CUIDAR NUESTRA VIDA

“Antes de cambiar el Mundo da tres vueltas por tu casa” Proverbio Chino.

Se trata de hacernos responsables del cuidado propio desde el amor, por decisión propia y sin sufrimiento.

Cuidemos de nosotros y de la Familia. La familia es la célula básica de la sociedad, y cuidar todos de todos, dentro del núcleo familiar, es la manera más inteligente de poner en práctica nuestros dones, crecer siendo felices individualmente y en conjunto respetando las diferencias, y salir al Mundo a compartir y ayudar a los demás desde el amor.

Y para ello tenemos que responsabilizarnos de los cuidados propios, familiares y en la sociedad del siglo XXI, que no son los mismos que en otras épocas.

La Familia es la unidad básica de cuidado y como tal tenemos el poder en nuestras manos para decidir cómo queremos que sea nuestra vida, qué queremos hacer y desde dónde queremos vivir.

Pero para tener éxito en este camino debemos de ser conscientes del Arte de Cuidar. Y para ello tenemos que organizar nuestro:
– Tiempo. Planifiquemos los días.
– Dinero. Economía deriva del griego “okomos”, siendo “oikos” el hogar y todo el contenido de la casa y “nomos” su administración.
– Salud. Hagámonos responsables de nuestra salud mental, física y emocional.
– Paz. El control y el orden nos ayudan al Equilibrio.
– Sabiduría. Aprendizaje continuo y experiencia para compartir.
– Ecología. Alimentación consciente y terapias no invasivas.

Nuestro vida la creamos nosotros mismos y si buscamos una vida estable es importante cuidarnos: con una alimentación saludable: nutramos nuestros 2 cerebros y hagamos descansos digestivos; no consumiendo sustancias tóxicas; moviéndonos de forma consciente, con un ejercicio beneficioso para la salud a largo plazo; bienestar emocional a través de una actitud positiva; descanso suficiente; respiración consciente; contacto con la naturaleza: pasear, tomar el sol, etc.; y Equilibrio a través de la meditación, agradecimiento, oración…

Independientemente de nuestras circunstancias vitales, todos podemos mejorar nuestra calidad de vida, si somos conscientes de lo que es verdaderamente importante: cuidarnos desde el amor mutuo.

Cuidémonos, cuidemos a los demás y dejémonos cuidar.

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LA EXPERIENCIA DEL SER CUIDADO

Lo que yo quiero expresar en este escrito es la importancia que tiene salir de la coraza, quitarse la máscara y aceptar que los otros nos vean tal y como somos: seres humanos imperfectamente perfectos.

Hay personas que, por endurecimiento de su carácter o por experiencias de la vida, no se dejan cuidar. Estas personas consideran que pueden hacerlo todo solas, que no necesitan a nadie y que son su propio hombro sobre el que llorar, si es que necesitan alguno, lo cual no quieren admitir.

A esas personas, en caso de que no hayan hecho un gran trabajo de autoconocimiento y crecimiento personal, les cuesta permitirse ser cuidadas. Por eso nunca serán cuidadoras conscientes, porque creen que nos tienen que cuidar a los demás sin cuidarse ellas. Y todos somos a diario cuidados y cuidadores.

La relación que hay entre la persona cuidada y su cuidador debe ser una relación consciente, desde la fragilidad de una de las partes, dependiendo del día. Fragilidad física, pero también, en algunos casos, psicológica, emocional y a veces espiritual.

Pero el término frágil ha acabado teniendo unas connotaciones muy negativas, que le han dado esas personas que no se quieren dejar cuidar.

La fragilidad simplemente es una situación positiva. Para mi significa apertura, mostrar en verdad quién eres, sin tener que protegerte con falsas identidades para que no te hagan daño. Significa abrir el corazón. De la fragilidad nacen siempre siempre las mejores creaciones y una de ellas, maravillosa, es la relación entre un cuidador y la persona cuidada.

Cuando el ser cuidado abre su corazón con fragilidad, es posible que el cuidador, por reflejo y por espejo, abra su corazón también para responder al amor, que emana de la sencillez que resulta cuando nos salimos del personaje. Por eso sé que existe también el sentido contrario en el viaje.

Si ambos lados de la moneda, el cuidado y el cuidador, abren su corazón al mismo tiempo y se muestran tal y como son, también con momentos frágiles, ahí es donde sucede la auténtica magia.

En los momentos difíciles es cuando se puede ver si ambos nos permitimos ser quienes somos, nosotros mismos.

