todos. Si otros pueden, preguntémonos qué están haciendo diferente.

Además parar no está bien visto socialmente, aunque forme parte de una vida saludable, porque se ve como sinónimo de perder el tiempo.

Pero si parar lo vivimos como crecimiento, no haremos de ese momento un espacio vacío sin sentido que nos genera estrés, sino un espacio de descanso y exploración personal que nos permite reflexionar e incluso nos puede ayudar a tomar decisiones sobre nuestra vida.

Podemos rodearlo de momentos tranquilos como pasear, meditar, leer ese libro que tanto queríamos o escuchar algún podcast tranquilo. Pero después que reine el verdadero “no hacer” sobre cualquier actividad, aunque sea relajante. No se trata de abandonar por horas nuestras obligaciones familiares, renegar de las amistades, etc. Se trata de saber que podemos tener nuestro momento de parar, entrando casi en un estado meditativo.

Estos momentos realmente pueden ser muy productivos aunque solo estemos pensando y creando, y esto nos ayudará cuando recuperemos la actividad. También podemos pensar en qué debemos cambiar para que nuestra vida sea de otra manera, reflexionar sobre alternativas, para tener más tiempo de “no hacer”.

El silencio nos ayudará también.

Hace unas semanas hicimos en la Familia “una semana del silencio”. No se trataba de no hablar, sino de ser conscientes del valor del silencio. Papá y Any hablaron muy poquito, a mí me costó un poco más, pero no me sentía culpable cuando empezaba uno de mis “monólogos”, simplemente tras un par de frases era consciente de que realmente no tenía más que decir. Fue muy bonito. Parar de hablar es otra forma que ayuda a parar. Os lo recomendamos y podéis probar a hacerlo en Familia, en compañía, es maravilloso…

Y solo los que se deciden a convivir con el “no hacer” saben el regalo sorpresa que viene después, descubriendo cómo aflora nuestra creatividad y cómo surge la magia bajo la Ley del Mínimo Esfuerzo.

Y si nos aburrimos, que no es nada negativo, bostezamos. Y bostezar es muy positivo. Permite que nuestro cerebro se oxigene, entra aire fresco y se activa el organismo. También ayuda a despertar la fascia facial cuando nos despertamos y bostezamos, etc. Así que todo son ventajas.

Permitámonos descansos sanos y repetitivos para mejorar nuestras vidas. Cero excusas.

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UNA DE CUENTOS (XVII)

“El Pozo” Jorge Bucay.

Esa ciudad no estaba habitada por personas, como todas las demás ciudades del planeta. Esa ciudad estaba habitada por pozos. Pozos vivientes,… pero pozos al fin.

Los pozos se diferenciaban entre si, no solo por el lugar en que estaban excavados sino también por el brocal (la abertura que los conectaba con el exterior).

Había pozos pudientes y ostentosos con brocales de mármol y metales preciosos; pozos humildes de ladrillo y madera y algunos otros mas pobres, con simples agujeros pelados que se abrían en la tierra. La comunicación entre los habitantes de la ciudad era brocal a brocal y las noticias cundían rápidamente, de punta a punta del poblado.

Un día llego a la ciudad una “moda” que seguramente había nacido en algún pueblito humano. La nueva idea señalaba que todo ser viviente que se precie debería cuidar mucho mas lo interior que lo exterior. Lo importante no es lo superficial sino el contenido.

Así fue como los pozos empezaron a llenarse de cosas. Algunos se llenaron de joyas, monedas de oro y piedras preciosas. Otros mas prácticos, se llenaron de electrodomésticos y aparatos mecánicos. Algunos más, optaron por el arte, y fueron llenándose de pinturas, pianos de cola y sofisticadas esculturas post-modernas. Finalmente los intelectuales se llenaron de libros, de manifiestos ideológicos y de revistas especializadas.

Paso el tiempo. La mayoría de los pozos se llenaron a tal punto que ya no pudieron incorporar nada mas. Los pozos no eran todos iguales, así que, si bien algunos se conformaron, hubo algunos que pensaron que debían hacer algo para seguir metiendo cosas en su interior.

Uno de ellos fue el primero: en lugar de apretar el contenido, se le ocurrió aumentar su capacidad ensanchándose.

