Aquel día Kishiro decidió darse por vencido y renunció a su trabajo, a su relación, a su vida…
Fue al bosque, para hablar con un anciano que decían era muy sabio, y le preguntó:
-¿Podría darme una buena razón para no darme por vencido?
-Mira a tu alrededor -respondió el anciano- ¿Ves el helecho y el bambú?
-Sí, respondió Kishiro
-Cuando sembré las semillas del helecho y el bambú, las cuidé bien. El helecho rápidamente creció. Su verde brillante cubría el suelo. Pero nada salió de la semilla de bambú. Sin embargo no renuncié a él. Durante el segundo año, el helecho creció brillante y abundante, y nuevamente, nada creció de la semilla de bambú. Pero no renuncié al bambú. Al tercer año, aún nada brotó de la semilla de bambú. Pero no renuncié. En el cuarto año, nuevamente, nada salió de la semilla de bambú. Al quinto año, un pequeño brote de bambú se asomó en la tierra. En comparación con el helecho era, aparentemente, muy pequeño e insignificante. El sexto año, el bambú creció más de 20 metros de altura. Se había pasado cinco años echando raíces que lo sostuvieran. Aquellas raíces lo hicieron fuerte y le dieron lo que necesitaba para sobrevivir.
-¿Sabías que todo este tiempo que has estado luchando, realmente has estado echando raíces? -Le dijo el anciano- El bambú tiene un propósito diferente al del helecho, sin embargo, ambos son necesarios y hacen del bosque un lugar hermoso.
Moraleja: nunca te arrepientas de un día en tu vida. Los buenos días te dan felicidad. Los malos días te dan experiencia. Ambos son esenciales para la vida. La felicidad te mantiene dulce, los intentos te mantienen fuerte, las penas te mantienen humano, las caídas te mantienen humilde, el éxito te mantiene brillante… Si no consigues lo que anhelas, no desesperes… quizá sólo estés echando raíces…
“Hay quien dice que las hadas son fantasías de nuestra mente; que solo lo que tocan, ven y oyen puede existir realmente. Pero otros dicen que las leyendas tienen algo de verdad, creen con todo su corazón que las hadas existen de verdad”. “Campanilla y el gran rescate”. Disney.
Lo mágico está en nuestro interior.
Si aquello que ahora consideramos mitos o leyendas ha perdurado durante tantos siglos en la humanidad, creo que es porque resuena con algo que solo en muy contadas ocasiones nos permitimos explorar.
Si rituales como las hogueras en la noche de San Juan, o el abeto en Navidad, siguen vigentes, es porque en lo más profundo de nuestras almas sentimos que tienen sentido. Incluso la propia expresión lo dice “tener sentido” es algo que tiene nuestro sentir, algo gracias a lo cual sentimos.
Puede que haya mucha gente que no celebre fiestas como la Noche de Yule o el Solsticio de Verano, pero aún así siempre hay algo que les llama, algo que todos notamos en el aire cuando este tipo de celebraciones se acercan.
Igualmente puede que la mayoría de la gente piense que la “Magia”, por ejemplo, es algo trucado e incluso lo relacionen con Merlín en la Edad Media.
Es posible que muchos hayan aceptado aquello de que solo existe lo que se puede ver y que por lo tanto ni los elementales ni las energías existen.
Pero al fin y al cabo, de cierta manera también sabemos que esas ideas acaban volviendo a nuestras vidas, aunque sea en sueños o cuando estamos bajo mucho estrés. Entonces esperamos que se obre el milagro o que se solucione de forma mágica.
Todo esto, estas cosas, son las que los más pragmáticos rehusan creer, puede que por una adhesión fiel a su religión o puede que por una admiración obsesiva de lo tangible y material.
Pero la Magia sigue existiendo y siempre existirá mientras haya una sola persona en el mundo conectada a su verdadero SER.
Porque aquí está el secreto, todos estos mitos conectan con lo mágico que hay en nuestro interior.
Somos seres de energía pura, que podemos ser, hacer y transformarnos en lo que queramos en el mundo material tan solo para experimentar lo que se siente al vivir con plenitud.
En realidad las hadas, los unicornios, los ángeles y todos esos seres etéricos y espirituales, son simplemente representaciones físicas de formas de energía.
