“Yo no estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero me pelearía para que usted pudiera decirlo”. Voltaire.
Somos unas apasionadas de la libertad en todos los sentidos. Nos gusta disponer de nuestro tiempo para hacer lo que queremos, cosas que nos encantan como: leer, aprender, perdernos en la Naturaleza, meditar, volar… Nunca nos ponemos límites. Para nosotras los límites están en la mente de cada uno y en el que observa, que emite juicios de valor.
Nada ni nadie puede impedir que seamos libres, lo cual no quiere decir que sea fácil, requiere de mucho trabajo aprender a volar como las Hadas mientras mantenemos los pies en la Tierra.
Quizás fueron las famosas “Ciudades” de Platón las que nos recortaron las libertades en favor de la ética, la política o las jerarquías de un ser humano que quiso vivir en sociedad. Visualicemos un niño que comienza a andar. Si lo dejamos solo en mitad de una plaza, no se acercará al que más dinero tiene, o más belleza, o más poder, sino al que más amor necesita. Ese niño, es totalmente libre. Ese es nuestro concepto de libertad, libertad del corazón, libertad para ayudarnos los unos a los otros, libertad para vivir.
Aprendizaje: Cuidemos de nuestra libertad para poder seguir eligiendo nuestro estilo de vida y así tener tiempo y energía para ayudar a los demás.
“El momento dulce es permanente en la medida en que uno hace lo que quiere.“ Julio Anguita.
Como Madre Especial he evolucionado a lo largo de mi vida con los cambios, las crisis y las elecciones entre alternativas.
Hoy en día lo que busco es recorrer cómodamente el camino, ayudando siempre que pueda a los demás, pero sin perder la energía vital que necesito para continuar. El viaje es largo y necesito crecer para crear.
Si no soy capaz de aplicar la conciencia plena habitualmente, si mis emociones se descontrolan en vez de permanecer lo máximo posible en un estado de neutralidad, si me afecta algo más de lo que yo deseo, es que aún me queda mucho camino para aprender. No hay prisa.
Si todavía me siento más cerca de unas posturas y más lejos de otras, si todavía parece que tengo una especie de contabilidad emocional entre dar y recibir y si por momentos pierdo el equilibrio, o no tengo una comprensión objetiva de lo que pasa, es que todavía me queda mucho por aprender. Simplemente estoy en el camino.
Seguiré aprendiendo y trabajando duro mientras vivo conmigo misma, con mi familia, con los demás, en equipo, intentando ser neutral ante las circunstancias y sabiendo que si me rodeo de relaciones sanas de cualquier tipo, siempre será más fácil para mí, en este momento, estar en equilibrio.
Soy consciente de que si todavía entro en conflictos, luchar no es lo que necesito (aunque me lo permita), así que simplemente será un indicador de que todavía no estoy preparada para afrontarlos, y necesariamente seguiré aprendiendo.
Por eso busco vivir en libertad, para elegir dónde, cómo y con quién me siento más cómoda en cada momento de mi crecimiento. No todos compartimos gustos, aficiones, sensibilidades, deseos… y aunque me encante estar y ayudar a los demás, muchas veces la que necesita más ayuda soy yo.
Así que me seguiré observando, y si me paralizo por el conflicto es que no he aprendido lo suficiente. Entonces seguiré optando por el camino de las relaciones sanas que me ayuden a estar en paz y feliz, construyendo una vida placentera para poder avanzar y así no estancarme en una lucha continua contra el Mundo.
Si algo me puede, es que todavía no estoy preparada para avanzar. Así que seguiré mi camino mientras me ayudo a mi misma y a los demás a demostrar que sí se puede ser felices independientemente de las circunstancias… ¡Y que la vida misma me ponga las dificultades necesarias para crecer sin buscar yo más problemas!
Aprendizaje: Respeto y compasión para poder ayudar a los demás, y trabajo para hacer mi camino lo más cómodo posible.
“El ser humano es un ser extraño porque: nacer no pide, vivir no sabe y morir no quiere”. Facundo Cabral.
No quiero renegar de lo que soy, y el ego forma parte de lo que soy. Lo que nosotras hemos decidido es elegir cómo nos relacionamos con nosotras mismas, y por lo tanto con nuestro ego.
De ahí la importancia que le damos, Any y yo, a una vida consciente. Sabemos que cuando somos controladas por el condicionamiento de nuestro ego inconsciente, en algún tipo de relación con algo que nos rodea, es porque no queremos asumir una verdad que está ahí para ayudarnos a crecer (aunque a veces parezca a priori “negativa”).
Vencer el ego es simplemente admitir los errores y hacerse a un lado sin quedarse atascada persiguiendo la gratificación prometida o deseada (que no soñada) y centrándonos en proyectos que por desgracia al final son humo.
Lo que quiere el ego es sentirse bien en todo momento y además no le importa el trabajo duro e ingrato que se necesite para lograr las grandes metas que se proponga.
Controlar al inconsciente, a nuestro ego condicionado por la cultura, religión, educación, etc. supone simplemente cuestionarnos qué está pasando a nuestro alrededor y verlo de una forma neutra.