No paso mucho tiempo antes de que la idea fuera imitada. Todos los pozos gastaban gran parte de sus energías en ensancharse para poder hacer mas espacio en su interior. Un pozo, pequeño y alejado del centro de la ciudad, empezó a ver a sus camaradas ensanchándose desmedidamente. El pensó que si seguían hinchándose de tal manera, pronto se confundirían los bordes y cada uno perdería su identidad.

Quizás a partir de esta idea se le ocurrió que otra manera de aumentar su capacidad era crecer, pero no a lo ancho sino hacia lo profundo. Hacerse mas hondo en lugar de mas ancho. Pronto se dio cuenta que todo lo que tenia dentro de el le imposibilitaba la tarea de profundizar. Si quería ser mas profundo debía vaciarse de todo contenido.

Al principio tuvo miedo al vació, pero luego, cuando vio que no había otra posibilidad, lo hizo.

Vació de posesiones, el pozo empezó a volverse profundo, mientras los demás se apoderaban de las cosas de las que él se había desecho.

Un día, repentinamente el pozo que crecía hacia adentro tuvo una sorpresa: Adentro, muy adentro, y muy en le fondo encontró ¡¡¡agua!!!

Nunca antes otro pozo había encontrado agua.

El pozo supero la sorpresa y empezó a jugar con el agua del fondo, humedeciendo las paredes las paredes, salpicando los bordes y por ultimo sacando agua hacia afuera.

La ciudad nunca había sido regada mas que por lluvia, que de hecho era bastante escasa, así que la tierra alrededor del pozo, revitalizada por el agua, empezó a despertar.

Las semillas de sus entrañas, brotaron en pasto, en tréboles, en flores y en tronquitos endebles que se volvieron árboles después.

La vida exploto en colores alrededor del alejado pozo al que empezaron a llamar “El Vergel”.

Todos se preguntaban como había conseguido el milagro.

– Ningún milagro – contestaba el Vergel – hay que buscar en el interior, hacia lo profundo.

Muchos quisieron seguir el ejemplo del Vergel, pero desanidaron la idea cuando se dieron cuenta que para ir mas profundo debían vaciarse. Siguieron ensanchándose cada vez más para llenarse de más y más cosas.

En la otra punta de la ciudad otro pozo, decidió correr también el riesgo al vació.

Y también empezó a profundizar.

Y también llego al agua.

Y también salpico hacia fuera creando un segundo oasis verde en el pueblo.

– ¿Qué harás cuando se termine el agua? – le preguntaban.

– No se lo que pasará – contestaba – Pero, por ahora, cuanto mas agua saco, mas agua hay.

Pasaron unos cuantos meses antes del gran descubrimiento.

Un día, casi por casualidad los dos pozos se dieron cuenta de que el agua que habían encontrado en el fondo de si mismos era la misma.

Que el mismo río subterráneo que pasaba por uno inundaba la profundidad del otro.

Se dieron cuenta de que se abría para ellos una nueva vida.

No solo podían comunicarse, de brocal a brocal, superficialmente, como todos los demás, sino que la búsqueda les había deparado un nuevo y secreto punto de contacto: la comunicación profunda que solo consiguen entre sí, aquellos que tienen el coraje de vaciarse de contenidos y buscar en lo profundo de su ser lo que tienen para dar.

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UNA DE CUENTOS (XVI)

“Hace un tiempo me puse a observar detenidamente la vida de las hormigas, y confieso que quedé asombrado al verlas trabajar con tanto orden y empeño.

Pero una hormiga en particular atrajo mi atención. Negra y de tamaño mediano, la hormiga llevaba como carga una pajita que era seis veces más larga que ella misma.

Después de avanzar casi un metro con semejante carga, llegó a una especie de grieta, estrecha pero profunda, formada entre dos grandes piedras.

Probó cruzar de una manera y de otra, pero todo su esfuerzo fue en vano.

Hasta que por fin la hormiguita hizo lo insólito.

Con toda habilidad apoyó los extremos de la pajita en un borde y otro de la grieta, y así se construyó su propio puente, sobre el cual pudo atravesar el abismo. Al llegar al otro lado, tomó nuevamente su carga y continuó su esforzado viaje sin inconvenientes.

La hormiga supo convertir su carga en un puente, y así pudo continuar su viaje. De no haber tenido esa carga, que bien pesada era para ella, no habría podido avanzar en su camino…”

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