Cuando sentimos una conexión especial con los dones de las hadas, por ejemplo, puede ser por miles de motivos, y uno de ellos es que ellas representan la unión entre el espíritu y la materia, entre el cielo y la tierra, lo tangible y lo intangible y están fuertemente conectadas con la Madre Tierra y los dones de la Pachamama. La voz interior que nos dice que no lo estamos, es una ilusión, algo que nosotros elegimos creer. Y las hadas simplemente nos recuerdan día a día la verdad: que estamos intrínsicamente vinculados con todo lo que existe y que tenemos el poder de ser y manifestar siempre desde le amor lo que el corazón nos dicte. Realmente en algún recóndito lugar de nuestro espíritu todos nosotros sabemos eso y siempre lo hemos sabido.
Es por eso por lo que nos sentimos tan vinculados a aquello que nos parece mágico.
En realidad cualquier cosa que parezca imposible puede realizarse porque en nuestro interior somos parte de aquello que lo ha realizado todo.
Si vemos y si creemos en la magia y en los seres mágicos es porque vemos, creemos y sabemos que en nuestro interior existe el potencial de ser creadores, siempre con amor, porque vemos y sentimos nuestra propia magia interna.
Vibración, en la física cuántica, significa que todo es energía.
Somos seres que vibran en ciertas frecuencias.
Y como cada vibración equivale a un sentimiento y en el mundo vibracional existen solo dos fuerzas, la positiva y la negativa, cualquier sentimiento hace que emitamos una vibración que puede ser positiva o negativa.
Todo pensamiento emite una frecuencia hacia el Universo y esa frecuencia retorna hacia el origen.
Atraigamos hacia nuestra vida exactamente aquello que queremos, vibrando en su misma frecuencia.
Por eso es tan importante que cuidemos la calidad de nuestros pensamientos y aprendamos a cultivar pensamientos más positivos.
Que seamos conscientes de las personas de las que nos rodeamos. Personas alegres, positivas, amorosas, creadoras…así también entraremos en esa vibración. Y predicar con el ejemplo, por supuesto.
Que escuchemos música de alta vibración, que meditemos, hagamos yoga, etc., son muy poderosos.
Que nos alimentemos de vida, comida fresca, saludable y ecológica, que nos llene de alta vibración.
Que nos cuidemos de lo que vemos en internet o en la tv. Veamos cosas que nos hagan bien, o por lo menos no mal.
Ya sea en casa o en el trabajo, mejoremos el ambiente que tenemos a nuestro alrededor. Y cuidemos de lo que ya tenemos. Hoy hemos limpiado, ordenado y clasificado nuestras librerías, un trabajo feliz, en familia y lleno de recuerdos. Es maravilloso transformar una tarea ardua en una fiesta.
Para mantener nuestra frecuencia elevada es fundamental crear desde las palabras conversaciones enriquecedoras, creadoras y felices. Las palabras tienen poder, usémoslas adecuadamente.
Y comencemos a agradecer por todo, por las cosas buenas y las que consideramos no tan buenas, agradezcamos por todas las experiencias que hemos vivido. Este es un hábito que debemos incorporar. La Gratitud abre las puertas para que las cosas buenas fluyan positivamente en nuestras vidas.
Mostremos al Universo que somos aptos para recibir mucho más.
“El propósito de la educación es mostrar a la gente cómo aprender por sí mismos. El otro concepto de la educación es adoctrinamiento”. Noam Chomsky.
Todos los niños son pura luz cuando nacen, es el sistema disfuncional al que los incorporamos el que modifica su evolución natural, con nuestro consentimiento o desconocimiento.
Como madres y padres, aprendamos de nuestros hijos desde el nacimiento y acompañémosles en la vida como lo que son, un regalo del cielo en la tierra.
Cuando despertamos como padres conscientes podemos ver que cada niño tiene unos dones por desarrollar. Si les damos la oportunidad y les acompañamos, podrán maximizarlos. Si no…
Nuestros hijos nacen siendo seres puros, empáticos y cariñosos. Abrazan y cuidan a quienes los rodean y ofrecen amor incondicional, el único amor verdadero. Ellos son amor verdadero. No comprenden el amor por conveniencia, ni el amor por miedo, ni el amor por soledad, ni el amor por no responsabilizarse de uno mismo, ni el amor por conseguir algo a cambio, ni el amor por vivir cómodamente, ni el amor por hacer algo… Eso lo aprenden en el medio, al relacionarse con el ambiente en una sociedad distópica.
Pero para eso está la Familia, para dar ejemplo de amor incondicional hacia uno mismo y hacia los demás, y vencer al medio perturbador.