Por eso para nosotras el primer paso para convivir felizmente con nuestro ego es hacernos conscientes de cómo nos afecta nuestra relación condicionada con el Mundo. Por ejemplo, según estemos en este momento más o menos susceptibles a la adulación tomaremos unas u otras decisiones más o menos precipitadas según los “pensa-mientos” (pensar es mentir) que nuestra mente realiza según nuestros intereses o creencias.
Si mi ego es avaricioso, por ejemplo, y está hambriento, los demás pueden manejarme para sus propios fines. De ahí la importancia que Any y yo damos a conocernos a nosotras mismas.
Somos conscientes de que nuestro ego nos puede distraer de las prioridades: puede llevarnos a quedarnos cuando debemos irnos; puede hacernos permanecer en condiciones insostenibles porque quiere probar que podemos navegar a través de tiempos difíciles o saltar de un problema a otro, con la esperanza de finalmente sentir que hemos vencido o compararnos con los demás; etc.
Sólo si se vive desde el amor, se domina el ego.
Entonces cada día es gratificante, satisfactorio y feliz independientemente de las circunstancias.
Aprendizaje: Dejemos el ego a un lado y demos todo desde el corazón, para no caer en nuestra propia trampa.
Antes que nosotras, cientos de madres luchadoras , con su esfuerzo, han participado en el cambio del Mundo. Ahora nos toca a nosotras, las Madres del siglo XXI, seguir transformándolo para ayudar a las generaciones venideras.
Para ello yo elijo hacerlo desde la paz, siendo coherente con mis valores, principios y dones. Comprometida conmigo misma, creando conciencia a través de mis actos, pensamientos, sentimientos y palabras, y con todas las otras Madres, nuestros hijos y seres humanos.
Estamos en la era de la transformación, también de las Madres: de “guerreras” a “magas”. Por ello aprecio el calor del ser humano, al mismo tiempo que reconozco la “magia”, de quien “ha dado luz” al Mundo.
Es hora de dejar las luchas y empezar a tener control, a sacar al mundo nuestra sabiduría y templanza y así crear a través de la luz y desde la paz, como alquimistas que somos, un nuevo estilo de vida feliz a través de compartir nuestros conocimientos, energías, experiencias, etc. como hicieron nuestras Madres, además de utilizar las herramientas que actualmente nos ofrece la tecnología.
Es hora de cambiar el Mundo. Pasemos del esfuerzo al manejo correcto de la información y la experiencia propia y de otras Madres, siempre desde el amor, potenciando al máximo nuestras capacidades. Pasemos de avanzar desde la ira, a crecer desde el amor. Podemos optimizar todos los resultados sin esfuerzo, físico o mental, desde la sabiduría y la práctica.
Fomentemos el control emocional desde la sutileza que proporciona el libre albedrío y seamos más saludables en todos los sentidos: físico, mental, espiritual y emocional, mostrándonos como el ejemplo que queremos ver en el mundo. Contagiémonos emociones saludables y rodeémonos de personas que nos ayuden a compartir nuestras habilidades, para experimentar sensaciones de bienestar que nos acompañen en el camino.
Somos Madres y debemos de poner nuestras habilidades, virtudes y dones al servicio de las nuevas generaciones, que hemos alumbrado, para tener todos una vida feliz. ¡Sí se puede! Seamos un ejemplo para nuestros hijos. Que sepan que todo ser humano es libre para sacar a la luz sus dones y ayudar a la evolución del Mundo y a la transformación del Ser Humano.
Felices, enérgicas y positivas, respetemos nuestros miedos y los de otras Madres, observando la vida desde el lado de la bondad, la compasión, la empatía, el amor, etc.
Es hora de escuchar, reflexionar y decidir, aceptando la realidad como es y tomando acción.
Sabemos que todas somos iguales aunque todas diferentes, y por eso respetando la historia vital de las demás, porque somos conscientes de que ninguna se puede poner en los zapatos de la otra, ayudarnos para ayudar.
Y todo esto no se aprende en ningún sitio, simplemente se trata de ser conscientes de lo que nos enseña día a día la vida, como camino que es.
Intentamos configurar un entorno protector también para una de las nuestras: la Madre Tierra. Rodeémonos de un entorno saludable, natural y ecológico, para respetarnos a nosotras mismas y a los demás.
Vibremos de felicidad, fomentemos la paz, compartamos belleza, y cultivemos la salud.
Las Madres del siglo XXI tenemos un gran poder: podemos buscar información y soluciones coherentes entre la naturaleza, la ciencia y la tecnología; podemos aprender de varias fuentes para cuidar nuestros cuerpos: físico, mental, espiritual y emocional y el de las personas que nos rodean; y conocemos cómo crear momentos de profunda felicidad y satisfacción ayudando a cambiar la lucha por el amor.
Amor, paz, salud y felicidad, esas son nuestras armas.
Aprendizaje: Dejemos de “Ser Madres Guerreras”, que sufren, y pasemos a “Ser Madres Magas”, creadoras de nuestra vida por un bien común.