“El momento dulce es permanente en la medida en que uno hace lo que quiere.“ Julio Anguita.
Como humanos evolucionamos a lo largo de nuestras vidas con los cambios, las crisis y las elecciones entre alternativas.
Busquemos hacer cómodamente el camino para no perder la energía vital que necesitamos para continuar.
Si no somos capaces de aplicar la conciencia plena a todo y las emociones nos acompañan y su control o un estado de neutralidad completo sobre lo que nos afecta aún no es posible, no hay prisa, nos queda camino para aprender. Si todavía nos sentimos más cerca de unas posturas y más lejos de otras, si todavía parecemos tener una especie de contabilidad emocional entre lo que damos y recibimos y si no tenemos un equilibrio, o al menos una comprensión de lo que pasa y nuestras emociones se descontrolan, todavía nos queda camino por hacer.
Trabajemos duro para aprender a viajar con nosotros mismos, en equipo, etc. y poder ser neutros ante las circunstancias sabiendo que las relaciones sanas buscan el equilibrio.
Por el contrario, el conflicto nos indica que ese no es el camino o la compañía que necesitamos en este momento. Por eso tenemos que vivir en libertad, para elegir por donde y con quien nos sentimos más cómodos para nuestro crecimiento. No todos compartimos gustos, aficiones, sensibilidades, deseos… Y si nos paralizamos por el conflicto, es que no hemos aprendido aún lo suficiente.
Mientras seguimos trabajando, es más fácil optar por el camino de las relaciones sanas que nos ayuden a estar en paz y felices y así ir construyendo una vida placentera, que nos ayude a avanzar y no nos estancaremos en una lucha continua contra el Mundo. Y que la vida misma nos ponga las dificultades que necesitemos sin buscar nosotros más problemas.
Respeto y compasión ante el viaje de los demás, y trabajo para hacer el nuestro lo más cómodo posible.