Démosles la posibilidad de amar libremente sin manipulaciones y mantener en sus corazones ese amor verdadero para siempre. Así no llegarán a adultos con la necesidad de recuperar su “niño interior”, ni desaprender, ni cambiar una vida infeliz… Acompañémoslos para que toda su vida mantengan la magia y la luz con la que nacen.
Incluso desde antes de nacer, en el vientre de sus madres, aprenden a saber y sentir lo del otro, que es tan fácil como sentir y saber lo suyo.
De pequeños todos manifiestan aún una inocencia, una falta de malicia, una pureza… debidas a la ausencia de ego, que no debemos dejar que pierdan jamás. Dejémosles crecer en paz, felices, con amor para que no aparezca el ego nunca.
Any por ejemplo pertenece a la llamada Generación Z. Niños que al nacer en ese momento son por naturaleza extremadamente sensibles con el medioambiente, sonidos, colores, emociones negativas, olores, comida, productos químicos, tóxicos en la ropa que visten, etc. Por eso sienten que el planeta Tierra podría ser un lugar extraordinario, pero que el exagerado ego humano está acabando con él. Si les damos libertad manifestarán siempre rechazo a la violencia, los asesinatos, las agresiones, la codicia, el hambre, la miseria, la crueldad, la mentira, la dureza, el poder malentendido, la vulgaridad, el sufrimiento, la falta de respeto, la falta de educación… Simplemente no comprenden cómo el ser humano puede ser, todavía, tan primitivo y encima creerse el ser más inteligente del Universo.
Ellos nacen siendo seres conscientes, despiertos y están preparados para ayudar al cambio y constituir las nuevas sociedades.
Si no tenemos en cuenta todo esto en la crianza, los estaremos haciendo insensibles, incapaces y pasivos, y habremos destrozado otra civilización antes de que tengan tiempo de echar raíces, cambiar el Mundo o crear uno nuevo. La violencia contada por los medios desinformativos, la alimentación tóxica, las frecuencias electromagnéticas… les van alejando de ese instinto creador por la supervivencia natural, a favor de una socialización normótica y materialista.
Si menospreciamos el poder de la crianza natural, y dejamos que se encuentren solos en y con la sociedad distópica actual, huirán física, mental, espiritual y emocionalmente, ya que será insoportable para ellos.
Nuestros hijos necesitan nuestra presencia para no perder esa conexión con su SER REAL, que es la orientación que les mantiene unidos al TODO NATURAL.
Debemos acercarlos a tener esa experiencia de comunión con la naturaleza, ya que esto les ayudará a equilibrarse. Cuando están en y con la Naturaleza, esta les permite sentirse profundamente conectados a la esencia de la existencia (desarrollo espiritual), les permite observar la belleza de la creación (desarrollo mental), les permite sentirse plenos (desarrollo emocional), y les permite agudizar los sentidos y llenar los pulmones de aire fresco necesario para subsistir (desarrollo físico). La Tierra es fuente de energía positiva, el Aire Puro nos alarga la vida, el Sol (fuego) nos recarga las pilas y el Agua nos limpia y calma: baños de sal, duchas de agua pura, cascadas, fuentes, lugares con agua y arenas… Los niños necesitan el contacto con TODO LO NATURAL para poder ayudar a los demás.
Nacen siendo muy vulnerables, pero pacificadores. No dejemos que los manipulen desde pequeños y pierdan su esencia, instinto y poder de creación. Ellos, desde su pureza, no entienden la inhumanidad del Hombre hacia el Hombre, la guerra, la avaricia, la codicia… Nosotros como padres somos los responsables, con nuestro ejemplo, de mostrarles que se puede vivir en este momento en un camino saludable en todos los aspectos. Porque estar bajo la influencia de los tóxicos ambientales, los químicos, el azúcar, la tv, el adoctrinamiento, etc., les corta las alas.
Ayudémosles con una crianza mágica a mantener su espíritu libre y creador.
Practiquemos una crianza mágica, consciente y natural, basada en el amor, la igualdad y la verdad, sin diferencias entre miembros y sin delegar nuestras responsabilidades en terceras personas. La crianza en el hogar, junto a la familia, compartiendo, aprendiendo juntos y creciendo por un Mundo mejor, da sentido al deseo real como seres humanos libres de tener una descendencia feliz.
Muchas personas cuando se encuentran con Any sienten su energía mágica, especial o de luz, como la quieran llamar. Para ella eso es lo natural en el ser humano: mantener siempre su esencia, ser libres y crecer rodeados de comprensión, amor y paz.
