SER FELICES A PESAR DE LAS CIRCUNSTANCIAS

“Cada vida y experiencia personal es un microuniverso“. Richard Buckminster Fuller

Muchos piensan que aceptar la vida como viene es sinónimo de pasividad y resignación.

Nosotras lo hemos visto siempre como el primer paso del cambio y por lo tanto el primer paso en nuestro propio camino de la felicidad.

Si queremos cambiar algo que no nos gusta, primero aceptamos que existe una situación que queremos mejorar y tomamos acción para mejorarla.

Negar la realidad o conformarse con lo que hay, no es nuestro estilo, ya que implica parálisis y bloqueo en situaciones que nos pueden generar malestar y todavía nos queda muchísimo por vivir, aprender y mejorar.

Para poder ser felices nosotras empezamos siempre por aprender a aceptar todo lo que nos ocurre y luego decidimos conscientemente qué podemos hacer.

Hay situaciones que podemos cambiar o mejorar y otras sobre las que prácticamente no tenemos ningún control. En este caso lo que hacemos es cambiar nuestra actitud.

Asumir una condición vital compleja, por ejemplo, parte de que hay cosas que no nos agradan en el día a día, pero aún así lidiamos con ellas y seguimos adelante sumando positivos.

Nosotras trabajamos a diario para ser felices a pesar de las circunstancias, porque hacemos que las cosas positivas pasen, y que pesen más que las negativas, siendo nosotras las actrices principales de nuestra propia vida, tomando el control y buscando siempre un plus de “buenrollismo”, conocimientos y amor .

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EL CAMINO DE LA EVASIÓN

Es el camino más peligroso.

Admitir la adversidad es difícil. Por eso elegimos muchas veces retardar, evadir u ocultar los problemas. Pero tarde o temprano terminarán alcanzándonos, esta vez por sorpresa, cuando menos lo esperemos, si no lo afrontamos de forma valiente lo antes posible y nos molestamos en conocer las herramientas para hacerles frente y reponernos cuanto antes.

Para eso tenemos la memoria. Nos recuerda nuestras experiencias pasadas y nos iluminan el camino presente.

Si nos refugiamos en la evasión, y no afrontamos los nuevos retos y aprendemos de nuestras experiencias pasadas y de las experiencias de los demás, nos alejaremos de nuestra capacidad para crear nuevas alternativas e intentar aportar una luz de esperanza para que otra situación vital sea posible.

Hoy en día elegimos, a veces sin darnos cuenta, un estilo de vida en el que estamos anestesiados. Miramos hacia otro lado para alejarnos del dolor, viviendo como si fuéramos autómatas, buscando continuamente nuevas experiencias cada vez más intensas y al límite, que le den un sentido a nuestra vida y nos alejen de la cotidianidad.

El problema es que, al intentar protegernos del sufrimiento, caemos en lo que pretendemos evitar y nos causamos un dolor más profundo al evadirnos de nuestras responsabilidades reales y de la toma de decisiones presentes.

Dejemos de pensar en términos antagónicos, bueno o malo, positivo o negativo. Ese es la base del sufrimiento. Flexibilicemos nuestros pensamientos y abramos nuestro corazón a las posibilidades.

Pensemos en el famoso yin y yang. No son antagonistas sino dos fuerzas complementarias que se necesitan mutuamente. Todas las experiencias encierran una parte positiva y otra negativa. Somos nosotros quienes le damos más importancia a una u otra.

Por evadirnos no va a mejorar nada, simplemente caminaremos por el sufrimiento de ese momento.

Incluso las experiencias aparentemente negativas encierran siempre una oportunidad o una enseñanza que puede convertirnos en personas más sabias o resilientes.

Tomemos el toro por los cuernos y afrontemos las posibilidades cuando pasen por nuestra puerta. Retrasar las decisiones solo nos genera más sufrimiento y no soluciones.

Seamos nosotros los dueños de nuestra vida y no nos pongamos excusas vacías para evadirnos del esfuerzo y trabajo que supone un avance en el camino.

Crecer consiste en afrontar la vida, no en evadirnos de los problemas.

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RODEADOS DE ESPEJOS

Todos somos energía, distintos pero iguales. Todos somos una versión de otros. Y al mismo tiempo todo es lo mismo.

Por eso somos espejos de los demás y a la vez debemos aprender a vernos en el reflejo de las demás personas.

A través del espejo que nos hace otro descubrimos nuestro “yo”.

Todo lo que vemos a nuestro alrededor es una expresión de nosotros mismos.

Tanto aquellos a quienes amamos como aquellos por quienes sentimos rechazo, son espejos para nosotros.

Nos sentimos bien con las personas que tienen características similares a las nuestras y sentimos rechazo hacia las personas que nos reflejan las características que negamos en nosotros. Si sentimos una fuerte reacción negativa hacia alguien, podemos estar seguros de que tenemos características en común, características que no estamos dispuestos a aceptar. Si las aceptáramos, no nos molestarían.