La sinceridad también es importante en una relación de cuidador y cuidado. La persona cuidada, cuando comunica de una forma u otra cuántas atenciones necesita y de qué clase, en qué tiempos y con qué estado de ánimo, está siendo sincera. La persona que cuida, cuando ama al ser cuidado y expresa con caricias, con abrazos, con atenciones o con palabras cuanto tiene para darle, está siendo sincera.

En caso de que uno de los dos no lo logre comprender desde el corazón y solo lo haga desde la mente, algo no está siendo sincero.

Una persona, cuando es cuidada de un modo positivo, pleno y desde el absoluto amor, siente ese amor y esas atenciones muy hondo dentro de su alma; y las multiplica, enviándole al cuidador muchísimo más amor en respuesta.

Los seres humanos nunca olvidamos a las personas que nos cuidaron sinceramente, no porque necesitasen demostrar que eran buenas personas o que sintiesen lástima de nosotros, sino porque nos respetaban y admiraban como otra persona tan válida como lo son ellos. Nunca las olvidamos porque eso ha marcado nuestras vidas, quienes somos.

Sentirse cuidado desde el absoluto amor es una experiencia transformadora porque se vuelve algo muy personal.

Para mí la experiencia de ser cuidada se basa en ser comprendida y en ser aceptada. Se basa en que el cuidador comprenda en un nivel profundo aquello que estamos pasando, lo que estamos sintiendo, pensando y lo que necesitamos. Y en la aceptación de entender que nuestras circunstancias son nuestras, pero no somos así por ellas, y que somos un ser humano lleno de amor que también tiene defectos, aparte de la naturaleza de su condición, y virtudes debido a ello.

Ser cuidado es ser amado y es amar, es ser comprendido y es comprender, es ser aceptado y es aceptar.

Cuidar y ser cuidado es vivir.

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SER CUIDADORA CUIDADA

Los cuidados son mutuos entre los seres humanos.

Todos necesitamos cuidar y que nos cuiden. Por eso tenemos que ser conscientes de que cuando elegimos SER para cuidar, al mismo tiempo tenemos que SER para recibir cuidados: cuidarnos a nosotras mismas y dejar que nos cuiden. Seamos conscientes de que todos nacemos con necesidades de cuidado y todos somos capaces de cuidar.

Un buen día nuestras vidas tomaron un rumbo totalmente diferente cuando, de repente, nos hemos convertido sin esperarlo en cuidadoras a jornada completa: 24 horas, 365 días al año. Nuestras circunstancias vitales han dado un giro inesperado de un día para otro, sin manual de instrucciones y en compañía de nuestro SER amado. Reflexionemos. Ninguno de nosotros estamos libres de estar en uno u otro lado. Por eso TODOS debemos apoyar las necesidades vitales de las CUIDADORAS.

Cuidamos desde el amor infinito, aunque muchas veces, cuando se dan circunstancias especiales, nos alejamos, sin querer, de ese cuidado consciente y natural, y nos vemos sumergidas en el sufrimiento, al compartir con quien cuidamos situaciones difíciles. Por eso debemos a ser cuidadas al mismo tiempo que los cuidamos.

Las cuidadoras ayudamos y colaboramos más allá de lo físico. Damos el apoyo necesario para que el ser cuidado sea sí mismo, en su propia especificidad y singularidad, manteniendo su integridad independiente de su condición. De ahí la importancia de cuidar desde la esencia. Pero no nos olvidemos nunca de nosotras mismas.

No dejarnos cuidar y poner las necesidades de los demás siempre por delante de las nuestras es uno de los mayores problemas en estas circunstancias.

Cuando amamos, cuidamos, y cuando cuidamos, amamos. El cuidado forma parte del ethos, el modo de SER esencial del ser humano. Por eso el ethos que ama se completa con el ethos que cuida.

El proceso de cuidado no solo es el estar con, sino también el SER con, desde el respeto, la consideración, la gentileza, la atención, el amor, la solidaridad, la compasión… entre dos personas y mutuamente.

SER cuidada y SER cuidadora supone una relación íntima, amorosa y generosa entre dos seres.

Queremos unirnos durante toda esta semana a la celebración dedicada al cuidado y a las cuidadoras.

Any me cuida y yo la cuido a ella, y caminamos juntas. Y si necesitamos que nos ayuden lo pedimos y si nos quieren ayudar desde el amor, bienvenida sea la ayuda.

Gracias Papá por SER y ESTAR para cuidarnos a las dos.

Y gracias infinitas a todos los que nos ayudáis día a día.

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