“Nunca pude admitir una utopía que no me deje la libertad que yo más estimo: la de obligarme”. Chesterton.
Tras 5 meses sin salir de casa
Las normas sociales, si bien pueden ser sentidas como opresoras por algunos, son liberadoras para la mayoría. Respetemos.
Lo revolucionario no es luchar contra las normas sociales que no vibran con nuestra forma de entender el Mundo, ni presumir de infringirlas por mera pose, sino vivir acorde a nuestras propias normas y valores sin hacer daño a los demás.
Cada cultura tiene sus normas, creencias y tabúes, y las personas se basan en ellas para regular sus comportamientos sociales.
Si decidimos ser seres libres pero queremos vivir en sociedad, tenemos que ser compasivos, responsables, empáticos, etc. con las creencias de los demás, sean las que sean.
Por eso para nosotras es muy importante ser correctas ya que forma parte de cómo entendemos las relaciones sociales. Si nos relacionamos en sociedad, lo hacemos aceptando las condiciones del entorno, pero sin perder nuestras normas y valores, que obviamente encajan en cualquier circunstancia porque van más allá de lo cultural.
Así nos relacionamos con el entorno:
Con empatía. Mirando el mundo conscientes de que existe el sufrimiento, la inquietud, el miedo. Sabiendo que para superarlos es necesario conocerlos, y eso se hace aprendiendo a mirar la realidad tal cual es, con objetividad, no como nos gustaría que fuera. A veces como estamos llenos de prejuicios y opiniones no podemos ver la verdadera situación que vivimos. No juzgar es la clave de la empatía. Mirar la realidad de frente, sin posiciones, sin colores. La realidad es lo que es y no lo que parece. Lo que es, es.
Como Librepensadoras. Pensar libres de manipulaciones interesadas, mala voluntad y crueldad. No miremos la realidad con ojos que ven pasiones o creencias. Vivamos la vida real que tenemos, no la cambiemos con nuestras opiniones, ni con las situaciones (familiares, sociales, laborales), ni por supuesto juzgando a las personas. La realidad es lo que es, y así también son las personas. Lo que es adentro es afuera. Nuestro pensamiento debe ser puro en su esencia y directo en su dirección. Si al pensamiento lo guían las creencias perderemos el camino.
Ser conscientes del poder de nuestras palabras. Libres de engaño, insulto, malicia y estupidez. Lo que decimos lo creamos. Si insultamos, recibiremos insultos; si amamos, seremos amados. La armonía familiar o social puede desaparecer por no saber gestionar nuestras palabras. Debemos tener siempre en cuenta su poder y recordar que las consecuencias siempre van más allá de los actos.
Siendo un ejemplo para los jóvenes de la casa. Ellos no deben recibir órdenes de nosotros, que reciban patrones de conducta. Más que a dirigir, aprendamos a ejercer liderazgo. Nuestros hijos siempre estarán más pendientes de lo que hacemos que de lo que hablamos. No digamos “haz esto” invitémoslos a seguirnos.
La responsabilidad y el respeto deben ser las plataformas de nuestros actos. Las personas, las familias, las organizaciones, las empresas, las sociedades nos debemos guiar por valores, no por órdenes.
Valoremos el esfuerzo. Con el esfuerzo correcto se obtienen resultados correctos y se construyen grandes obras. Hacer las cosas bien independientemente del resultado, es la clave para conseguirlos. No nos preocupemos del guiso, pongamos la atención en los ingredientes y el guiso saldrá delicioso.
Practiquemos la atención plena. Nuestra acción debe estar basada en el conocimiento de que todo es cambio, y que incluso nosotros cambiamos a cada segundo. Por lo tanto, concentrémonos en el aquí y ahora. No pensemos en el pasado, que ya no es reparable, ni en el futuro, que aún no existe. Concentrémonos en lo que hacemos, no en lo que hicimos o pensamos hacer.
Pongamos foco en lo que hacemos. Hagamos sólo una cosa a la vez y hagámosla bien. Por ejemplo, cuando comamos, dediquémonos a comer y no a hacer otras cosas en el mismo tiempo. Busquemos la calidad en todo lo que hagamos, ser impecables. Concentrémonos en el objeto de nuestro esfuerzo y el resultado será perfecto.
Si aplicamos estos valores y normas a nuestra vida, podremos relacionarnos en sociedad, sean cuales sean las circunstancias, desde el amor, la paz y la felicidad.