Gastamos gran parte de nuestras vidas negando este lado oscuro sin darnos cuenta de que terminamos proyectando esas características oscuras, que son también nuestras, en quienes nos rodean.

Cuando estamos dispuestos a aceptar los lados luminosos y oscuros, podemos empezar el camino. Cuando aceptamos esos distintos aspectos de nuestro ser, nos hacemos más conscientes de que todos somos uno y todos somos iguales.

Observemos que las características que distinguimos más claramente en los demás siempre están presentes en nosotros.

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YA SALE EL SOL

Las emociones nos guían hacia aquello que nos conviene, y para nosotras el SOL es la más generosa fuente de energía. El SOL nos da esa maravillosa sensación agradable, buena para nosotras.

Todo lo que nos resulta placentero no es necesariamente adecuado para nuestro bienestar pero comer adecuadamente, beber agua saludable, respirar aire suficientemente puro, dar y recibir afecto, tomar el sol, son aspectos básicos que a nosotras nos hacen sentirnos bien y a la vez nos producen placer.

Todo el mundo deseamos sentirnos bien, buscamos la plenitud y aquello que nos la proporciona. Pero no todo el mudo lo encuentra en las mismas cosas. Aveces en la simpleza, se encuentran los mayores placeres de la vida, aunque no lo apreciemos y nos conformemos con cosas materiales.

Llamémoslo equilibrio cuerpo-mente-emociones, la sabiduría del camino medio, la ausencia de inquietud, “by happy” o como cada uno queramos.

El camino de la FELICIDAD se compone de muchas cosas, y la mayoría no se pueden comprar.

Reflexionemos sobre cómo ver en las cosas sencillas lo qué necesitamos para sentirnos felices: dejando que la propia felicidad nos encuentre; simplificando nuestras vidas, redescubriendo las cosas sencillas del día a día; no parándonos ni los buenos ni los malos momentos, viviéndolos cuando llegan, aceptándolos; evitando los juicios hacia nosotros mismos y hacia los demás; compartiendo lo que somos y trabajando los diferentes aspectos de nosotros mismos; si necesitamos ayuda, pidiéndola y si nos piden ayuda, dándola; o regalándonos un capricho de tanto en tanto, así, sin más ni más, con el amor como abrigo.

La felicidad está más cerca de lo que pensamos. Por ejemplo…tras el viento que se lleva las nubes.

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ILUMINANDO LA MENTE DESDE EL CORAZÓN

Nuestros pensamientos a menudo no son ni nuestros (son los de alguien que nos ha contado algo, los de un medio de comunicación, una red social, etc.) Y sin darnos cuenta gobiernan nuestra vida diaria.

Es nuestra experiencia y no la mente la que debe crear nuestra realidad. Solamente la experiencia tiene la información adecuada para generar un pensamiento correcto sobre como nos afecta la vida.

La falsa memoria, la imaginación incontrolada, la interpretación, la reacción desmedida… a menudo añaden sufrimiento a unas vidas pensadas y no vividas, no experimentadas. Incluso si no tenemos en un momento dado dificultades reales, nuestros pensamientos pueden llegar a crear dificultades imaginarias si los dejamos, y luego tenemos que buscar soluciones también imaginarias creándonos nosotros mismos un embrollo irreal que acaba con nuestras energías para experimentar la verdad.

Pero la misma mente que encadena es la que libera, la misma mente que ata es la que desata, la misma mente que somete es la que nos da alas de libertad.

En eso consiste el camino. En aprender poco a poco a sanear, modificar, cuidar, estabilizar y equilibrar la mente.

Y para ello tenemos que hacer un trabajo que requiere de nuestra atención y voluntad, de un entendimiento correcto y de hacer un examen interior de las propias creencias y experiencias.

Si no se estabiliza y sanea, nuestros pensamientos serán como un juego de espejos distorsionantes que nos confunde y desconcierta. Para poder ver con claridad hay que ser conscientes de aquellos pensamientos que nos impiden ver las cosas como son.

No se trata de mirar lo que pasa a nuestro alrededor y repetirlo como dogma de fe, sino de ver y vivir nuestra vida y no la de los demás y aprender a andar el camino: experimentando, equivocándonos, levantándonos, siendo sinceros con nosotros mismos, valientes, conscientes, únicos e irrepetibles.

Miramos lo que queremos o tememos ver o lo que nos han dicho que debemos mirar. Unas veces nos asaltan los recuerdos y se apoderan de nosotros. Otras, la imaginación se desencadena y enturbia la consciencia. Otras interpretamos lo que no es o reaccionamos desmesuradamente. Y otras simplemente vivimos desde el ego.

Iluminemos nuestro corazón para VER y que sea la luz de nuestra mente.

Aprendamos a controlar los pensamientos: observarlos sin que nos afecten, cortarlos en su raíz, ignorarlos y seguir con lo que estamos haciendo, o combatir los insanos mediante el desarrollo de los sanos.

Estar más atentos, ser conscientes y ecuánimes en la vida cotidiana, nos ayudará a pasar de mirar, a ver.

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